La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net La "heteroestima"
Podemos poner a trabajar nuestro corazón que está llamado a amar y dejarse amar por los demás
La "heteroestima"
Uno de los males de nuestro mundo, según dicen,
es la falta de autoestima.
A muchos les falta ese sentido
espontáneo de amor a uno mismo, un amor necesario para
conservar y desarrollar cualquier vida humana. Por experiencias del pasado,
por situaciones del presente, por miedos hacia el futuro, muchos
no se sienten capaces de mirar hacia adelante con optimismo,
con seguridad, porque les falta un sano aprecio de sí
mismos.
Podríamos ver el problema desde otro punto vista. ¿No será
que el problema más serio del mundo de hoy no
es la falta de autoestima, sino la falta de “heteroestima”?
El
término no es nuevo, aunque no resulta muy conocido. ¿Qué
entendemos aquí por “heteroestima”?
Podemos darle dos significados. El primero: la
heteroestima sería ese afecto que los otros nos ofrecen y
que es percibido por uno. En este significado se dan
dos elementos importantes: por un lado, el ser amados por
otros; por otro lado, el sentir ese amor ajeno. Lo
primero sin lo segundo no llega a tocar el interior
del propio corazón. Lo segundo sin lo primero puede ser
una simple sugestión o, en casos tristes y reales, un
engaño: creemos que alguien nos quiere cuando lo único que
desea es envolvernos y embaucarnos para fines a veces nada
honestos.
Habría un segundo significado para esta palabra: la heteroestima sería
la capacidad de dar amor, de salir de uno mismo
para entregarse a los demás, para ofrecer las propias energías,
ilusiones, trabajos, sentimientos más profundos, a quienes viven a nuestro
lado, o a quienes se encuentran tal vez muy lejos.
Todo ello es posible desde un amor: un amor que
no está encerrado en uno mismo, un amor que mira
al otro, se preocupa por el otro, pone al otro
en primer lugar, antepuesto a uno mismo.
Quizá el mundo de
hoy sufre no sólo por falta de autoestima, sino, en
muchos casos, por falta de heteroestima. Muchos viven preocupados por
su grado de placer, por su realización personal, por sus
logros. Si no llega ningún reconocimiento de los demás, a
veces nos rodeamos de una no fingida aureola de amor
narcisístico, de un vernos a nosotros mismos como seres llenos
de cualidades y de valores que los demás no han
sabido descubrir. Otras veces el corazón se hunde: el no
sentirse amado por nadie lleva a la soledad, a la
tristeza, al abatimiento. También, a la pérdida de autoestima. Heteroestima
y autoestima están profundamente relacionadas, dependen la una de la
otra.
¿Existe alguna terapia para un mal tan extendido? La heteroestima
aumenta en la medida en que dejamos de pensar en
nosotros mismos y empezamos a darnos a los demás. En
palabras de Jesucristo, en la medida en que amamos al
amigo hasta dar la vida por él.
El mundo será distinto
cuando pongamos a trabajar ese corazón que Dios ha dado
a cada uno. Un corazón fino, capaz de percibir y
de sentir una emoción profunda cuando roza, cuando toca el
amor que otros le ofrecen. Un corazón fuerte, generoso, “hecho”
para darse, para crecer en la medida en que se
centra en los demás y busca servirles, sin límites, sin
egoísmos, sin miedos.
Hoy podemos crecer en heteroestima. Quizá lo más
hermoso será descubrir que toda nuestra vida está bañada, está
tocada, por el amor del Otro, por el amor de
Dios. Desde esa experiencia profunda, desde ese toque magnífico de
una vida que se nos da por amor, empezaremos también
nosotros a “descentrarnos”, a vivir para los otros, a ser
hombres y mujeres plenamente realizados en nuestra humanidad, porque viviremos
a fondo, sin límites, “heteroestimadamente” enamorados.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR