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Escuché decir en una reunión de amigos que así como
todo en esta vida se pasa, el amor también. Autores
han dedicado poemas, canciones y libros enteros a describir ejemplos
y nos han llenado de sentimientos diversos, sin embargo pocos
sabemos realmente si esto será verdadero. El solo hecho de
pensar que el fuego del amor, como muchos lo conocemos,
se pasa… nos da escalofríos.
¿Qué es lo que nos
emociona?
Comencemos con un ejemplo, Andrea conoce a Diego en
una cita a ciegas que resultó un éxito. Diego quedó
prendido de Andrea y comienza el proceso de conquista. Llamadas,
correos, mensajes, salidas y pronto se encuentran saliendo todos los
días. Existe una enorme necesidad de estar juntos, los dos
se sienten en las nubes, todo es perfecto. Ahora ya
son novios, son todo lo que soñaron el uno para
el otro, no hay otra persona mejor.
En esencia todas
las emociones son impulsos para actuar, planes instantáneos para enfrentarnos
a la vida. La raíz de la palabra emoción es
motere, el verbo latino “mover” además del prefijo “e” que
implica “alejarse” lo que sugiere que en toda emoción hay
implícita una tendencia a actuar. Cada emoción nos hace reaccionar
de diferente manera biológicamente. Por eso cada vez que vemos
a la persona que queremos o deseamos se desatan reacciones
que no controlamos.
En el caso de la felicidad hay
un aumento de la actividad del centro nervioso que inhibe
sentimientos negativos y favorece la energía disponible. Fisiológicamente se produce
una tranquilidad que ofrece un descanso general además de buena
disposición y entusiasmo. Con el amor, los sentimientos de ternura
y satisfacción sexual dan lugar a un despertar parasimpático, lo
opuesto a lucha o huir, generando un estado de calma
y satisfacción facilitando la cooperación.
Con esto podemos ver que
el amor tiene un impacto en nuestro cuerpo, físicamente suceden
cosas en las que no tenemos control. Como estas reacciones
son biológicas entonces por ende son variables no permanentes, así
comprobamos lo que se dice, que el amor se acaba.
Claro pero el amor físico, imaginémonos que viviéramos en ese
éxtasis todo el tiempo, no sería natural. Pero qué pasa
con el amor a la persona, ese que no se
puede describir con palabras.
Termina el enamoramiento, comienza el amor
Como se ha de suponer en nuestro ejemplo, Diego y
Andrea llevan ya meses de noviazgo y lo que antes
a Andrea le parecía gracioso de Diego ahora es insoportable
y Diego cada vez quiere estar más tiempo con sus
amigos porque Andrea siempre lo está “presionando” o corrigiendo. Un
día se ven y dicen, “¿qué pasa con nosotros?”, “estoy
aburriéndome”, “ya no tengo necesidad de llamarle”. Cada uno siente
que ya no está esa chispa que había antes. Sin
embargo no se acabó el amor, de hecho apenas comienza.
Lo que sucede es que terminó el enamoramiento.
Todo enamoramiento
es transitorio, es una fase para pasar al amor real
o verdadero, esto puede suceder durante el noviazgo o incluso
después en el matrimonio. No se extingue sino que se
transforma, sin embargo si cuando éste termina, la pareja no
logra empatar ninguna de las expectativas de ambos debido a
la diferencia tan marcada de lo que es real con
lo imaginario, la relación llegaría a su fin. Esto es
lo que sucede desgraciadamente en muchos matrimonios que sufren de
divorcios porque “cuando éramos novios ella o él no era
así.”
El duelo es parte natural en las relaciones
Lo
primero que sucede en la pareja cuando termina el enamoramiento
es una crisis y desilusión que permite la evolución y
la manifestación de todo un potencial de maduración para cada
uno de los integrantes y la pareja en su conjunto.
Todas las parejas que no renuncien a la confrontación con
la realidad, que mantengan un contacto con ella y una
comunicación sincera, pasarán por este proceso tarde o temprano. Esto
llega cuando se presenta la exigencia de realizar una relación
concreta y de fundar un proyecto de vida en común.
La fase que sigue ofrece a la pareja una nueva
forma de llevar la relación más dinámicamente. Este empujón a
la realidad obliga a la pareja prestar más atención a
otros objetos, no sólo a sí mismos. Se trata de
un proceso de crisis que permite el volver a tomar
un afecto al mundo externo partiendo de la supuesta inadecuación
de la otra persona que parece no responder a todas
las expectativas o deseos que se tienen.
Lo que sigue
ahora es hacer un funeral de lo idealizado, en este
caso el novio o novia, y simultáneamente enterrar esta imagen
completamente. En este momento se rompe con toda la realidad
psíquica vivida con la persona. Este sacrificio de lo imaginario
es tan doloroso en cuanto a cuántas proyecciones se hayan
hecho de la persona. Para poder reconocer ahora las imperfecciones
y comenzar el duelo se requiere de mucha energía. Se
trata de descubrir sentimientos que ahora son ambivalentes y muchas
veces presentados como odio, sin embargo con la suficiente recompensa
grata al final como para no rechazarlo.
Reconocer a la
pareja como persona total significa reconocerlo como individuo que tiene
una vida propia y relaciones con otras personas, pudiendo experimentar
con esto una cierta depresión y angustia. Esta fase es
crítica para la maduración de la relación, no es nada
cómoda y lleva a la tentación de emprender la fuga
a través de diversas estrategias.
Cuando se elabora el duelo
de manera favorable el proceso avanza gradualmente permitiendo a la
pareja reencontrar su propia capacidad de juicio y crítica para
aproximar entonces en una nueva etapa a la persona con
la realidad. Todo esto mejora considerablemente la comunicación de la
pareja y el funcionamiento de la relación.
El sentido real
del amor
Así culmina entonces la etapa de duelo y
comienza el amor verdadero. Es el amor que acepta a
la persona tal y como es, con todos sus defectos
y con todas sus virtudes. Que está para perfeccionar a
la otra persona y sacar de ella lo mejor de
sí misma.
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