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Autor: Mensajes :-) | Fuente: es.catholic.net El fenómeno del amor
El ser humano busca la felicidad a través del compromiso en el amor
Cada día es una nueva oportunidad que Dios nos
concede para crecer en todas las dimensiones de nuestro ser
y para realizar más eficazmente el programa que, al llamarnos
cristianos, Él nos ha trazado.
Reflexionando sobre la razón de
ser del cristianismo en la vida de los miembros
de la Iglesia, se presenta la necesidad de que el
Evangelio nos inspire a vivir humana y cristianamente las diversas
etapas de la vida. Nuestro compromiso con Dios, debe abarcar
todas las etapas y todas las circunstancias de nuestra vida.
Un tema de mucha importancia en una de estas
etapas, respondiendo a inquietudes e interrogantes que pueden presentarse hoy
en día, es el noviazgo. Esa etapa transitoria, pero decisiva
en la vida.
En plena juventud, se siente dentro de
uno mismo el bullir de la vida, con entusiasmos, proyectos
e ilusiones, llenos de vigor y frescura. Y en ese
bullir un elemento importante es el fenómeno del amor. Parece
tan fácil, tan inmediato, el amor...
Hoy se valora mucho la
espontaneidad, la sinceridad, la inmediatez en las relaciones humanas, y
especialmente entre los jóvenes. Hay en ello un valor innegable.
Pero con frecuencia se mezcla con ese valor un grave
defecto: la superficialidad. El amor, se dice, es un impulso
espontáneo: hay que dejarse llevar por el amor... y se
da por descontada la plena felicidad. Y, sin embargo, ¡cuántos
fracasos! ¡cuántos matrimonios rotos apenas al nacer! Cada día son
más frecuentes las separaciones y los divorcios, es decir los
fracasos, provocados incluso por nimiedades.
No, no es fácil el
amor, el amor verdadero, el que dura y hace feliz.
Se toma a la ligera, como algo descontado: se fundan
hogares sobre arena, y a la menor tormenta todo se
viene abajo. Hay un proverbio ruso que dice: “Hay que
pensarlo bien antes de iniciar un negocio, dos veces antes
de ir a la guerra, tres antes de casarse”. El
fallo está muchas veces en eso en que no se
piensa, no se prepara el matrimonio, no se va a
la escuela del amor...
Para aprender a construir casas de piedra
se dedican cinco o más años al estudio intenso en
una facultad especializada; y se pretende edificar la casa viva
del propio hogar con un poco de ilusión y “buena
voluntad”, o, peor aún, a base de pasión y sed
de aventura. Para prepararse al mundo de los negocios se
gastan años enteros entre clases y libros; y se lanzan
algunos al negocio de la vida a ciegas, con ligereza
pasmosa. Después de la salvación eterna, el negocio más serio
y decisivo de un joven es la construcción del propio
futuro junto a quien ha de compartir todas sus horas,
sus penas y alegrías. Un fracaso en la carrera o
en una inversión fuerte es duro y triste; pero siempre
se puede uno rehacer. El fracaso en el amor, en
la realización de la propia familia, puede teñir de tristeza
toda la vida.
Escuela del amor. Esto debe ser el
noviazgo. La escuela en la que dos jóvenes se conocen
a fondo y aprenden a amarse de veras, a desprenderse
de sí mismos para darse al todo y dar vida
a otros: sus futuros hijos.
Si tienes alguna
consulta utiliza este enlace para escribirle a P. Omar
Oswaldo Guillén Mendoza, Sacerdote salesiano de Don Bosco, de la
diócesis de Curacao. Especialista en la orientación de jóvenes
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