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Autor: Alejandro Cortés González-Báez | Fuente: Catholic.net Se suspenden las bodas hasta nuevo aviso
El verdadero matrimonio es para siempre
Se suspenden las bodas hasta nuevo aviso
Para nosotros los sacerdotes, la experiencia de sentarnos en un
confesionario es parecida a observar un calidoscopio. Ya sabemos que
si estamos en un lugar oscuro no se podrá ver
nada, pero cuando le entra la luz comienza un juego
maravilloso de formas y colores. Así sucede cuando nos asomamos
al fondo de muchas almas, pues si la criatura más
perfecta de la creación es el ser humano y, lo
más bello de ella es su espíritu, la conclusión es
obvia.
De quienes acuden al sacramento de la confesión, la
mayoría son casados, por lo que muchos de los temas,
consejos, pecados y “anexas” que se tratan, hacen referencia a
los problemas de la convivencia matrimonial.
Ahora bien, el alma
tiene dos potencias superiores, que son el entendimiento y la
voluntad libre, y quienes se han casado lo han hecho
en base al conocimiento que consiguieron durante su noviazgo y
al amor que confeccionaron durante ese tiempo. Por lo cual,
si ya se conocen y se aman, podrán resolver con
más facilidad sus dificultades. Sin embargo, la experiencia nos presenta
que cada vez hay más problemas matrimoniales.
Acabo de leer
una idea simple pero llena de sabiduría que podría cambiar
la vida de muchas personas sobre todo si la
hubieran tenido en cuenta cuando eran novios: “lo más fácil
en la vida es enamorarse y lo más difícil es
permanecer enamorados”.
Tal parece que cada día resultara más cierta
la expresión “cometió matrimonio”, para decir se casó. Pero, como
me corrigió un amigo hace unos años: “el matrimonio no
está en crisis, los que están en crisis son algunos
matrimonios”. Y le reconozco toda la razón.
La verdadera causa
de tantos problemas matrimoniales es que mucha gente está vacía
de ideas, de principios, de virtudes y de valores, y
ese hueco (en algunos casos, cavernas) lo llenan con simples
sentimientos. En ocasiones, más que hablar de personas deberíamos hablar
de depósitos de pasiones. No perdamos de vista que las
emociones son tan variables como el clima. Quienes actúan así
son incapaces de soportar los compromisos que exige sacar adelante
una familia. Cuando se maneja la vida a base de
sentimientos los problemas se agrandan y a la caída de
un vaso con agua se le da categoría de tsunami.
¡Por favor señoras y señores un poco de seriedad y
de serenidad!
A los jóvenes se les está engañando. Para conocer
a una persona no es necesario acostarse con ella. Hay
que hablar, conocerse, superando lo externo, lo puramente superficial. Se
deberá exigir el respeto respetándose a sí mismo. Sin tener
relaciones prematrimoniales si se desea ser bien considerado el resto
de la vida.
El peor error que se puede cometer
es casarse con quien no se debe. La gente joven
debe abrir los ojos y descubrir a tiempo los defectos
de la persona amada, siendo valientes en conocerse y dar
a conocer sus propios defectos. También es importante saber que
los años no nos perfeccionan, no nos hacen madurar como
a las frutas; al contrario, existe el peligro de que
los defectos se vayan haciendo más fuertes y profundos y
que, por lo mismo, disminuya la capacidad de tolerar los
defectos de los demás.
Durante el noviazgo conviene, también, analizar a
la familia del novio(a). Pensando que el hermano parrandero y
jugador seguramente se convertirá en el tío alcohólico de sus
hijos. Si no existe una armonía cariñosa con los familiares
del futuro cónyuge podrán surgir problemas muy desagradables. Sobre todo,
es importante saber que el verdadero matrimonio es para siempre,
sólo así se puede formar una familia como todo el
mundo desea.
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