La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Rogelio Villegas, LC | Fuente: Catholic.net El amor platónico
Si tienes un novio o una novia, pregúntale: ¿serías capaz de morir por mí?
El amor platónico
Cuando era niño me gustaba escuchar hablar a mis hermanos
sobres sus amores platónicos. Apenas podía comprender al mayor de
todos: con sólo 16 años ya tenía 10 amores platónicos
y en la lista 3 cantantes, 4 actrices de moda
y tres de sus profesoras.
- ¿Cómo puedes amar a las
diez al mismo tiempo?
- No te preocupes, enano –respondía con
aire de don Juan- cuando seas grande comprenderás.
Años más
tarde comprendí. El amor platónico es aquel que se va
tan rápido como viene, el amor sin interlocutor y del
cual te avergüenzas cuando llegas a la edad madura. El
amor idealista.
Peno no sólo aprendí eso. Supe que hay amores
ideales, amores platónicos que llegaron a ser realidad.
Bruno, el protagonista
de esta historia lo cuenta así a sus amigos:
- Hoy,
hace 27 años, en una tarde de verano, Isabel pasó
por primera vez delante de mis ojos, para quedarse por
siempre en mi corazón. Ella, joven bien educada, de familia
burguesa, rostro angelical. Yo, muchacho loco en servicio militar…
Recuerdo
–continua Bruno- que aquella misma noche fui con Nuestra Señora,
para decirle: “Madre, esta joven será mi mujer”. Y así
fue. Una primera palabra, un primer encuentro, dos años de
noviazgo, un matrimonio de ensueño.
¿Cuál es la diferencia entre
Bruno y tantos otros hombres y mujeres que juegan al
amor platónico?, ¿qué le falta al amor?, ¿qué nos falta
a nosotros?
Yo sé lo que falta. Le falta determinación, le
falta ese acto de voluntad por el que yo escojo
a alguien como objeto de mi amor. Le falta identificación
con la persona amada hasta el don de sí mismo.
Es este el verdadero amor conyugal. Para los romanos el
amor conyugal era ese lazo de amistad creado por
la semejanza de costumbres. El cristianismo lleva este amor más
lejos, hasta la identificación en una sola carne de una
mujer y de un hombre. Sólo quien está dispuesto a
perderse en el amado, a hacerse uno con lo que
se ama, está listo para iniciar el combate del amor.
Si
tienes un novio o una novia, pregúntale: ¿serías capaz de
morir por mí? Si me muero en este instante, ¿me
guardarías en tu corazón eternamente, sin buscar a nadie más,
esperando con ansiedad el día de tu muerte para encontrarme
de nuevo? Son preguntas radicales, pero cuando se trata de
amar no hay extremos. Los amores epidérmicos, las promesas de
amor eterno bajo la luna, son amores idealistas si sólo
buscan aprovecharse del otro. Si la luna hablara, cuántas verdades
nos diría a cerca de tantas mentiras.
La nueva realidad de
este amor de dos hecho uno, exige un paso de
compromiso. El que ama busca los medios más propicios, el
ambiente donde el amor continuará creciendo. Propio del amor conyugal
es el estar protegido por un pacto. La alianza es
la culminación de mi elección y el paso natural para
quien ama verdaderamente. Quienes ven el matrimonio un enemigo de la
libertad, niegan al mismo tiempo la sinceridad de sus sentimientos.
En pocas palabras, quien dice: “Quiero una relación libre” está
diciendo: “Tú has tomado una parte de mi libertad, no
quiero que vayas a manipularme completamente”.
Esta misma realidad se aplica
a los hombres y mujeres unidos por un matrimonio donde
no hay verdadero amor. Tan falso es el amor sin
compromiso como el compromiso sin amor.
El matrimonio es sólo
una etapa. El compromiso ratifica el amor, al mismo tiempo
que lo abre a la realidad de la comunión. El
amor conyugal se convierte en caridad conyugal por el ejercicio
cotidiano de la entrega. Las palabras, los gestos, las actitudes,
todo cuenta en esta nueva realidad entre dos. Una llamada
durante una gira de trabajo, una confidencia, una sonrisa… todos
los detalles encienden el fuego de la caridad conyugal. Y
por supuesto, el matrimonio abre el amor a los hijos.
He
aquí el camino recorrido por Bruno: elección, identificación, compromiso y
don de sí. Gracias Bruno por tu ejemplo. Gracias a
todos los hombres y mujeres casados que nos edifican con
su fidelidad en la entrega de todos los días.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR