Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net La realidad entre discoteca y discoteca
Tener la valentía de romper con la presión, es algo que pocos pretenden y que consiguen menos
La realidad entre discoteca y discoteca
La discoteca es, para muchos, un mundo de ficción
y de emociones, de música, cerveza, bailes y, algunas veces,
también de drogas. Todo pasa muy rápido en una sala
de luces y sombras, de encuentros y separaciones, de gritos
y de fiesta.
Pero el tiempo no perdona, y llega la
hora de salir. La madrugada (o, en algunos casos, el
amanecer) sorprende a muchos en un estado de euforia y
a otros en un profundo cansancio. Hay que llegar a
casa, hay que inventar una excusa del “retraso”. Hay que
encontrar, a veces casi a tientas, la cama o una
butaca, y tumbarse a dormir un poco.
Así dicen descansar miles
de jóvenes. La semana transcurre entre estudio y trabajo, clases
y televisión, monotonía y alguna que otra sorpresa. Desde el
viernes o el sábado en la tarde la discoteca se
convierte en un punto obligado de encuentro, de liberación, de
alegría bulliciosa.
¿Es posible dejar de ir siempre a un lugar
donde un clima irreal, de fantasía, de diversión desenfrenada, produce
espejismos y sensaciones que no siempre ayudan a afrontar la
realidad y a vivir de un modo sano los compromisos
de la vida?
Nos hace falta abrir los ojos. Darnos cuenta
del daño que se sigue del tomar muchas copas y
del bailar hasta la locura. Reconocer el daño que produce
el exceso de humo, o esas drogas ligeras que, aquí
y allá, pasan del bolsillo a la boca. Aceptar que
ciertas excitaciones corporales dañan profundamente la psicología de quien se
hace cada vez más dependiente del placer y de las
fiestas.
No es fácil romper con la discoteca cuando se ha
convertido en “algo imprescindible”, en una cadena psicológica. El valor
es cosa de pocos, y muchos no son capaces ya
de pensar de otra manera. La costumbre aprisiona, y crea
modos de vivir que tiñen la vida de tristeza, ante
el fracaso de una fiesta que llega a su fin
y obliga a todos a salir, confusos, cansados o engreídos
(que es el peor engaño), para afrontar una realidad a
la que no preparan ni la cerveza ni los gritos.
Para
muchos, resultaría casi un sueño dejar de ir a las
fiestas, abandonar una costumbre que aprisiona. La sociedad condiciona a
muchas personas a vivir de un modo fijo, monótono, standard.
Querer hacer algo distinto, tener la valentía de romper con
la presión, es algo que pocos pretenden y que consiguen
menos. Los jóvenes no son extraños a esta presión de
lo que se convierte en “norma” y casi obligación, aunque
digan ser libres, aunque piensen que van a la “disco”
porque ellos lo han decidido sin que nadie se lo
exija.
La verdad está, precisamente, fuera de la sala de bailes.
Alguna vez habrá que tomar la decisión de buscar un
descanso nuevo, más sereno y solidario, más abierto a un
mundo bello, más cercano a la familia y a los
amigos sinceros, los que quieren mi bien, los que trabajan
por ideales y por quienes necesitan de una mano. Es
posible. Basta con probar el próximo sábado esa dicha de
quien mira las estrellas y acompaña a un anciano que
nos cuenta, con su sonrisa, cómo es hermosa la vida
cuando permitimos a Dios caminar a nuestro lado.
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Así es como muchos jóvenes se "divierten" pero es una trampa que los atrapa en el vicio con las noches de cerveza a un peso, damas toman todo lo que quieran, etc. Que hemos hecho nosotros para combatir esto, hemos presentado alguna queja a las autoridades para que esto no se permita ni se le de tanta publicidad? Estamos fallandpo como católicos al no darle a los jóvenes los espacios de diversión que sean sanos.
Publicado por: Roberto
Fecha: 2009-11-24 11:23:49
Buen articulo muy cierto aveces los jovenes nos enfocamos mas en las cosas mundanas que en los regalos que Dios nos da gracias saludos
Publicado por: Diego
Fecha: 2009-11-24 09:25:51
Gracias por este artiuclo
Publicado por: Hugo
Fecha: 2009-11-23 15:42:14
Muy bueno el articulo, la verdad poetioc pero no deja de ser cierto.
Slds y bendiciones para todos