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Autor: Saturnino López Santidrián | Fuente: causademarta.net La Causa de Marta
Causa Pro-Beatificación de la Sierva de Dios: Marta Obregón, joven española que murió violentamente a los 22 años en la defensa de su castidad
La Causa de Marta
«No sé, ni quiero saber que planes tienes
para mí. Tu voluntad en mí.
Pero sólo te pido
una cosa: Que sea lo que sea, me des fuerzas
suficientes para aceptarlo y cumplirlo. Que nunca por ello me
aleje de Ti, sino que cada vez haga más fuertes
las cuerdas que me atan a Ti.
Sólo te dejo
a Ti que me guíes. Sólo a Ti mi Dios».
Marta
Marta siempre fue, como la describe su madre, “la alegría
de la casa”. Su carácter jovial y cariñoso, hacía de
ella alguien con quien resultaba muy grato estar. Daba la
sensación de que vivía muy deprisa, ya que era muy
activa, impulsiva e impaciente.
Desde pequeña tenía las cosas muy claras
sobre lo que quería e iba a por ello decididamente.
Con todo, los que la conocían de verdad la describían
como una persona reservada y generosa.
Marta siempre destacó por sus
cualidades en multitud de cosas y en las distintas etapas
de su vida. Ella era muy consciente de ello, pero
nunca fue un obstáculo para su alma naturalmente sencilla.
Cuando comenzó
sus estudios de Periodismo su ilusión, como ella misma decía,
era ser “rica y famosa”, pero parece que Dios le
tenía reservada otro tipo de “fama” muy diferente a la
que ella en un principio aspiraba.
Una joven de hoy
Ya en
su adolescencia Marta tenía mucha personalidad. Ante las advertencias de
sus padres, sobre los temores de éstos con respecto a
sus proyectos y decisiones, respondía siempre que la dejasen equivocarse
a ella.
La joven Marta era guapa, esbelta y coqueta. En
una ocasión llegó a participar en un desfile de modelos,
pero nunca alardeó de ello. Moderna, le gustaba ir a
la última en moda. Elegía su propia ropa y nunca
le importó el juicio de los demás. Atraía a los
chicos por su físico y simpatía. Tuvo dos novios, el
primero de ellos en su adolescencia. Nadie podía estar triste
a su lado, era alegre e ingeniosa, en ocasiones “una
payasa”.
Tras la experiencia que tuvo en Taizé, Marta siempre comentaba
en sus distintos ambientes (familiar y de amigos), que quería
cambiar el mundo. Sentía un fuerte impulso a hacerlo a
través de los medios de comunicación.
Quería pasar por la vida dejando un mundo mejor
del que ella se encontró. Hija de su tiempo, y
consciente de la fuerza y el poder de “los medios”,
pretendía influir en los demás a través de las
tecnologías, de la imagen y el sonido, por eso decidió
hacer periodismo.
Luces y sombras
Marta siempre recibió una educación y ejemplo
cristiano en el seno de su familia y se movía
en este tipo de ambientes. Durante su estancia en Inglaterra
con motivo de sus estudios, fue seducida por “otra forma
de vida”; la vida sin Cristo. Vivió una época de
fiestas, discotecas… la vida de la noche. Más que nunca
llevó una vida “moderna y actual” en el sentido mundano
de los términos.
En esta época vivió la parte más oscura
de su vida. Tanto llegó a apartarse de Cristo, que
cuando decidió cambiar su vida, después de pasar unos días
en Taizé, le fue negada la absolución en el sacramento
de la reconciliación. Se enfadó mucho con Dios, pues pensó,
que Él no la quería perdonar.
¿Qué pasó en Taizé? No
lo sabemos. Pero comenzó su búsqueda de Dios. Su vida
dio un giro tal, que sólo a través de su
posterior evolución, la podemos valorar como una gracia muy intensa
y que le marcó profundamente su existencia.
Marta siempre estaba alegre,
tanto en los sufrimientos más pequeños como en los más
grandes, ante los demás, siempre alegre.
Encuentro
con la Misericordia
Nada tiene la fuerza de la propia vivencia
de las cosas. Eso le ocurre precisamente a Marta cuando,
uno de tantos días que acostumbraba a ir con unas
amigas al merendero de sus padres en un pueblecito a
las afueras de Burgos, Dios tuvo a bien que Marta
encontrara allí a un sacerdote, que posteriormente se ofreció a
llevarla a casa en su coche.
Durante el trayecto Marta
es escuchada en confesión y al recibir la absolución, su
alma se llena de profunda alegría y paz serena. Su
alma, porque su cuerpo estalla de júbilo y dando, literalmente,
saltos de alegría, corre a casa de sus amigas a
decirles que sabía que Dios no la había olvidado.
Al descubrir
la Misericordia de Dios y sentirse perdonada y amada por
Él, se enamoró profundamente de Cristo y sólo le preguntaba
su voluntad para con ella, sólo quería seguirle.
Esperanza para la
juventud
Tristemente a los jóvenes de hoy casi todo lo que
les rodea parece que está orientado a alejarles de Dios.
Los “pobres” andan muy perdidos y desorientados. Más aún, si
tenemos en cuenta, que cada vez son mas escasos los
ambientes en los que se les puede hablar de Dios
(familia, escuela, etc...). No conocen al Dios del Amor y
casi todo lo que oyen es en contra de Dios
y su Iglesia.
Marta es un “testigo de esperanza” para una
juventud hastiada, vacía y de vuelta de todo. Marta es
una gracia especial de Dios a sus hijos, un modelo,
espejo donde mirarse y reconocer en Jesús su auténtica identidad.
En
Marta pueden encontrar a una joven que vivió como ellos:
“buscando la felicidad fuera de Dios”; en los mismos ambientes
en los que ellos ahora malgastan su juventud a
la deriva en un mar tormentoso en el que evidentemente
ésta, no se encuentra. Ella encontró la verdadera felicidad en
Dios, se enamoró de Él y lo siguió hasta el
final. Nuestros jóvenes merecen la verdadera felicidad y Marta les
puede ayudar a encontrarla.
Testigo de Jesús
Cuando Marta experimentó la Misericordia
de Jesús se sintió salvada y quedó profundamente enamorada de
ÉL. Su alma encontró la paz y su vida se
fue ordenando. Fiel a su rato de oración, de rodillas
ante el Señor, y a la Eucaristía, a diario. Sabía
ser discreta en la generosidad, pasaba de “puntillas”, apenas se
la notaba.
Dios es lo más importante en mi vida.
Mi amor. Y como he conseguido llegar a adivinar esta
gran verdad, no quisiera nunca perderlo. (Yo sólo quiero seguirte,
Jesús).
Tú tienes una historia de amor guardada para mí,
Señor. Lo sé. Y lo voy descubriendo poquito a poquito.
Se
sentía más libre cuando se abandonaba y confiaba en Él,
hasta el punto de exclamar:
Tanto más confío y me abandono
en Él cuanto me siento libre.
Apasionada y tenaz, supo
defender su fe en cualquier momento y ante cualquier persona.
Lo mismo argumentaba la defensa de su fe cuando era
atacada o ridiculizada desde una cátedra en la universidad, como
escribía cartas a los medios de comunicación denunciando la falta
de valores morales y éticos.
Marta quería decididamente dar ejemplo con
su vida. Siempre hablaba de Dios y con impaciencia le
pedía al Señor ver su voluntad porque le apremiaba cumplirla,
pues intuía que tenía poco tiempo.
¡Oh, Dios, ayúdame por
favor, ya. Que no hay tiempo.... Que la vida es
muchísimo más corta de lo que, pobres ilusos, pensamos...
Mi falta
de paciencia en ver su voluntad. ¡Si pudiese dar ejemplo
con mi vida!
Valores éticos
A lo largo de este relato se
han ido presentando muchas de las cualidades, valores y virtudes
más destacadas de Marta. No tienen más valor que reconocer
cómo Dios “trabaja con nosotros, no sin nosotros” para hacernos
ver su voluntad y darnos las gracias necesarias para cumplirla.
Marta desde su libertad, hizo de la búsqueda y cumplimiento
de la voluntad de Dios, el objetivo de su vida.
A medida que más le conozco, más me pide el
Señor... Y me cuesta, ¡pero me encanta!
Hemos hablado de una Marta alegre, sencilla y generosa. Aunque
tenaz y decidida, profundamente confiada
y abandonada en Dios. Fuerte y valiente con su
compromiso cristiano. Apasionada y con la impaciencia divina de aquellas
almas que buscan sólo a Dios.
Sí a Dios
Al final, en
su cabeza sólo cabía Dios y su saber cumplir su
voluntad.
Marta fue despojada afectivamente de todo: estudios, novio… se
quedó sola… con Dios. Ella presentía que su final estaba
cerca y de que no tenía mucho tiempo para poder
cumplir la voluntad de Dios sobre su vida.
Aquella noche, día de Santa Inés Virgen y Mártir, Dios
en sus designios insondables permitió que Marta fuera abordada por
el desalmado que le quitó la vida. Hasta su último
aliento fue heroica su lucha y resistencia en la defensa
de su castidad, siendo esto lo que motivó que de
una forma brutal la asesinaran.
A los pocos días, fue encontrado
el cuerpo. La noticia apareció en el periódico. D. José,
canónigo de la Catedral cuando la leyó dejó el desayuno
en la mesa y se acercó al tanatorio. Al entrar
la madre de Marta le comentó si venía a rezar
por ella. El sacerdote le respondió, que no, que venía
a encomendarse a ella.
Sorprendía su semblante plácido y sereno, después
de la violenta forma en que le quitaron la vida.
En su dulce semblante, se apreciaba un moratón en el
mismo lado y semejante al del rostro de Jesús en
la Sábana Santa.
Unos días antes, Marta había comentado con una
amiga las canciones que le gustaría fueran cantadas en su
funeral. Entre ellas estaba la canción “Ven del Líbano, esposa”,
cuya letra es del Cantar de los Cantares (Cap. 4,
8 ss). Al tratarse de una canción de bodas, el
encargado de tocar la guitarra en el funeral de Marta
no se sentía capaz de hacerlo, pero cuando al final
la tocó, comentó que no pudo tocar otra cosa.
En el lugar en el que descansa el cuerpo de
Marta, reza la siguiente frase: “porque estamos todos de paso
en este mundo”.
Pinceladas de la vida de
Marta
Marta nace en La Coruña el 1 de marzo de
1969 y es bautizada poco después con el nombre de
Marta María de los Ángeles. Por razón actividad profesional
la familia se establece en Burgos en diciembre de 1970.
Cursó la educación primaria con buenas notas en el
Colegio de Jesús María. Con 8 años recibe la
Primera Comunión, el 19 de junio de 1977. Gozaba
de gran vitalidad y desarrolló algunas aficiones deportivas, como el
patinaje sobre ruedas, el atletismo, la natación, destacando fundamentalmente en
tenis, en lo que ganó algunos trofeos. A los
14 años se confirma en la actual parroquia de San
José. Comienza a acudir con su hermana mayor al
Club Arlanza, donde un sacerdote del Opus Dei lleva la
dirección espiritual, y en él participa de actividades recreativas y
formativas, aprendiendo a tocar la guitarra.
Al acabar la primaria, plantea
a sus padres pasar a un Instituto público “Comuneros de
Castilla”, donde en sistema de coeducación inicia (1983) el Bachillerato
Unificado Polivalente (BUP), como puente entre el colegio y la
universidad. Se abre al resto de compañeros, en su
mayoría de clase humilde. Al igual que en la
etapa precedente obtiene buenas calificaciones. A partir de 2º
de BUP asiste, también, a las clases de la Escuela
de Idiomas.
Según su madre, Marta era espontánea, muy cariñosa y
atenta. Su amiga más cercana afirma que era muy
noble, llena de ilusiones y dispuesta a ayudar y animar
a otros. A los 17 años ambas dejan el
Club Arlanza. En sus pensamientos juveniles creía que un
Centro de la Obra le orientaba en una actitud muy
preventiva y deseaba aprender de la vida por su cuenta.
Comenzó a bajar en prácticas religiosas, aunque mantuvo una
inquietud que, después, la llevó a buscar y anhelar a
Dios de una forma distinta, pero no sin pasar antes
por una crisis.
Adelantado el invierno de 1988, durante
tres o cuatro meses, comenzó a salir con un estudiante
de tercero de veterinaria, joven simpático y de buena presencia,
relación que cortó ante la experiencia de debilidad en un
esporádico suceso, de lo que se arrepintió enormemente. Se
dice que la segunda conversión es la de los afectos.
Por entonces concluyó el difícil cuarto curso de inglés
en la Escuela de Idiomas y, en el verano, va
a una localidad costera de Inglaterra a perfeccionarse en el
idioma, consiguiendo hablarlo con fluidez.
En octubre se matricula en la
Universidad Complutense de Madrid, en la rama de periodismo, imagen
y sonido. Lo indicado antes le supuso reflexión, pero
quería hacer su carrera en libertad y llegar a ser
una periodista famosa. En la Capital de España se
adapta y saca los estudios con facilidad y durante los
dos primeros años procura no señalarse, aunque su fe no
estaba dormida. Se rodea de un grupo de amigas,
que saben apreciar su franqueza, jovialidad y fuerte personalidad.
Durante las
vacaciones de verano del segundo curso (1990), se entera en
su parroquia, a la que va los domingos a Misa,
que un grupo neocatecumenal tiene programado un viaje a Taizé.
Lo consulta a sus padres y, guitarra al hombro,
participa en el encuentro. Marta descubrió nuevos aspectos y,
al decir de su madre, de allí regresó tocada irremisiblemente
por el Señor. En efecto, ese toque de gracia
lo conocemos por una carta a una de sus compañeras
de la residencia de Madrid: “Cuando descubres algo importante en
tu vida, y caes en la cuenta de cosas fundamentales,
que hasta entonces pasaron inadvertidas a tu lado, te encuentras
francamente bien, en paz...”
Lo cierto es que Marta quiso hacer
una confesión en profundidad. De regreso a su ciudad, se
dirigió a una parroquia cercana y, sin que sepamos por
qué, no recibió la absolución. En su espontaneidad, ¿encontró
alguna prevención respecto a Taizé?, ¿hubo algún otro desacuerdo de
matices y creyó el sacerdote no estar en actitud de
acatamiento? Esto le va a producir un durísimo conflicto
de conciencia, pues lo que más deseaba era la paz
y en su carácter sufría tremendamente cuando no se encontraba
correspondida en sinceridad y afecto.
Poco después, jugando en casa de
unas amigas al ping-pong, les contó su situación, deshecha en
lágrimas, porque pensaba que Dios le había abandonado. Una
de esas compañeras le decía “Dios te quiere, hayas hecho
lo que hayas hecho” y le presentaba su propia experiencia
con sus padres, diciéndole que Dios es aún mejor que
los padres de la tierra. Unos días después esa
familia tenía visita de un sacerdote del Camino Neocatecumenal y
las hermanas la invitaron a su casa de campo, cercana
a Burgos.
Terminada la comida, el sacerdote regresa a
la Ciudad y le ofrece a Marta la posibilidad de
retornar pronto. En cuando se vio ante el sacerdote
comenzó, en su acostumbrada franqueza, a manifestarle lo que la
oprimía por dentro. Escuchada con atención, no quiso que
su sufrimiento se prolongase más, y le preguntó que si
tenía algún pecado a falta que añadir, para disponerse a
recibir el perdón. En cuando baja del coche, corre de
nuevo en busca de sus amigas y les pide que
la presentaran en las Comunidades Neocatecumenales, porque también ella deseaba
conocer el “Camino”, porque “quería dar a Dios todo en
gratitud”.
Desde este momento comienza una vida decididamente cristiana. Ahora
ya no desea tanto ser famosa periodista, como el hacer
el bien. Su espontaneidad se va transformando en parresía
(valentía testimonial).
En septiembre de 1990 se celebra la
boda de su hermana mayor. Entre los invitados hay
un grupo de jóvenes, que se relacionan todos con el
apreciado jesuita P. Carlos Conde en las tareas de apostolado
juvenil del Círculo Católico de Obreros. Con uno de
esos muchachos inicia un amor ejemplar en el que, intuimos,
Dios estaba de por medio.
De cara al nuevo curso regresa
a Madrid entusiasmada y llena de fe. Con tanto
brío que, durante el año lectivo 1990-1991, realiza con buenas
calificaciones 3º y 4º curso. Allí se pone en
contacto con las Comunidades Neocatecumenales en la parroquia de Santa
María de Monte Carmelo. Una compañera mayor, que la
conoció en ellas, dice que un comentario de Marta la
marcó al ver cómo una joven de 21 años manifestó
que la entristecía ver en Navidad que la gente se
cargaba de bolsas, sin descubrir el verdadero sentido de la
Fiesta. En enero y febrero asistieron a las catequesis,
los lunes y jueves, de 8,30 a 9,30 de la
tarde. Al terminar regresaban juntas corriendo y riendo.
Marta inicia
una verdadera militancia seglar. Ahora no le importa manifestar
sus convicciones en su ambiente. El ramillete de profesores
que le imparten las enseñanzas es de ideología variopinta.
En las frecuentes conversaciones por teléfono con los padres les
daba cuenta de momentos vividos en las aulas en los
que, haciendo acopio de valentía, poco común, mostraba públicamente al
profesor su desacuerdo en frases o comentarios vulgares, sugerencias políticas
o ideas contrarias al pensamiento cristiano, que nada tenían que
ver con la asignatura en cuanto tal. En una
ocasión, incluso, se vio en la incómoda necesidad de recurrir
con su queja al rectorado. Los estudios la resultaban
fáciles de suerte que acortó un año y adelantó asignaturas
de quinto.
Marta, según sus amigas, era una muchacha
alegre, feliz, simpática, dinámica, fuerte, comunicativa y buena comunicadora.
Su esbeltez llamaba la atención y su voz se parecía
a la de Bárbara Streisand, por lo que un locutor
de radio le ofreció el mejor instrumental para grabar unas
cintas, con vistas a las prácticas de la Facultad.
Pero ese hombre se le manifiesta enamorado, lo que la
decepcionó profundamente, devolviéndole lo realizado, al sentir esa apariencia en
su ambiente.
Decide trasladarse a Burgos. Habida cuenta de que
había adelantado asignaturas estaría cerca de su novio, animador cultural,
y ahorraría gastos. Marta procuraba no estar inactiva.
Dentro de su campo de periodismo continuaba su preparación intelectual
y trabajos prácticos: Una de las cosas que hizo
fue cubrir la Vuelta Ciclista a Burgos con el locutor
deportivo de Radio Popular.
De este tiempo hay algunos
artículos de Marta en prensa defendiendo la vida, apoyando la
paz, o en contra de la droga, y siempre destacando
valores cristianos. También fue elegida para presentar un desfile,
orientado a influir positivamente en el campo de la moda
femenina. A su parroquia iba especialmente los sábados por
la tarde para escuchar la Palabra en la Comunidad Neocatecumenal
y acompañar con la guitarra las canciones en la Eucaristía.
Su novio escribía en el editorial de su revista,
días después del asesinato: “Marta triunfaba donde pisaba: todo el
mundo quería estar con ella, hablar con ella, saber de
ella, y ella, aunque amaba profundamente a su familia y
a los que la queríamos, tenía los ojos puestos en
Dios. Los últimos apuntes, sus artículos (“si al menos
nos diésemos cuenta de qué es lo que realmente importa
en nuestra vida”), sólo son la punta del iceberg, de
la grandeza de su alma”.
Él no estaba
en el Neocatecumenado, pero ella lo llevaba a las celebraciones,
pues “estaba muy atraída por la vida que veía allí”.
Al preguntarle por qué había dejado de salir con
ella hacia octubre, responde que no tiene explicación lógica.
“Quizás en un momento me agobié por otras cosas.
Posiblemente fue la Providencia. Pasé un estado anímico, como
si alguien me hubiera retirado el afecto para que pudiera
soportar mejor lo que llegó”.
Marta era disciplinada y, en los
últimos meses, después de trabajar de mañana (hasta diciembre),
de cuatro a ocho y media de la tarde se
iba a estudiar al Club Arlanza, como lugar silencioso.
La siguiente media hora la pasaba en oración, casi
siempre de rodillas, en el pequeño oratorio, ante el Sagrario.
Acabado este tiempo, solía hablar con la encargada del
Club, haciéndola partícipe de sus ideas, metas y preocupaciones.
A ella le contaba cómo en su conversación con el
Señor le apremiaba para que le hiciera ver su voluntad,
ya que en las Comunidades se había levantado en una
Eucaristía de convivencia para ofrecerse como “itinerante”.
Su confidente intentaba ilusionarla
con los proyectos profesionales, “pero ella como de vuelta, aquello
ya no la interesaba, era claro que Dios le había
desprendido de todo: estudios, novio, proyectos... Su forma de ser,
en mi opinión era la de una mujer que había
encontrado a Dios, pero seguía buscándolo cada vez con más
intimidad. En los últimos meses siguió acudiendo al Camino
Neucatecumenal, al que se sentía muy unida, y donde ella
se sentía proyectada para ayudar al mundo... Era una mujer
con profunda vida interior, que se palpaba en su actitud...
Al mismo tiempo que buscaba con mucha fuerza a Dios,
se daba a los demás”. En una ocasión, un
sacerdote que, durante la enseñanza en el Instituto había sido
su profesor de religión, se acercó a Marta para interesarse
de sus proyectos de afamada periodista y le contestó: “hoy
por hoy en mi cabeza sólo cabe Dios”.
Era muy atenta
y cariñosa, como lo indica el que, el día de
Noche Vieja de 1991, Marta llegó al Club vestida de
frac y estuvo haciendo reír a las niñas unos tres
cuartos de hora y, luego, se fue con sus amigas.
Para la última fiesta de Reyes Magos había comprado
con gran ilusión una guitarra para su hermana de 11
años. Como estaba dispuesta siempre a acompañar y, en
la tarde del mismo día 6, la encargada del Club
debía permanecer allí, vino a estar con ella. Vieron
un video sobre el encuentro de Juan Pablo II con
los jóvenes universitarios y quedó impresionada, proponiéndose ir a Roma
al siguiente encuentro por Semana Santa.
Comenzó a prepararse intensamente para
los exámenes de febrero, pero en los últimos días había
notado que alguien la seguía, manifestando sus miedos. El
21 de enero, día de Santa Inés, prolongó su conversación
con su confidente hasta las 9,40, “presentía algo, yo lo
quité importancia” con una anécdota en la vida de Santa
Teresa. Antes de marcharse a casa, se acercaron al
oratorio para despedirse del Señor, “hicimos una genuflexión delante del
Santísimo y se fue”. Al salir le indicó que
no retirase los libros y apuntes de la mesa, porque,
al día siguiente por la mañana, después de oír la
Santa Misa y comulgar allí, pensaba seguir estudiando.
Extrañó a los
padres que, siendo las diez de la noche no hubiera
regresado a casa. Estaba nevando y un joven, conocido
de toda la familia, invitó a Marta a subir a
su coche, la dejó frente a su portal.
La llave estaba rota y cerca de las veintidós horas
la vecina del segundo piso oyó un grito desgarrador.
Cinco días se tardó hallar el cadáver de Marta, a
unos cinco kilómetros de la Ciudad.
Según el informe
forense falleció en las primeras horas del día 22 de
enero de 1992. Tenía diversas erosiones y hematomas, fuertes
presiones con las manos en el cuello y, sobre todo,
14 heridas de arma blanca en la parte izquierda del
pecho, una de ellas en el centro del corazón. El
informe y la sentencia repiten que eso sucedió por intentar
evadir la agresión. El imputado del crimen había sido juzgado
ya en cuatro ocasiones por abusos y violaciones, pero sin
llegar al homicidio, al ceder sus víctimas a sus pretensiones.
Los hechos nos sugieren que la joven estudiante de
quinto de periodismo, Marta María de los Ángeles dejó un
hermoso ejemplo, tanto en su vida agradecida al amor y
misericordia de Dios, como en el testimonio de su valerosa
muerte por defender la virtud.
Causa Pro-Beatificación de la Sierva de
Dios: Marta
Postulador Diocesano D. Saturnino López Grupo Pro-Beatificación, Coordinadora Montserrat A.
Con
fecha 28 de abril de 2007 se acepta el inicio
de su proceso de beatificación y desde ese momento es
considerada Sierva de Dios.
Marta era una joven seglar y
su CAUSA depende de la oración y adhesión de todo
del pueblo santo de Dios ya que no cuenta con
el apoyo específico de ninguna Institución, Orden o Congregación Religiosa.
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