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Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant | Fuente: www.caminando-con-jesus.org La Moral del Cristiano
El que cree en Dios, el que acepta la Buena Noticia de Jesucristo, no puede cerrar los ojos ante la pobreza ni menos darle la espalda y practicar frente a ella la indiferencia
La Moral del Cristiano
LA SOLIDARIDAD CON LA POBREZA
Los cristianos consecuentes, debemos abrazar
con mucho amor a todos aquellos que viven afligido por
la falta de de recursos económicos. Si somos indiferentes con
los pobres, especialmente con lo que han nacido en condiciones
humildes, tal como nació Jesús, no podemos decir que sentimos
o conocemos que es la palabra caridad.
En efecto, la honestidad
pura en expresar el amor a Dios por sobre toda
las cosas y el amor al prójimo, no es tal
si despreciamos a los pobres. La desidia frente a la
pobreza, es irreverencia a Dios.
No existe mayor infidelidad a los
Evangelios, que el no mirar y sentir a la pobreza
con amor, respeto, solidaridad y preocupación por ella.
Llamamos a
Dios como padre, por que somos hermanos de todos los
hombres, nos llamamos cristianos porque somos seguidores de Jesucristo, entonces
nos debemos sentir llamados a estar junto a todos los
que necesitan, nos sentimos obligados a ayudar a los pobres
y en forma permanente, como si fuera parte de nuestra
tarea diaria, en otras palabras haciendo de esta ayuda nuestra
misión.
Son variadas las formas de pobreza que existen hoy, son
muchos los tipos de desigualdades, como son muchas las formas
de ayuda a las cuales podemos recurrir, nuestro punto
de partida debe comenzar por el reconocimiento de la realidad
actual de la pobreza y de las causas que la
originan. Esta condición es necesaria para responder con eficacia al
llamado solidario que nos hace Jesús desde el Evangelio para
con nuestros hermanos, el que nos compromete a una sincera
voluntad de amar y servir al que sufre.
La pobreza existe
en la misma relación que la falta de solidaridad y
la falta de caridad en el corazón de los hombres,
y para muchos, preocuparse de la pobreza no deja
de ser un discurso que solo busca el beneficio
personal. En efecto, hermosas palabras solidarias a los pobres son
convincentes para el apoyo político, actitud que avergüenza al hombre
como tal. Las crisis y los desequilibrios sociales tienen sus
responsables en nuestra sociedad, el desempleo y los ingresos paupérrimos
son una clara prueba de ello.
Basta con conocer la realidad
económica de muchos ancianos que reciben pensiones insuficientes, hay que
mirarle a los ojos, para darse cuenta como la vida
se extingue en tristeza, basta con mirar las viviendas de
los marginados para observar como la alegría no es parte
de su vida. Así es, como lo único que se
necesita, es ver y querer ver, para darse cuenta del
aspecto doloroso de pobreza que existe alrededor nuestro y mucho
mas cercano de lo que podemos imaginar.
Es tarea de los
que estudian las leyes económicas, la creación de bases para
terminar o al menos mitigar con el dolor de vivir
en la marginidad y debilidad económica, es tarea de todos
aportar ideas para disminuir la pobreza, es compromiso de todo
cristiano ser solidario con el hermano necesitado.
Algo que no podemos
negar: la pobreza es una realidad; a los pobres nos
los encontramos cada día. Para darse cuenta de esto, solo
basta con ampliar la mirada. La gran desigualdad entre
las personas, es injusta y perturba la paz.
El que cree
en Dios, el que acepta la Buena Noticia de Jesucristo,
no puede cerrar los ojos a esta realidad ni menos
darle la espalda y practicar frente a ella la indiferencia.
No es digno del hombre vivir una vida de hambre
y de falta de oportunidades, Dios no quiere la pobreza,
Jesucristo no aprueba que los hombres vivan indignamente, y nos
pide que seamos como El, compasivos con los pobres; quien
comprende esto, es consecuente con la Buena Noticia, quien
es solidario con los pobres, los es con las
enseñanzas de Jesús.
Jesucristo es la Buena Noticia para los pobres,
que duda cabe, El hizo del amor todas sus enseñanzas,
el nos abre el corazón para que seamos solidarios y
compartamos lo que tenemos. El se hizo pobre y vivió
su pobreza, El estuvo disponible para servir a todos los
hombres, el llamó bienaventurados a los pobres, y a cuantos
quisieran vivir cerca de los pobres y compartir con ellos
lo que son y lo que tienen, El nos enseño
a mirar a los pobres con la mirada de Dios,
por tanto, si somos sus discípulos, seamos consecuente.
Entonces no dejemos
de lado la misión de justicia y caridad en la
tarea de disminuir la pobreza, porque la vida de los
hombres será más justa, fraternal y humana, en la medida
en que hagamos una realidad nuestro sentido del amor solidario
y misericordioso.
La pobreza, y la marginación que de ella se
origina, no es otra cosa, que la falta de amor
a los necesitados. La caridad a favor de los más
pobres no es algo ajeno a nuestro vivir. Promover acciones
para mitigar la pobreza no es cosa de solo algunos
o ciertas instituciones. Los cristianos debemos asumir esta responsabilidad, juntos
con llevar la Buena Noticia, nos corresponde trabajar para que
sea posible que los pobres salgan de su indigna condición
humana, y su exclusión de nuestra sociedad.
De libro de Pedro
Sergio Donoso Brant, versión en PDF que se puede descargar
desde este enlace LA MORAL DEL CRISTIANO (LIBRO)
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