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Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net Carta a quien busca un camino verdadero
Es más hermoso caminar cuando hay alguien que nos acompaña, que nos comprende, que nos escucha
Carta a quien busca un camino verdadero
Me da mucho gusto poder hablar largo y tendido contigo
sobre la verdad. Creo que el tema nos interesa a
los dos. Las respuestas a las preguntas que vamos haciendo
no son algo trivial ni irrelevante: según se responda habrá
que tomar distintos comportamientos en la vida.
Te escribo con
mucha confianza, y, sobre todo, con amor: amor de amigo,
porque queremos encontrar la verdad y ayudar a los demás
a encontrarla.
Voy a intentar seguir un orden, aunque normalmente
soy un poco revuelto. Lo primero es una pregunta que
me viene espontáneamente: ¿para qué hacerse preguntas? Yo creo en
unas verdades, puede ser que tú las aceptes o no,
y muchos otros tienen otras opiniones distintas. ¿Vale la pena
preguntarse por qué yo pienso A mientras otros piensan B?
¿No será mejor no hacer preguntas, y dejar que cada
uno siga el camino que le sugiera su conciencia?
A
veces parece que estoy perdido, en medio de un bosque
tupido, con muchos caminos que se entrecruzan delante de mí,
y con una dirección que he escogido al azar; mientras
avanzo, veo a unos y a otros que van por
distintos caminos, felices o tristes, seguros y dudosos, pero caminan.
Yo sigo otro camino. Hay unos versos de Machado que
dicen así:
Yo voy soñando caminos de la tarde; las
colinas doradas, los verdes pinos, las polvorientas encinas. ¿A dónde
el camino irá? Yo voy cantando, viajero, a lo largo
del sendero: la tarde cayendo está.
“¿A dónde el camino
irá?” ¡Pero si ya estoy caminando! Quizá lo importante es
caminar, cada uno según lo que piense sea mejor. Si
éste cree que es bueno el camino de la honradez
y del sacrificio, habrá que dejarle en paz. Si el
otro vive feliz como un hombre que va todos los
días a misa, ¿para qué molestarle? ¡Fíjate en aquel! Es
un hombre que gasta todo su dinero en emborracharse y
en apostar con los amigos, mientras en su casa su
esposa tiene que trabajar y sacrificarse para sacar adelante a
sus hijos... Todos caminan, y yo también.
De nuevo, la
pregunta: ¿serán iguales todos los caminos? ¿Lo único que importa
es escoger un camino, y no hay ninguna señal que
nos indique si algún camino puede ser bueno o malo?
En nuestras autopistas y carreteras vemos miles de indicaciones: de
peligro, de prohibición, informativas, o simples anuncios de ciudades o
pueblos cercanos. En el bosque de las opciones humanas, ¿hay
que poner señales? ¿O lo único que importa es que
cada quien escoja libremente?
No sé si hay alguien que
piense que debemos respetar cualquier decisión de los demás sin
imponerle ni la más mínima norma o freno. A mí
me daría miedo decir eso, pues entonces, cuando alguien se
me acerque para robarme o para dejarme como recuerdo una
navaja en el estómago, no puedo decirle nada si es
que quiero ser coherente con el principio “hay que respetar
cualquier opción”.
Es lícita, por tanto, la pregunta: ¿hay caminos
permitidos, y caminos prohibidos? ¿Hay alguna “norma” o regla a
la hora de escoger un camino? ¿Hay alguien que pueda
exigir el cumplimiento de esas normas? Me interesa esta pregunta,
y tengo el derecho de descubrir una respuesta. Si no
la encuentro, corro el riesgo de someterme al capricho de
los demás, o de vivir yo mismo en un capricho
continuo que me permita hacer lo que quiera, incluso también
dañando a otros.
Hace poco te decía que quizá cada
quien deba seguir su conciencia. Cuando digo esto, tengo que
comprender qué significa seguir la propia conciencia. ¿Sigue su conciencia
el que mata, explota o daña a los demás? ¿Sigue
su conciencia el que engaña y roba? ¿Sigue su conciencia
el que destruye la naturaleza, extingue las especies animales, contamina
nuestros mares y ríos? ¿Siguen su conciencia los que promueven
guerras y asesinatos, abortos e infanticidios? Por eso hemos de
responder a la pregunta: ¿qué es la conciencia?
Podríamos decir
que la conciencia es como una “caja de los porqués”:
una voz interior que me dice ¿por qué haces esto?
y no me deja tranquilo si el motivo de mis
acciones no es “válido”, es decir, no es correcto.
No
sé si hemos avanzado. Me da la impresión de que
cada idea que descubro debe ser aclarada, y cada aclaración
contiene nuevos elementos que hay que comprender. Cuando uno analiza
un árbol, encuentra en él raíces, tallo y hojas; en
cada hoja podemos descubrir tejidos; en cada tejido, distintos tipos
de células; en cada célula... Podemos ir bajando siempre más
en profundidad. No quiero hacerlo en todos y en cada
uno de los puntos, pues entonces nunca acabaríamos. Pongo por
ahora un STOP, y, si quieres preguntar sobre algún punto
concreto, te respondo con gusto.
Sí me gustaría hacer un
pequeño resumen, para ver si entre tanto humo hay algo
de fuego en la chimenea:
1. Queda claro que hay
en la vida muchas maneras de comportarse y distintas ideas
a la hora de decidir cómo vive cada uno.
2.
Esta variedad de ideas y de comportamientos nos lleva a
varias preguntas: -¿Son todas las ideas igualmente válidas? -¿Hay algunas
que no lo sean? -¿Puedo conocer cuáles son “buenas” y
cuáles no?
3. Para algunos la única manera de responder
a esas preguntas es ver si los principios y comportamientos
de las personas responden a lo que les dice su
conciencia. Pero en la vida práctica vemos que así se
corre el riesgo de abusos y atentados contra la conciencia
de los demás, lo cual va contra el mismo principio
y, en el fondo, contra uno mismo. Por eso quizá
el principio (hay que seguir la propia conciencia) no sea
el único ni sea suficiente.
4. La conciencia se caracteriza
por su hambre insaciable de porqués. Siempre busca los motivos
que sean verdaderamente buenos y válidos en mis comportamientos, y
denuncia aquellos que me llevan al error y a la
injusticia. Me pone, pues, delante de “principios” que superan y
“someten” a la misma conciencia...
Al inicio, cuando comenzaba a
escribirte, pensaba por qué hacerlo... Ahora que acabo me pregunto:
¿por qué no hacerlo? Es hermoso llegar a lo alto
de una montaña, y ver paisajes que uno antes jamás
había imaginado. Desde arriba todo es distinto, se ve desde
nuevas perspectivas. Aquella casa que parecía grande, es ahora un
punto en el horizonte; la espiga de trigo, diminuta y
frágil en mis manos, se ha convertido ahora, reunida con
sus hermanas, en un mar verde que impone respeto y
sosiego.
Una pequeña confidencia: en estas líneas no he caminado
simplemente sin saber a dónde iba a llegar, sin saber
lo que quería. Como había que decidir, y decidí caminar,
al hacerlo ya escogí un camino (el camino del caminar)
y en esa elección ya está presente, desde ahora, la
meta. Tú quizá ahora no la ves, pero me gustaría
que hicieras ese camino conmigo.
Hay una frase muy hermosa
entre los escritos de Pascal. Pone en la boca de
Dios estas palabras: “No me buscarías si no me hubieses
ya encontrado”. El hecho de buscar significa al menos saber
qué es buscar y, muchas veces, también significa saber lo
que se busca...
Espero no haberte quitado mucho tiempo. Vamos
a seguir en camino, vamos a buscar el porqué de
nuestro caminar. Ojalá no lo hagamos solos: es más hermoso
caminar cuando hay alguien que nos acompaña, que nos comprende,
que nos escucha. Dios ahora sigue entre nosotros.
Pide por
mí, para que busque siempre la verdad. Yo pido por
ti. Tuyo siempre,
Fernando Pascual
Preguntas y comentarios al autor
de este artículo: fpa@arcol.org
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