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El gran edificio de la santidad siempre encontrará dificultades,
a veces insoslayables, donde falta la formación humana. Es un
hecho que la gracia de Dios es lo que más
perfecciona al hombre. Pero la gracia no tiene sentido sin
el hombre. Necesita un hombre maduro como tierra fecunda para
que crezca la semilla. Sin esta base, la semilla de
Dios cae en medio de abrojos.
Muchos proyectos de vida y
programas espirituales buenos mueren porque falla el hombre. Se pretende
ser sin poner los medios adecuados, cuando no se llega
a la insensatez de aplicar los contrarios. ¡Cuántas veces después
de un retiro, un momento de reflexión, se proponen unas
metas que acaban muriendo en un cajón de cosas por
hacer! ¡Cuántas personas han llegado a fracasos morales, económicos, familiares,
sabiendo bien lo que debían hacer, pero sin haber puesto
los medios necesarios para realizarlo! Todo esto se debe en
gran parte a la inmadurez.
Además de ser el cementerio de
buenos proyectos, la falta de madurez es causa de inestabilidad
y frustración en la vida. Pues una persona que vive
según las pasiones, según las impresiones del momento, no puede
hacer una opción en la vida sin dejar de replanteársela,
ponerla en duda, traicionarla, muchas veces, perdiendo así tiempo y
energías en una serie de obras emprendidas y nunca terminadas.
Es como aquel artista que destruía toda obra comenzada con
la ilusión de hacer una mejor, siempre insatisfecho y sin
lograr terminar ninguna.
La madurez humana y sus contrarios
Siendo tan importante
la madurez humana, conviene precisar un poco lo que es,
porque el concepto que uno tiene de ella determina mucho
el modo de buscarla. La madurez no es una cualidad
única, sino una virtud formada por muchos y variados aspectos.
Es como una melodía, un tejido de notas, que juntas
dan la armonía que produce en nosotros diversos sentimientos de
alegría, de paz o de nostalgia al escucharla. No se
puede reducir la melodía a una de las notas. Así
la madurez se nos presenta como una gama de actitudes
ante la vida. Recurramos a la descripción de sus manifestaciones
para discernir el mejor modo de entenderla. Si vamos a
describir la madurez, la pregunta ¿qué es la madurez? puede
convertirse en ¿quién es el hombre maduro?
En el documento "Optatam
totius", los Padres del Concilio Vaticano II lo describen con
estas cualidades: estabilidad de espíritu; capacidad para tomar decisiones prudentes;
y rectitud en el modo de juzgar sobre los acontecimientos
y los hombres (cf. 10).
Difícilmente se puede dar una mejor
descripción de la madurez humana. Comprende todos los conceptos involucrados
en el término "madurez". Sin embargo, si todavía parece genérica,
podemos concretarla analizando algunas de la cualidades más destacadas de
una persona madura. Pero primero, veamos una opinión que se
suele dar acerca de lo que es la madurez humana.
Para
algunos, la madurez consiste en llegar a una edad en
la que se puede hacer todo lo se quiera, sin
límite. Tal es el caso de aquella universidad de Londres
que ofrece gratuitamente a los nuevos alumnos una copia de
un libro llamado "All the questions I always wanted to
ask, but was afraid to ask" ("Todas las preguntas que
siempre quise hacer, pero tuve miedo de hacerlas"). Detrás de
este título misterioso, se encuentran una serie de ayudas prácticas
para el joven que está viviendo fuera de casa por
primera vez, es decir, ya "maduro", sobre cómo moverse mejor
en la vida. Entre otras cosas, el libro ofrece información
de cómo usar y dónde encontrar contraceptivos, dónde se encuentran
los clubes homosexuales, cómo conseguir dinero para el aborto y
mucho más. En muchos países, a veces sucede que, llegada
cierta edad, el joven es considerado automáticamente "maduro", lo cual
implica el derecho a consumir bebidas alcohólicas y frecuentar ciertos
lugares reservados para personas "maduras". El error fundamental, podemos decir,
en estos casos, es una concepción unilateral de la madurez.
Quienes así piensan se preocupan más de lo que se
puede hacer que del por qué hacerlo. Ser maduro es
mucho más que poder realizar ciertos actos considerados maduros. En
realidad, lo importante es que el joven que llega a
esta edad sepa no solamente lo que puede hacer, sino
por qué y en función de qué puede hacerlo.
El
uso de las cosas tiene que estar determinado por un
fin que el mismo hombre pone y no viceversa. El
hombre no toma cualquier carretera por el mero hecho de
tener un coche. Para saber qué carretera tomar, es preciso
tener una idea de dónde quiere ir. Por eso, es
necesario que el joven tenga un claro objetivo de lo
que se pretende en la vida, lo cual determinará el
uso de los medios que tiene. |