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Autor: Alfredo Ortega-Trillo | Fuente: Catholic.net Amor y enamoramiento
La próxima vez que te enamores pregúntate si eres capaz de amar
Amor y enamoramiento
El amor y el enamoramiento a menudo se nos confunden.
La única definición que tenemos del amor es una tautología
contundente y rotunda: “Dios es amor”. Fuera de ella, sólo
podemos hablar del amor por sus efectos: el sacrificio de
los “hombres topo” en el terremoto de México, la madre
que se quita el pan de la boca para dárselo
al hijo, el héroe de Nacozari que se vuela con
el tren a las afueras del poblado, la anciana que
cuida del marido desahuciado en un hospital.
Del enamoramiento, en
cambio, podríamos construir un tratado con rigor clínico. Se trata
de una patología del corazón bien conocida, que embota los
sentidos y hace perder el apetito y el sueño, entre
otros trastornos. Esta enfermedad que aqueja al 62.71% de la
población mundial tiene el agravante de apoderarse de la voluntad
del enfermo. A diferencia del acatarrado que estornuda y se
cubre la boca con un pañuelo en consideración a los
demás, el enamorado insiste, se empeña, en contagiar a la
persona amada. Pero la naturaleza es sabia y utiliza un
misterioso mecanismo de defensa para impedir la propagación lineal de
esta enfermedad, frustrando, no en pocas ocasiones, que los enamorados
contagien al objeto de su amor, algo que no supieron
comprender aquellos que, despechados, en un arranque de frustración extrema
masticaron una copa de vino o se pegaron un tiro.
Y
como los medios de comunicación casi siempre tienen la culpa,
tampoco son inocentes respecto de esta confusión que se da
entre amor y enamoramiento en nuestra sociedad. Nos bombardean con
canciones, programas y películas de amores equivocados, de cosas que
no son amor sino deseo, necedades y tequieros tequileros. Cuando
el amante va y dice al amado “te quiero”, está
borracho de su propio sentimiento y en el fondo sólo
se ama a sí mismo, usando al otro como puente
para llegar a sí. Decir “te quiero” cosifica a la
otra persona y la convierte en propiedad. Decir “te quiero”
equivale a decir “te necesito”, “me agarro a ti porque
llenas mi vacío, mi necesidad y apego”. ¿No es esto
en el fondo egoísmo y engaño?
Víctimas de esta fiebre enfermiza
que nos impele a buscar la felicidad en otras personas
es fácil equivocarnos. La felicidad y el amor no son
cosas que alguien nos pueda dar desde afuera. Por el
contrario, el amor es un bien, como la fe en
Dios, que sólo puede nacer y crecer dentro de nosotros.
Pero
si el enamorado espera recibir la felicidad como algo que
proviene de otra persona; en el amor la dirección lleva
sentido contrario, porque la condición del amor, a diferencia del
enamoramiento, es salirse y no quedarse dentro del que ama.
Cuando se ama verdaderamente sólo se desea salir de sí
para darse en amor a la persona amada aunque no
siempre pueda esperarse algo a cambio.
La próxima vez que te
enamores pregúntate si eres capaz de amar.
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