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Hay muchos factores en juego cuando hablamos de una
conciencia deformada. Aquí trataremos solamente algunos:
a. Las máscaras de
la conciencia Se da cuando se tira la toalla en la
lucha por vivir en la verdad. Cuando el hombre consiente
en una divergencia entre lo que es y lo que
aparenta, entre la fachada social y la vida real, entonces
le pone un antifaz a su conciencia. Aquí el problema
es la falta de identidad.
b. Conciencia indelicada Esta es la conciencia
que admite pequeñas transgresiones al deber cotidiano y por falta
de es-fuerzo cumple sus deberes a medias. Vive una vida
incompleta. Es necesario hacer ver a la conciencia la realidad de
su situación. Tanto el bien que puede resultar de un
mayor esfuerzo como el mal que se sigue de su
negligencia.
c. Conciencia adormecida Esta deformación se produce cuando la conciencia ya
no responde a estímulos y no emite juicios acerca de
la maldad o la bondad de los propios actos. Puede
ser por tibieza espiritual, por irreflexión o por insinceridad. Se
apaga toda vibración espiritual o anhelo de superación moral. Los
que viven así excusan fácilmente su conducta con frases como:
"Hay que tomar las cosas con calma", "no hay que
ser exagerado o quisquilloso". En este estado, la conciencia no
reacciona cuando percibe que se obra mal.
d. Conciencia domesticada Es la
conciencia recortada a una medida cómoda. Suaviza todo, sabe encontrar
justificaciones para todas sus faltas. "Estoy muy cansado", "todos lo
hacen", "es de sentido común".
e. Conciencia falsa Es la conciencia que
emite juicios falsos, es decir, juicios que no concuerdan con
la norma objetiva de la ley. Esta conciencia llama bueno
a lo que es malo. Puede o no ser culpable.
En el segundo caso, la persona puede hacer un juicio
moral equivocado y obrar de buena fe creyendo que obra
bien. En ese caso no peca. No obstante, hay que
afirmar que todo hombre tiene el derecho y la obligación
moral de bus-car la verdad, de adherirse a ella y
de ordenar su vida según sus exigencias (cf. Dignitatis humanae,
2). Si la falta de conocimiento de la ley es
querida en sí, entonces la persona es culpable. Como ejemplo,
pueden servir los conductores que por una razón u otra
nunca han aprendido bien las reglas de tráfico.
Hay otros tipos
de deformaciones de conciencia de las que se puede hablar
como la conciencia escrupulosa que exagera el papel de la
ley hasta hacerla opresiva y angustiante o la conciencia laxa
que deja pasar todo con excusas. |