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Autor: P. Tony Anatrella | Fuente: vatican.va El mundo de los jóvenes: conclusión
La humanidad tiene necesidad imperiosa del testimonio de jóvenes libres y valientes
El mundo de los jóvenes: conclusión
Los post-adolescentes aspiran a realizar su propio ingreso en
la vida. A pesar de cierta falta de raíces culturales,
religiosas y morales, intentan encontrar las vías de acceso, porque
a menudo se han formado a sí mismos, en un
narcisismo difuso e inconstancia. La fragilidad del yo, una visión
temporal reducida a los deseos del momento y a las
circunstancias, y una interioridad restringida sólo a la resonancia psíquica
lo confinan al individualismo. Por eso algunos están angustiados por
el empeño y la relación institucional, a pesar de desear
casarse y fundar una familia. Prefieren mantener relaciones intimistas y
lúdicas, naturalmente entre más personas, pero que son relaciones que
permanecen fuera del vínculo social. Su perfil psicológico es también
el resultado de una educación centrada en lo afectivo, en
el placer inmediato y en la separación de los padres
a causa del divorcio que, entre otras cosas, en las
representaciones sociales es el origen de la inseguridad afectiva, de
la duda de uno mismo con respecto al otro y
del sentido del compromiso. Es posible promover una educación más
realista que no encierre a la persona en los objetos
mentales y en el narcisismo de la adolescencia, sino que
estimule el interés por hacerse adulto.
Los jóvenes de la generación
actual están haciendo una revolución religiosa silenciosa, pero decidida.
Suscitan interrogativos entre los cristianos y no tienen miedo de
manifestarse como tales. No quieren dejarse intimidar ni constreñir al
silencio y menos aún insultar. Los jóvenes provenientes de
África, de América Latina, Asia y del Oriente viven su
fe como una emancipación y una liberación en Dios, a
veces en el martirio, actitud que debería inspirar las viejas
comunidades cristianas.
Cada JMJ es una etapa histórica para los jóvenes
participantes. Ya no podemos hablar de la religión del mismo
modo como lo hacíamos antes. Además esto se nota fácilmente
en la prensa: la mayor parte de los informadores y
comentaristas políticos, esclavos de determinadas categorías sociológicas o de clichés,
no consiguen dar una valoración exacta del evento. Desde hace
varios años los encuentros de jóvenes promovidos por la Iglesia
reúnen un número significativo de participantes, pero raramente se habla
de estos jóvenes en búsqueda de los espiritual. Éstos no
dan que hablar en los telediarios. ¿Es que un encuentro
de jóvenes por motivos religiosos no es acaso un evento
para la prensa? La información a menudo es desfasada respecto
a lo que se vive y se prepara silenciosamente en
la sociedad, hasta el día en el que alguno se
despierta preguntándose: "¿Qué ha sucedido?". Los desafíos nacidos de la
sed de un ideal y una espiritualidad de los jóvenes
no son tomados en serio por la sociedad.
La Iglesia no
está agonizando, como pretenden algunos: encuentra la misma dificultad que
todas las demás instituciones que padecen los efectos del individualismo,
del subjetivismo y de una forma de socialización. En una
sociedad en la que el individuo vive como víctima de
la vida de los demás, con la mentalidad del consumador,
a un ritmo concebido en función del instante y con
una representación de la vida mediática y virtual, es urgente
hacer descubrir el sentido de la realidad, promover vínculos de
socialización y transmisión entre las generaciones, para adquirir el sentido
de las instituciones. La experiencia espiritual cristiana implica tal dimensión
y constituye su riqueza, que se despliega en las diferentes
tradiciones a través de los siglos.
Le toca a la
Iglesia asegurar una continuidad a la JMJ y poner en
práctica una catequesis más activa y renovada. La inteligencia de
la fe necesita ser nutrida. La acción pastoral tendrá que
preocuparse de sensibilizar a las familias sobre la importancia de
la educación religiosa y del catecismo en particular. Pero las
familias, a su vez, plantean una cuestión a la sociedad,
que ha cancelado la dimensión religiosa de la vida con
una precisa voluntad política. La laicización, como habíamos dicho, es
la distinción entre el poder político y el religioso y
no la exclusión de la religión del campo social. La
vida escolástica debe respetar el tiempo que se debe dedicar
a la enseñanza religiosa.
Aunque es verdad que cada uno es
libre de abrazar o no un fe religiosa, la sociedad
no puede relegar la religión a la sección de lo
opcional de la vida, al campo de lo escondido y
lo privado, pensando que la fe no debe tener ninguna
repercusión en la vida y la sociedad. El hecho religioso
es un hecho social que no se puede relegar a
la esfera de lo privado; es más bien la fuente
del vínculo social y permanece inscrito en el ritmo del
calendario. A esta privatización de la vida religiosa han respondido
los jóvenes, con su comportamiento, con un "no" contundente con
ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud. La vida
espiritual es una exigencia humana que el poder público debe
reconocer, respetar y honrar porque califica a cada persona y
constituye uno de los componentes esenciales de la realidad social.
En
su Mensaje con ocasión de la XVIII Jornada
Mundial de la Juventud 2003, el Santo Padre recuerda el
papel que los jóvenes pueden desarrollar: "La humanidad tiene necesidad
imperiosa del testimonio de jóvenes libres y valientes, que se
atrevan a caminar contra corriente y a proclamar con fuerza
y entusiasmo la propia fe en Dios, Señor y
Salvador" (n1 6).
Roma, 10-13 de abril 2003
P. Tony Anatrella Psicoanalista, Especialista
en Psiquiatría Social
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Somos dos estudiantes de bachillerato que hemos leido su articulo.
Creemos que en la mayoria de las cosas usted tiene razon, pero que en otras no consideramos que la tenga. Mucha veces las dependencias de los jovenes es a causa de motivos economicos y no emocionales.
Y para finalizar, la casi contradiccion que usted a realizado cuando no queria generalizar sobre los jovenes, pero que al final a tenido que hacerlo.
Un saludo.