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Autor: Marcelino de Andrés | Fuente: Catholic.net Román
Lo más opuesto a la felicidad verdadera es la pérdida de la amistad con Dios
Román
Realmente me resulta difícil explicar qué es para mí
la verdadera felicidad. Yo pienso que todo el mundo busca
la felicidad, unos en unas cosas y otros en otras.
Yo
personalmente busco la felicidad de muchas maneras, pero la verdadera
felicidad, la que me llena y me deja nuevo, es
la felicidad que obtengo después de haber hecho una obra
buena. Sí, después de haber hecho cualquier minucia que sé
hace más feliz a alguien. Luego la felicidad la encuentro,
en gran parte, viendo felices a los demás.
También sé que
a veces sólo busco mi propia felicidad, y cuando la
alcanzo, veo que no se puede comparar con la otra,
porque no se comparte. Creo, por eso, que hoy en
día hay una felicidad mal entendida, en la que sólo
se busca el bien personal, y el egoísmo no hace
feliz de verdad a nadie.
Y otra forma de anular la
felicidad es el dinero que, como todos sabemos, mueve al
mundo. Yo a veces caigo en esta situación, pero gracias
a Dios, acabo analizando que el dinero no lo es
todo, aunque en gran medida controla nuestras vidas, y que
poner en el dinero la felicidad personal es una tontería.
Recuerdo
que perdí un poco la felicidad cuando murió mi padre,
hace algunos años. Yo me preguntaba qué había hecho él
para que Dios le llamara, pero no alcanzaba a entenderlo.
Incluso hoy me lo pregunto y no sé responderme; he
de aceptarlo, y realmente cuesta.
La felicidad que a mí más
me gusta y la más grande para mí, que soy,
gracias a Dios, cristiano, es la felicidad que se siente
después de una buena confesión, en el momento en que,
a través del sacerdote, se te perdonan los pecados y
vuelves a la amistad con Dios. Y esa felicidad es
incomparable a cualquier otra. ¡Cómo te sientes liberado y dispuesto
a hacer el bien!, que como ya dije antes, es
el mejor modo de conseguir la felicidad.
Para concluir, pienso que
la verdadera felicidad se consigue plenamente en el cielo, pero
Dios ha puesto medios para que también la disfrutemos aquí
abajo, aún en medio de algunos dolores y malos ratos
por los que pasa necesariamente toda vida humana.
Lo más opuesto
a la felicidad verdadera es la pérdida de la amistad
con Dios. Significa romper con lo único que garantiza el
gozo auténtico. Por eso, el recuperar esa amistad rota vuelve
a llenar el corazón de dicha y de deseos de
seguir poseyendo a Dios.
De ti depende -cuando lo necesites-
el valerte de ese medio. La confesión bien hecha nunca
falla. Nos lo asegura Román: "Es el mejor modo
de conseguir la felicidad".
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