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Autor: Alfonso Aguiló | Fuente: interrogantes.net Control de la preocupación
Los estados de ánimo negativos sesgan nuestros recuerdos en una dirección pesimista
Control de la preocupación
Bastantes estudiantes, por ejemplo, son muy proclives a preocuparse y
caer en estados de ansiedad durante las épocas de exámenes,
y esto afecta negativamente a sus resultados. Sin embargo, para
otras muchas personas, el estado de preocupación ante un examen
estimula su intensidad en el estudio, y gracias a ello
logran un rendimiento mucho mayor.
La cuestión clave es por
qué la preocupación a unos les estimula y a otros
les paraliza.
Según unos amplios estudios realizados por Richard Alpert,
la diferencia entre unos y otros está en la forma
de abordar esa sensación de inquietud que les invade ante
la inminencia de un examen. A unos, la misma excitación
y el interés por hacer bien el examen les lleva
a prepararse y a estudiar con más seriedad; a otros,
en cambio, les asaltan pensamientos negativos (del estilo de «no
seré capaz de aprobar», «se me dan mal este tipo
de exámenes», «no sirvo para esta asignatura», etc.), y esa
predisposición sabotea sus esfuerzos. La excitación interfiere con el discurso
mental necesario para el estudio y enturbia después su claridad
también durante la realización del examen. Es así como las
preocupaciones acaban convirtiéndose en profecías autocumplidas que conducen al fracaso.
En cambio, quienes controlan sus emociones pueden utilizar esa ansiedad
anticipatoria –ante la cercanía de un examen, o de dar
una conferencia, o de acudir a una entrevista importante– para
motivarse a sí mismos, prepararse adecuadamente y, en consecuencia, hacerlo
mejor.
—Hará falta encontrar un punto medio entre la ansiedad
y la indiferencia.
En efecto, pues el exceso de ansiedad
lastra el esfuerzo por hacerlo bien, pero la ausencia completa
de ansiedad (en el sentido de indolencia, se entiende) produce
apatía y desmotivación.
Por eso, un cierto entusiasmo (incluso algo
de euforia en algunas ocasiones) resulta muy positivo en la
mayoría de las tareas humanas, sobre todo en las de
tipo más creativo. Aunque si la euforia crece demasiado, o
se descontrola, la agitación puede socavar la capacidad de pensar
de modo coherente e impedir que las ideas fluyan con
acierto y realismo.
Los estados de ánimo positivos aumentan la
capacidad de pensar con flexibilidad y sensatez ante cuestiones complejas,
y hacen más fácil encontrar soluciones a los problemas, tanto
de tipo especulativo como de relaciones humanas. Por eso, una
forma de ayudar a alguien a abordar con acierto sus
problemas es procurar que se sienta alegre y optimista. Las
personas bienhumoradas gozan de una predisposición que les lleva a
pensar de una forma más abierta y positiva, y gracias
a eso poseen una capacidad de tomar decisiones notablemente mejor.
Los estados de ánimo negativos, en cambio, sesgan nuestros recuerdos
en una dirección pesimista, haciendo más probable que nos retiremos
hacia decisiones más apocadas, temerosas y suspicaces.
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