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Autor: Social Trends Institute | Fuente: http://www.stinewyork.org/ El matrimonio importa. Veintiséis conclusiones de las ciencias sociales
Para exponer la importancia del matrimonio para el bien común, este libro recurre a las últimas investigaciones en el campo de las ciencias sociales sobre las consecuencias del monoparentalismo y la cohabitación sobre los hijos
El matrimonio importa. Veintiséis conclusiones de las ciencias sociales
Prólogo a la edición española El estado de las uniones europeas
W. Bradford Wilcox*
La institución del matrimonio está en apuros, especialmente
en la Europa septentrional y occidental. Durante los últimos cuarenta
años, el número de matrimonios ha caído en picado, la
natalidad fuera del matrimonio y el divorcio han aumentado, y
la cohabitación se ha puesto de moda en gran parte
del continente europeo. En otras palabras, las uniones europeas no
gozan de buena salud.
Las manifestaciones colectivas de lo que el
demógrafo belga Ron Lesthaeghe ha denominado la “segunda transición demográfica”
son evidentes en toda Europa1. Entre 1960 y 2003, el
número de matrimonios ha caído más de un 40% en
países como Austria, Francia, Alemania e Italia. Entre 1960 y
2000, el número de divorcios se dobló en países tan
diversos como Austria, Francia, Alemania, Países Bajos y Suecia. La
natalidad fuera del matrimonio aumentó más de un 500% entre
1960 y 2002 en Italia, Francia, Países Bajos, España, Suecia
y Reino Unido. De hecho, en Escandinavia, en gran medida
debido a la popularidad de la cohabitación, más del 40%
de niños nace fuera del matrimonio. De este modo, en
buena parte de Europa, aunque en menor medida en el
sur y el este del continente, el matrimonio ha dejado
de ser la principal institución que consolida la vida adulta
y guía la natalidad y la educación de los niños.
¿Por
qué preocuparse en España, y, en general, en la Unión
Europea,de que los europeos abandonen el matrimonio? Muchos expertos europeos
no consideran que la desinstitucionalización del matrimonio sea un
problema. Los sociólogos alemanes Ulrich Beck y Elisabeth Beck-Gernsheim, por
ejemplo, consideran que la desestabilización de la vida familiar en
Europa es algo positivo, que prepara a los niños para
las dificultades de la vida adulta en la modernidad reciente.
Este
libro defiende que la desestabilización del matrimonio supone una grave
amenaza para el bienestar de las sociedades europeas, especialmente para
sus miembros más vulnerables: los niños. Las comunidades, los adultos,
y especialmente los niños, pagan un precio muy alto cuando
el matrimonio deja de ser la institución central que guía
el nacimiento y la educación de los niños. La pobreza,
la delincuencia, la depresión y el suicidio son sólo algunas
de las consecuencias del debilitamiento de la institución matrimonial.
Para exponer
la importancia del matrimonio para el bien común, este libro
recurre a las últimas investigaciones en el campo de las
ciencias sociales sobre las consecuencias del monoparentalismo y la cohabitación
en niños estadounidenses. A lo largo de los últimos treinta
años, sociólogos, psicólogos y economistas estadounidenses han examinado las consecuencias
en niños y familias del abandono del matrimonio.
Aunque ningún estudio
por sí solo ha sido concluyente, se ha reunido un
conjunto abrumador de pruebas científicas sociales queseñalan que los niños
tienen más posibilidades de prosperar cuando crecen en una familia
unida y casada. Como concluyó un análisis reciente publicado por
Child Trends, una organización líder en investigación sobre el bienestar
infantil en Estados Unidos: «Las investigaciones demuestran claramente que los
niños dan importancia a la estructura familiar, y la estructura
familiar que más ayuda a los niños es una familia
encabezada por dos padres biológicos que comparten un matrimonio poco
conflictivo».
La investigación social sobre las consecuencias que el abandono del
matrimonio en Europa tiene en los niños no está tan
avanzada como en Estados Unidos. Aun así, las investigaciones con
niños europeos hacen pensar que sufren de manera muy similar
por el abandono del matrimonio. Paso ahora a resumir muy
brevemente los razonamientos del libro, relacionándolos con estudios existentes sobre
la vida familiar europea y dando algunas razones de la
importancia del matrimonio para los niños y familias de Europa
y, de hecho, para todo Occidente.
Monoparentalismo
Como se demuestra en este
libro, los niños en situaciones monoparentales tienen el doble de
posibilidades de sufrir graves problemas de comportamiento o emocionales si
los comparamos con niños de familias unidas y con padres
casados. En un resumen reciente sobre estructura familiar y bienestar
infantil, el sociólogo estadounidense Paul Amato escribe: «En comparación con
los niños que crecen en una familia estable con padre
y madre, los niños que nacen fuera del matrimonio llegan
a ser adultos con menos formación, tienen menores ingresos, tienen
una peor situación profesional y más posibilidades de estar desocupados
(es decir, sin empleo ni estudios en curso), es más
probable que las hijas tengan un hijo fuera del matrimonio,
que experimenten matrimonios más problemáticos, un mayor número de divorcios
y presenten más síntomas de depresión».
Un estudio reciente en Estados
Unidos descubrió que los adolescentes que viven sólo con su
madre tienen el doble de probabilidades que los que viven
en una familia casada –con padre y madre– de probar
drogas ilegales, y que los adolescentes que sólo viven con
su padretienen el triple de probabilidades7. La investigación también señala
que es mucho más probable que los adolescentes que crecen
en situaciones monoparentales se vean envueltos en comportamientos delictivos, en
comparación con los adolescentes en familias unidas y con padres
casados.
De hecho, un estudio ha descubierto que los chicos que
se educan en situaciones monoparentales tienen el doble de probabilidades
de cometer un delito que los lleve a la cárcel
antes de los treinta y pocos años. Todos estos estudios
toman en consideración factores como los ingresos y la formación
de los padres. De no hacerlo así, las conclusiones sobre
la relación entre estructura familiar y las consecuencias afectivas y
de comportamiento en los niños, podrían estar distorsionadas.
Como se señala
en este libro, investigaciones científicas sociales en Estados Unidos señalan
que es más probable que se desatienda o se abuse
de los niños cuando crecen en un ambiente monoparental que
si lo hacen en una familia unida y casada. En
relación a la desatención, los estudios descubren que es más
probable que los niños en situaciones monoparentales estén mal atendidos,
no reciban suficiente supervisión paterna y estén desnutridos, en comparación
con los niños en familias biparentales. Incluso tras verificar factores
que aumentan el riesgo de abuso, los estudios señalan que
es más probable que se abuse física y sexualmente de
los niños cuando crecen en ambientes monoparentales.
Por ejemplo, como señala
este libro, un estudio descubrió que el 7% de los
niños con un solo padre habían sufrido abusos sexuales, frente
al 4% de niños que viven en un hogar encabezado
por padres biológicos casados.
Los numerosos libros publicados en Estados Unidos
sobre estructura familiar señalan una conclusión clara: a los niños
que crecen en familias unidas y casadas les va mucho
mejor en una serie de aspectos de conducta, sociales y
afectivos que a los que crecen en situaciones monoparentales. ¿Pero
podemos aplicar estos hallazgos al contexto europeo? Es posible que,
por ejemplo, las generosas políticas de bienestar de países como
Suecia y Noruega contrarresten o reduzcan las consecuencias sociales, afectivas
y económicas del monoparentalismo.
De hecho, las investigaciones señalan que las
consecuencias económicas del monoparentalismo se reducen en países donde el
estado del bienestar ofrece mayor protección, como Suecia o Noruega,
en los que es improbable que las madres solas se
vean en la pobreza11. Pero el precio social y afectivo
del divorcio y el monoparentalismo parece ser el mismo para
los niños europeos que para los estadounidenses. Por ejemplo, un
estudio realizado con toda la población infantil de Suecia descubrió
que los chicos educados en hogares monoparentales tenían un 50%
más de probabilidades de morir por una serie de causas
(accidentes,suicidios o adicciones) que aquellos que habían sido educados en
hogares biparentales.
El mismo estudio descubrió que los niños educados
en hogares monoparentales tenían el doble de probabilidades de intentar
suicidarse, abusar de alguna sustancia o caer en la depresión
que los que habían pasado su infancia en familias uiparentales.
Otro estudio no encontró ninguna diferencia en el modo en
que el monoparentalismo influye negativamente en los resultados escolares de
los niños de Suecia y Estados Unidos.
Los estudios sobre el
divorcio llegan a conclusiones parecidas. Un estudio sobre las consecuencias
del divorcio en niños noruegos descubrió que los niños que
habían sufrido el divorcio de sus padres tenían muchas más
probabilidades de tomar drogas ilegales, verse envueltos en comportamientos violentos,
ser sancionados por mal comportamiento y tener un pobre rendimiento
en el colegio, en comparación con los niños con padres
no divorciados. El mismo estudio descubrió que las consecuencias del
divorcio en los niños noruegos eran parecidas a las experimentadas
por los niños estadounidenses, a pesar de que Noruega cuenta
con un estado de bienestar mucho más generoso que el
de Estados Unidos. Los psicólogos noruegos Kyrre Breivick y Dan
Olweus escriben: «Nuestros hallazgos señalan que la asociación negativa entre
el divorcio y varios problemas de comportamiento son parecidos en líneas
generales en Noruega y Estados Unidos».
Un estudio en Reino
Unido descubrió que los niños que habían experimentado el divorcio
de sus padres tenían muchas más posibilidades de sufrir de
adultos problemas afectivos como el divorcio, la ansiedad y las
obsesiones, en comparación con los niños cuyos padres no se
habían divorciado, incluso tras comprobar los problemas psicológicos de los
niños antes del divorcio.
¿Cuáles son las causas de que contar
con dos padres en lugar de uno sea ventajoso para
el bienestar infantil? Numerosas investigaciones aportan una serie de explicaciones
de por qué se asocia la estructura familiar al bienestar
infantil, pero aquí me centro en tres explicaciones básicas: las
relaciones sociales, el apoyo social y afectivo y la supervisión
de un co-progenitor, y la calidad de la vida familiar.
En
primer lugar, los niños educados por padres casados han tenido
tradicionalmente acceso a dos ambientes familiares, sociales y profesionales, mientras
que los niños educados por un solo progenitor sólo han
tenido acceso a uno de esos ambientes16. Por tanto, los
niños educados por dos progenitores, al contrario de los educados
por uno solo, tienen más posibilidades de recurrir al apoyo
material y afectivo de dos parejas de abuelos, así como
a los contactos sociales y profesionales de un padre y
una madre.
En segundo lugar, los padres suelen apoyarse y supervisarse
mutuamente al compartir la vida familiar. Así pues, si un
padre observa que la madre del niño está agotada tras
un largo día de trabajo fuera de casa y cuidando
de los niños, puede ofrecerse a relevar a su mujer.
De igual manera, si una mujer ve que su marido
se enfada al tratar de imponer la disciplina, puede pedirle
que se retire y le deje manejar la situación.
De este
modo, dos padres pueden unir sus fuerzas para mejorar la
labor educativa de ambos, mientras que es más probable que
un solo progenitor se vea superado por el reto de
educar a un niño.
Por último, y en gran medida por
el mayor apoyo afectivo y social de la otra parte
y de familiares y amigos, los padres casados son más
cariñosos y están más comprometidos con sus hijos, y también
es menos probable que incurran en comportamientos abusivos. Además, es
más probable que supervisen las actividades y amistades de sus
hijos, en comparación con lo que pudiera hacer un solo
progenitor. No resulta extraño, como señala este libro, que los
niños presenten una mejor relación con padres casados que con
un solo progenitor.
Cohabitación
¿Y qué pasa con las parejas en cohabitación
o de hecho? ¿Podría un hogar encabezado por una pareja
de hecho educar tan bien a un niño como una
pareja casada? Para responder a esta pregunta, este libro resume
las investigaciones sobre cohabitación y bienestar infantil llevadas a cabo
hasta ahora en Estados Unidos. A pesar de estar menos
avanzadas que la investigación sobre las consecuencias del monoparentalismo, estas
investigaciones parecen señalar que la respuesta es que no. Lo
que se ha escrito en Estados Unidos sobre cohabitación y
bienestar infantil señala que los niños educados por una pareja
de hecho tienen menos posibilidades de prosperar que los niños
educados en una familia casada.
Distintos estudios sobre el comportamiento emocional
y educacional infantil han encontrado diferencias claras entre las familias
formadas por matrimonios o por parejas en cohabitación. Por ejemplo,
un estudio descubrió que los adolescentes procedentes de parejas en
cohabitación tenían muchas más probabilidades de verse involucrados en comportamientos
delictivos que los procedentes de matrimonios unidos. Otro estudio descubrió
que los adolescentes procedentes de parejas en cohabitación tenían más
probabilidades de tener problemas afectivos y de comportamiento que los
niños educados por matrimonios unidos. En comparación con los hijos
de matrimonios, los niños de parejas de hecho tienen más
tendencia a que los expulsen temporal o definitivamente del colegio,
así como de tener un rendimiento escolar pobre y de
tener dificultades en la relación con compañeros y profesores.
Estos estudios
confirman una serie de factores socioeconómicos, pero en cualquier caso
está demostrado que a los niños de parejas que cohabitan
les va peor que a los niños de familias casadas.
Por
supuesto, una de las razones de que los niños de
parejas en cohabitación en Estados Unidos lo pasen bastante peor
que los de matrimonios unidos es que a menudo estos
niños no comparten una relación biológica con uno de los
progenitores, generalmente el padre. Por tanto, la asociación entre cohabitación
y resultados negativos para los niños quizá sea producto de
las diferencias en las relaciones biológicas, en lugar de fruto
del estado civil. Ésta sería una hipótesis válida, de no
ser por los descubrimientos logrados por nuevos y rigurosos estudios
que han abordado este tema.
Pensemos en un estudio reciente de
las sociólogas estadounidenses Wendy Manning y Kathleen Lamb, en el
que se hace una comparación entre niños en familias reconstituidas
en matrimonio y otros que viven con parejas en cohabitación.
En ambos casos, los niños sólo comparten relación biológica con
uno de sus padres. Este estudio ha descubierto que los
niños de parejas en cohabitación tienen muchas más posibilidades de
verse involucrados en actos delictivos que aquellos de familias reconstituidas
en matrimonio. La relación entre delincuencia y estado civil se
mantuvo después de un análisis del nivel socioeconómico de los
padres, de la relación paterno-filial y de la inestabilidad familiar,
como el número de compañeros que la madre haya tenido
anteriormente. De igual manera, otros estudios señalan que los padrastros
casados se involucran más con sus hijos que aquellos que
cohabitan con la madre. Por tanto, estos estudios sugieren que
los niños siguen estando mejor con familias encabezadas por un
matrimonio, incluso aunque no estén relacionados biológicamente con uno de
los padres.
¿Por qué resultan más problemáticas para los niños las
parejas en cohabitación?
La cohabitación no está tan institucionalizada como el
matrimonio. Por tanto, no existen tantas normas que guíen y
organicen la pareja como en el matrimonio. Esto afecta a
la pareja de distintas maneras. En primer lugar, la cohabitación
no tiene la misma asociación prescriptiva con el compromiso de
por vida y la fidelidad sexual que el matrimonio. No
resulta extraño que las parejas en cohabitación presenten un menor
nivel de compromiso y fidelidad sexual que los matrimonios. En
segundo lugar, las parejas en cohabitación suelen diferir en su
visión de la relación.
Algunos la ven como un paso antes
del matrimonio; otros, como una alternativa a éste; otros, como
una forma barata de estar juntos, y otros como una
prueba de compatibilidad. El menor nivel de compromiso asociado a
la cohabitación, y lo confuso de la situación y la
dirección de la relación, suponen un menor apoyo material y
social de los padres y otros parientes de la
madre en cohabitación que el que reciben las parejas casadas. La
falta de compromiso legal, de claridad en la relación y
de apoyo social a la cohabitación, son otros factores que
explican por qué las relaciones de cohabitación son mucho menos
estables que las relaciones matrimoniales. Como señala este libro, un
estudio en Estados Unidos descubrió que hay un riesgo del
15% de que el hijo de una pareja casada sufra
la separación de sus padres durante sus primeros cinco años
de vida. La cifra se eleva al 50% cuando hablamos
del hijo de una pareja en cohabitación. Otro estudio estadounidense
descubrió que al menos tres cuartas partes de los niños
que nacen de una pareja en cohabitación vivirán la separación
de sus padres antes de aumplir los 16 años. Por
el contrario, una gran mayoría de los niños que nacen
de un matrimonio en Estados Unidos pasarán toda su infancia
junto a sus dos padres en una familia unida.
¿Pero podemos
generalizar y considerar válidos estos estudios en Estados Unidos para
la experiencia de cohabitación en Europa? Los expertos aún desconocen
si los hijos de parejas en cohabitación en Europa sufren
más que los hijos de parejas casadas. Sin embargo, los
conocimientos sobre la familia europea señalan que los niños educados
en parejas de hecho sufren mayor inestabilidad que aquellos que
han sido educados por un matrimonio. Una reciente encuesta en
países occidentales (con una amplia representación europea), llevada a cabo
por el demógrafo Patrick Heuveline, descubrió que «en la mayoría
de países, los hijos de padres en cohabitación tienen entre
el doble y cuatro veces más de probabilidades de ver
cómo se separan sus padres que los hijos de parejas
casadas en el momento de nacer ellos». En algunos países
existe una inestabilidad de la cohabitación aún mayor.
En España,
por ejemplo, los hijos de parejas en cohabitación tienen seis
veces más posibilidades de ver cómo se separan sus padres
que aquellos cuyos padres están casados.
Ya que la inestabilidad familiar
está muy asociada a problemas de comportamiento, académicos y afectivos
de los niños, estas tendencias demográficas sugieren que los niños
europeos que crecen en situaciones de cohabitación tienen más posibilidades
de que les hagan daño que aquellos que crecen en
familias casadas34. De hecho, la inestabilidad no sólo es perjudicial
porque impide a los niños desarrollar y conservar vínculos afectivos
estables con uno o dos cuidadores, sino también porque les
pone en peligro, como señala este libro.
Concretamente, los niños que
viven en ambientes de alto nivel de inestabilidad tienen más
probabilidad de desatención y de abuso físico o sexual, al
menos por tres razones. En primer lugar, estos niños suelen
buscar atención y apoyo afectivo en adultos ajenos a la
familia, lo que los hace más vulnerables a los depredadores
sexuales. En segundo lugar, la inestabilidad suele acarrear la presencia
en casa de adultos ajenos a la familia, que tienen
más posibilidades de abusar física o sexualmente de los niños.
Por último, el aspecto más importante: el cuidador principal está
a menudo distraído (por razones amorosas o de otro tipo)
por la pérdida de una pareja, una ruptura sentimental o
la búsqueda de una nueva pareja. Por ejemplo, un estudioreciente,
llevado a cabo en Missouri, sobre la mortalidad infantil, descubrió
que el riesgo de mortalidad de los niños en edad
preescolar se multiplica por cincuenta cuando hablamos de niños educados
en situaciones de cohabitación, principalmente por la exposición a la
presencia de un hombre adulto ajeno a la familia.
Pero incluso
si no existen pruebas definitivas de que los niños europeos
en situaciones de cohabitación lo pasen peor, hay pruebas convincentes
de que el aumento de la cohabitación va a ocasionar
un incremento de los casos de monoparentalismo en países del
continente europeo. Algunos expertos europeos en temas familiares han restado
importancia al reciente aumento de la natalidad fuera del matrimonio,
porque daban por hecho que las parejas en cohabitación ocuparían
el lugar de las parejas casadas, ofreciendo un hogar estable
y biparental a los niños. Pero la investigación de Heuveline
y sus colegas sobre las tendencias demográficas indican que tanto
el aumento de la natalidad fuera del matrimonio como el
del porcentaje de niños que nacen en uniones en cohabitación
está asociado con el aumento de casos en que las
madres tienen que educar solas a sus hijos, principalmente por
la mayor inestabilidad de las uniones en cohabitación. «Si bien
los niños que no viven con sus padres biológicos, casados,
podrían en principio vivir con otras familias formadas por dos
adultos, la mayoría no lo hace, o sólo lo hace
temporalmente», comenta Heuveline et al.38. Por decirlo de otro modo,
«quizá la única tendencia general en Occidente sea que la
educación de los niños está pasando de las manos de
padres casados a las de madres solteras, más que a
las de padres en cohabitación, familias reconstituidas o padres solteros».
Así pues, aunque aún no haya una opinión clara sobre
las consecuencias que puede tener para un niño en particular
el ser educado por padres en cohabitación en lugar de
por un matrimonio, las consecuencias generales sobre el entorno del
aumento de la cohabitación en el continente parecen negativas. Y
es que el incremento de la cohabitación en Europa parece
llevar ineludiblemente a unaumento del monoparentalismo, y, como hemos visto,
un creciente número de estudios han descubierto ya que el
monoparentalismo supone una amenaza para el bienestar infantil en sociedades
europeas como Noruega, Suecia y Reino Unido.
Conclusión
Durante los últimos cuarenta
años, el matrimonio ha perdido mucho terreno como institución principal
de la natalidad y la educación de los niños en
Europa, especialmente en el norte y oeste del continente. Son
muchas las causas del abandono del matrimonio en Europa –la
secularización, un nivel económico sin recedentes, los cambios en
la legislación fiscal y de familia (que han minado la
posición única del matrimonio),el individualismo, el igualitarismo entre sexos–, y
así sucesivamente, y algunos expertos consideran que las fuerzas culturales,
económicas y políticas que se han aliado contra el matrimonio
son tan poderosas que hacen de toda resistencia un esfuerzo
vano. Desde su punto de vista, el matrimonio en Europa
(y de hecho en Occidente) no tiene futuro como la
principal institución de afianzamiento de la vida adulta y como
contexto ideal para la reproducción biológica y social de las
generaciones futuras en el continente europeo.
Espero que se equivoquen. Después
de todo, este libro demuestra que una cultura matrimonial fuerte
y saludable es indispensable para el bienestar social, económico y
psicológico de las comunidades, de los adultos y, especialmente, de
los niños. Si los ciudadanos europeos, las instituciones cívicas y
los gobiernos desean legar a la posteridad una sociedad humana
y ordenada, tienen que pensar con creatividad y actuar con
rapidez para fortalecer la institución del matrimonio.
Porque, como se demuestra
en este libro, el futuro de la Unión Europea depende
en gran medida de la calidad y estabilidad de las
uniones europeas entre las madres y los padres de las
generaciones futuras.
Veintiséis conclusiones a primera vista
Familia
1. El matrimonio facilita las
relaciones de padre y madre con sus hijos. 2. Cohabitación no
es igual a matrimonio. 3. Los hijos educados fuera del matrimonio
son más proclives a divorciarse o convertirse en padres solteros. 4.
El matrimonio es una institución prácticamente universal. 5. El compromiso matrimonial
mejora la calidad de las relaciones de la pareja y
de ésta con los hijos. 6. El matrimonio tiene importantes consecuencias
biológicas para niños y adultos.
Factores económicos
7. El divorcio y los
nacimientos fuera del matrimonio incrementan el riesgo de pobreza tanto
para los hijos como para sus madres. 8. Las parejas casadas
son más solventes que las parejas de hecho o las
familias monoparentales. 9. El matrimonio reduce la pobreza y las carencias
materiales de las mujeres menos privilegiadas y de sus hijos. 10.
Las minorías étnicas también se benefician del matrimonio. 11. Los hombres
casados ganan más dinero que los solteros con formación y
perfiles profesionales semejantes. 12. El divorcio (o el no llegar a
casarse) incrementa el riesgo de fracaso escolar en los hijos. 13.
El divorcio reduce la probabilidad de los hijos de conseguir
un título universitario y trabajos de alto reconocimiento.
Salud y longevidad
14.
Los niños que viven con sus propios padres gozan de
mejor salud física y de una mayor esperanza de vida
que los que viven en otros entornos. 15. Los hijos de
matrimonios tienen un riesgo de mortalidad infantil mucho menor. 16. Adultos
y adolescentes abusan menos del alcohol y de otras drogas
dentro del marco matrimonial. 17. Las personas casadas, especialmente los hombres,
tienen una mayor esperanza de vida. 18. El matrimonio supone una
mejor salud, y menos lesiones y discapacidades, tanto para hombres
como para mujeres. 19. El matrimonio conlleva una mejor salud entre
minorías y grupos sociales desfavorecidos.
Salud mental y bienestar emocional
20. Los
hijos de padres divorciados sufren más ansiedad psicológica y más
enfermedades psíquicas. 21. El divorcio parece incrementar el riesgo de suicidio. 22.
Las madres casadas sufren menos depresiones que las solteras o
las que forman parejas de hecho.
Delito y violencia doméstica
23. Los
varones educados en familias monoparentales tienen más tendencia a caer
en comportamientos delictivos. 24. El matrimonio reduce el riesgo de que
los adultos se conviertan en agentes o víctimas del delito. 25.
Las mujeres casadas son menos víctimas de la violencia doméstica
que las solteras con pareja. 26. Los niños que no viven
con sus dos padres biológicos tienen mayor riesgo de sufrir
malos tratos.
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