La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico | Fuente: www.pionet.org Cohabitación: una buena receta para la ruina matrimonial
Se ha desmostrado que pone en riesgo a la pareja y a los hijos
Cohabitación: una buena receta para la ruina matrimonial
En muchos países vivir juntos fuera del matrimonio se está
convirtiendo en una opción cada vez más popular. Pero puede
implicar altos costes sociales y emocionales, dice un nuevo estudio,
«Cohabitation and Marriage: How Are They Related?» (Cohabitación y Matrimonio:
¿Cómo se relacionan?). Este estudio ha sido publicado por el
Instituto Vanier de la Familia de Ottawa el 17 de
septiembre.
La autora, Anee-Marie Ambert, reúne los resultados de cientos
de documentos de investigación que han examinado los efectos sociales,
emocionales y financieros de la cohabitación y el matrimonio sobre
hombres, mujeres, niños y sociedad.
La cohabitación, observa el estudio,
suele considerarse que exige menos responsabilidades a nivel legal y
financiero, y menos fidelidad que el matrimonio. En los últimos
años, sin embargo, las parejas de hecho han buscado y
obtenido derechos similares a los de las parejas casadas, en
áreas como propiedad, asistencia sanitaria, planes de pensiones, y ayuda
a los hijos.
Ambert observa que, en Canadá, el índice
de matrimonios descendió bruscamente en los noventa, especialmente en la
provincia de Québec. Estados Unidos también ha experimentado un descenso,
aunque no tan acusado como Canadá.
En ambos países, el
número de parejas en cohabitación ha aumentado notablemente. En el
2000, cohabitaban más de 4,1 millones de parejas heterosexuales en
Estados Unidos y 1,3 millones en Canadá. En el 2001,
cohabitaban el 16% de las parejas canadienses y el 8,2%
de las parejas norteamericanas. En Québec el nivel ha alcanzado
el 30%, la misma proporción que en Suecia. Excluyendo Québec,
el 11,7% de las parejas canadienses cohabitan.
Índices de divorcio
El estudio cita datos que muestran que la cohabitación, de
hecho, lleva a índices de divorcio más altos. Ambert cita
la Encuesta Social General Canadiense, que encontró, en el grupo
de edad de entre 20 y 30 años, que el
63% de las mujeres cuya primera relación había sido de
cohabitación se había separado en 1995, en comparación con el
33% de las mujeres que se casaron en su primera
relación.
Intentando encontrar las causas que subyacen a este fenómeno,
Ambert observa que algunos individuos escogen la cohabitación porque no
requiere fidelidad sexual. Las evidencias indican que la experiencia de
una cohabitación de menos compromiso conforma el comportamiento marital posterior,
observa.
«Algunas parejas siguen viviendo su matrimonio a través de
la perspectiva de inseguridad, falta de unión de recursos, bajo
nivel de compromiso, e incluso la falta de fidelidad propia
del periodo de cohabitación previo», comenta el estudio. Además, algunos
estudios indican que las parejas casadas que vivieron antes juntas
son menos fieles en sus vidas sexuales. Y es de
todos conocido que la falta de fidelidad lleva a índices
más altos de rupturas matrimoniales.
Otros estudios muestran que las
parejas que han cohabitado tienen un comportamiento menos positivo a
la hora de resolver problemas y, por lo general, se
apoyan menos el uno al otro que quienes no han
cohabitado. Además, los investigadores han encontrado que las parejas que
habían cohabitado antes del matrimonio tienen índices más altos de
violencia premarital que quienes no habían vivido juntos. Esta violencia
premarital que conduce a niveles más altos de violencia doméstica,
otro factor relacionado con el divorcio.
Ambert también observa que
quienes cohabitan, por lo general, aprueban más el divorcio como
una solución a los problemas matrimoniales. Además, las parejas que
cohabitan son menos religiosas que quienes se casan sin una
cohabitación previa. En este punto hay varios estudios que indican
una correlación entre religiosidad y felicidad matrimonial así como estabilidad.
También opina que la propensión a cohabitar pronto tras comenzar
una relación romántica conduce a un patrón de inestabilidad. La
gente que va a través de una serie de relaciones
de hecho es más propensa a matrimonios rápidos, a los
que resulta más difícil ser fiel.
Inestabilidad
Otro factor de
riesgo de la cohabitación es su naturaleza inestable. Más de
la mitad de todas estas uniones se disuelven en los
primeros cinco años, según un estudio citado por Ambert. En
Québec, el nivel de disolución de las relaciones de hecho
es más bajo que en otras provincias, pero aún así
tienen un índice de rupturas significativamente más alto que los
matrimonios, observaba.
Y la tendencia parece ir hacia una mayor
inestabilidad. En los años 70, cerca del 60% de las
parejas que vivían juntas se casaban con su pareja antes
de tres años. A principios de los 90 esta cifra
cayó hasta un 35%.
En años más recientes, una gran
proporción de jóvenes comenzaron a vivir juntos justo después de
comenzar a salir, con poca intención de permanecer juntos de
modo permanente, e incluso menos de acabar casándose. La ruptura
se vuelve entonces mucho más difícil que si las parejas
hubieran seguido saliendo el uno con el otro.
Pero no
son sólo las parejas implicadas las que hacen frente a
problemas. En el 2001, el 8,2% de los niños canadienses
de menos de 14 años vivían en hogares de parejas
de hecho, excluyendo a Québec donde la cifra alcanzaba el
29%. En Estados Unidos se estima que un 40% de
todos los niños vivirán con su madre soltera (nunca casada
o divorciada) y su novio en algún momento antes de
cumplir los 16 años.
Ambert comentaba que a pesar de
la creciente aceptación social de la cohabitación, hay poca información
directa sobre sus efectos en los niños. Algunas de estas
desventajas emergen, sin embargo, de la investigación que compara a
los que cohabitan con quienes salen o se casan.
Una
puerta giratoria
Para los hijos, la cohabitación significa un mayor
riesgo de vivir en una estructura familiar inestable, especialmente cuando
su madre cohabita con un hombre que no es su
padre. Algunas familias incluso hacen frente a una situación de
«puerta giratoria», con una serie de parejas a lo largo
de los años. Ambert observa que un estudio descubrió que
los niños que viven con su madre que cohabita con
su novio tienen resultados escolares inferiores y más problemas de
comportamiento.
En cuanto a la situación económica familiar, Ambert observa
que cuando una madre soltera comienza a cohabitar, la pobreza
puede reducirse en un 30%. Aunque esto beneficia económicamente a
los hijos a corto plazo, la otra cara es que
esta pareja en una relación de hecho normalmente gana menos
que un hombre casado. Además, cualquier ventaja económica de la
cohabitación suele ser a corto plazo dada la fragilidad de
estas uniones.
Otros problemas que se derivan de la inestabilidad
de la cohabitación afectan a la capacidad de la madre
para dar una atención adecuada a sus hijos, y contribuye
a un descuido general. La pareja de la madre no
suele compensar estas deficiencias porque suele estar poco apegado a
los niños.
Los abusos físicos son también más frecuentes y
los niños en las relaciones de cohabitación corren más riesgos
de ser maltratados o asesinados por el novio de su
madre que en las familias biológicas. Las chicas, por su
parte, corren más riesgo de abusos sexuales.
«Compromiso y estabilidad
están en la base de las necesidades de los hijos;
no obstante, en una gran proporción de las cohabitaciones, estos
dos requisitos están ausentes», observa Ambert.
Mucha gente, observa Ambert
hacia el final de su estudio, sostiene que el matrimonio
simplemente es una cuestión de elección de forma de vida
y que es equivalente a la cohabitación. «En estos momentos
la literatura de investigación no apoya este punto de vista»,
escribe. Por el contrario, los estudios demuestran que el matrimonio
tiene muchos beneficios tanto para los esposos como para los
hijos. Una conclusión que los legisladores deberían tomar en consideración.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR