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Autor: Enrique Sueiro | Fuente: Arvo.net Anatomía del enfado y control emocional
Enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, no resulta tan sencillo
Anatomía del enfado y control emocional
Estoy enfadado. Mucho. Esta circunstancia típicamente desaconseja hacer nada
que puede repercutir en otras personas, como escribir un artículo.
Sin embargo, continúo. Apenas he redactado un párrafo y ya
me doy cuenta de que no es para tanto... aunque
sigo enfadado. Bastante.
Aristóteles (Ética a Nicómaco) lo bordaba: "Cualquiera
puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con
la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento
oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso,
ciertamente, no resulta tan sencillo".
Difícil encuadrar todo lo que
rodea a un enfado y, una vez más, escribir este
artículo resulta muchísimo más fácil que practicar su contenido. Aun
así, existen principios que pueden ayudar de alguna manera a
alguien en algún momento. Lo mejor que he leído -y
contrastado con la realidad- se encuentra en la obra más
conocida de Daniel Goleman (Inteligencia emocional). Con base en las
competencias de la inteligencia emocional referidas por el psicólogo de
Harvard Peter Salovey, Goleman aporta casos reales y explicaciones asequibles
de neurología. El autor glosa y desarrolla este modelo conceptual
en 5 pasos.
1. CONOCER LAS PROPIAS EMOCIONES
"El conocimiento de
uno mismo, es decir, la capacidad de reconocer un sentimiento
en el mismo momento en que aparece, constituye la piedra
angular de la inteligencia emocional (...). La incapacidad de percibir
nuestros sentimientos nos deja completamente a su merced. Las personas
que tienen una mayor certeza de sus emociones suelen dirigir
mejor sus vidas, ya que tienen un conocimiento seguro de
cuáles son sus sentimientos reales, por ejemplo, a la hora
de decidir con quién casarse o qué profesión elegir". Lógicamente,
la habilidad emocional no reduce sus consecuencias a esas elecciones
de repercusión vital. Discernir las propias emociones y el grado
en que nos afectan tiene trascendencia cotidiana.
Nos conviene mucho
saber qué personas y qué situaciones nos producen alegría, tristeza,
ansiedad, entusiasmo, etc. En el caso del enfado, puede suceder
que sepamos de antemano que acudir a cierto lugar o
encontrarnos con determinada persona alterarán negativamente nuestro estado anímico. Por
tanto, saberlo es el primer paso... que no siempre damos.
2. CONTROLAR LAS PROPIAS EMOCIONES
"La conciencia de uno mismo
es una habilidad básica que nos permite controlar nuestros sentimientos
y adecuarlos al momento". Sobra decir lo relevante que esta
capacidad puede resultar frente a los enfados. "Las personas que
carecen de esta habilidad tienen que batallar constantemente con las
tensiones desagradables, mientras que, por el contrario, quienes destacan en
el ejercicio de esta capacidad se recuperan mucho más rápidamente
de los reveses y contratiempos de la vida".
Cada uno
controla y ritualiza sus emociones como puede. Cuatro casos: el
que se santigua antes de entrar en el despacho de
su superior, la que silencia el pisar de sus tacones
cuando camina en el círculo auditivo de su jefe, el
que cuenta hasta 20 antes de responder a una pregunta
envenenada y la que reposa horas o días en la
carpeta de borradores un e-mail antes de enviar un mensaje
más eléctrico que electrónico.
3. AUTOMOTIVARSE
"El control de la
vida emocional y su subordinación a un objetivo resulta esencial
para espolear y mantener la atención, la motivación y la
creatividad. El autocontrol emocional -la capacidad de demorar la gratificación
y sofocar la impulsividad- constituye un imponderable que subyace a
todo logro (...). Las personas que tienen esta habilidad suelen
ser más productivas y eficaces en todas las empresas que
acometen".
Para automotivarse, equidistancia entre el optimismo ingenuo, que ni
recuerda el pasado ni prevé el futuro, y el pesimismo
desesperanzado, que ciega toda posible mejora.
4. RECONOCER LAS EMOCIONES
AJENAS
Daniel Goleman recuerda que la empatía -capacidad de ponerse
en el lugar de los demás- se apoya en la
conciencia emocional de uno mismo y constituye la "habilidad popular"
fundamental. "Las personas empáticas suelen sintonizar con las señales sociales
sutiles que indican qué necesitan o que quieren los demás
y esta capacidad las hace más aptas para el desempeño
de vocaciones tales como las profesiones sanitarias, la docencia, las
ventas y la dirección de empresas".
Esta habilidad facilita comprender
-no necesariamente justificar- comportamientos, decisiones y modos ajenos que nos
contrarían... y provocan nuestros enfados. Según la función que desempeñemos
con respecto a otras personas en la familia o en
el trabajo, la empatía nos brindará un poder notable para
armonizar, conciliar, inspirar confianza y aglutinar voluntades.
5. CONTROLAR LAS
RELACIONES
El autor asegura que "el arte de las relaciones se
basa, en buena medida, en la habilidad para relacionarnos adecuadamente
con las emociones ajenas (...). Éstas son las habilidades que
subyacen en la popularidad, el liderazgo y la eficacia interpersonal.
Las personas que sobresalen en este tipo de habilidades suelen
ser auténticas "estrellas" que tienen éxito en todas las actividades
vinculadas a la relación interpersonal".
Leídos los 5 puntos anteriores,
sigo enfadado, pero empiezo a plantearme que no merece la
pena. "El enfado es la más seductora de las emociones
negativas porque el monólogo interno que lo alimenta proporciona argumentos
convincentes para justificar el hecho de poder descargarlos sobre alguien.
A diferencia de lo que ocurre en el caso de
la melancolía, el enfado resulta energizante e incluso euforizante", sobre
todo, en quienes fluye sangre por las venas en lugar
de horchata.
Por consiguiente, conviene desactivar esa conversación con uno
mismo. Un remedio, "volver a encuadrar la situación en un
marco más positivo". De lo contrario, es fácil que se
encadenen sucesiva y exponencialmente enfado, rabia, ansiedad, estrés, violencia... O
sea, de mal en peor. Esto es lo que ocurre
cuando descargamos un enfado previo con alguien ajeno a la
situación. Con frecuencia el entorno familiar sufre los efectos de
las crisis laborales y viceversa.
"El primer modo de restar
fuerza al enfado consiste en prestar la máxima atención y
darnos cuenta de los pensamientos que desencadenan la primera descarga
de enojo (esta evaluación original confirma y alienta la primera
explosión, mientras que las siguientes sólo sirven para avivar las
llamas ya encendidas). El momento del ciclo del enfado en
el que intervengamos resulta sumamente importante porque, cuanto antes lo
hagamos, mejores resultados obtendremos. De hecho, el enfado puede verse
completamente cortocircuitado si, antes de darle expresión, damos con alguna
información que pueda mitigarlo".
Cuenta Antonio Machado (Juan de Mairena)
que un alumno presentó a Mairena un trabajo en cuatro
partes: la primera, contra los que aceptan los banquetes en
su honor, por considerarlos fatuos y engreídos; la segunda, contra
los que declinan el honor de los banquetes, por hipócritas
y falsamente modestos; la tercera, contra los que asisten, por
parásitos del honor ajeno; y la cuarta, contra los que
no asisten, por envidiosos. El maestro preguntó cómo pensaba titular
ese trabajo, a lo que el estudiante propuso: Contra los
banquetes. El profesor sugirió otro más ajustado al ánimo del
joven autor: Contra el género humano, con motivo de los
banquetes.
A veces, parte de la terapia pasa por contar
con un buen amigo consejero. Otras, conviene distanciarse física o,
al menos, mentalmente de la persona causante de nuestro enfado.
Varios expertos coinciden en la sencilla receta de un paseo
para enfriar nuestro microclima caldeado.
Hace 18 párrafos estaba muy
enfadado. Ahora va a ser que no y, además, con
una sonrisa. A ver si me dura.
Enrique Sueiro Profesor asociado
de Comunicación Universidad de Navarra
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