La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Santo Padre Benedicto XVI | Fuente: vatican.va Migraciones: signo de los tiempos
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI par la XCII Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado (15 de enero 2006)
Migraciones: signo de los tiempos
Queridos hermanos y hermanas:
Hace cuarenta años se concluía
el concilio ecuménico Vaticano II, cuya rica enseñanza abarca numerosos
campos de la vida eclesial. En particular, la constitución pastoral
Gaudium et spes realizó un atento análisis de la compleja
realidad del mundo contemporáneo, buscando los modos más adecuados para
llevar a los hombres de hoy el mensaje evangélico. Con
ese fin, acogiendo la invitación del beato Juan XXIII, los
padres conciliares se esforzaron por escrutar los signos de los
tiempos, interpretándolos a la luz del Evangelio, para brindar a
las nuevas generaciones la posibilidad de responder adecuadamente a los
interrogantes perennes sobre el sentido de la vida presente y
futura, y sobre el planteamiento correcto de las relaciones sociales
(cf. Gaudium et spes, 4). Entre los signos de los
tiempos reconocibles hoy se pueden incluir ciertamente las migraciones, un
fenómeno que a lo largo del siglo recién concluido asumió
una configuración, por decirlo así, estructural, transformándose en una característica
importante del mercado del trabajo a nivel mundial, como consecuencia,
entre otras cosas, del fuerte impulso ejercido por la globalización.
Naturalmente, en este "signo de los tiempos" confluyen diversos componentes.
En efecto, comprende las migraciones internas y las internacionales, las
forzadas y las voluntarias, las legales y las irregulares, también
sujetas a la plaga del tráfico de seres humanos. Y
no se puede olvidar la categoría de los estudiantes extranjeros,
cuyo número aumenta cada año en el mundo.
Con respecto
a los que emigran por motivos económicos, cabe destacar el
reciente hecho de la "feminización" del fenómeno, es decir, la
creciente presencia en él de la mujer. En efecto, en
el pasado, quienes emigraban eran sobre todo los hombres, aunque
no faltaban nunca las mujeres; sin embargo, entonces ellas emigraban
sobre todo para acompañar a sus respectivos maridos o padres,
o para reunirse con ellos donde se encontraban ya. Hoy,
aun siendo todavía numerosas esas situaciones, la emigración femenina tiende
a ser cada vez más autónoma: la mujer cruza
por sí misma los confines de su patria en busca
de un empleo en el país de destino. Más aún,
en ocasiones, la mujer emigrante se ha convertido en la
principal fuente de ingresos para su familia. De hecho, la
presencia femenina se da sobre todo en los sectores que
ofrecen salarios bajos. Por eso, si los trabajadores emigrantes son
particularmente vulnerables, entre ellos las mujeres lo son más aún.
Los ámbitos de empleo más frecuentes para las mujeres son,
además de los quehaceres domésticos, la asistencia a los ancianos,
la atención a las personas enfermas y los servicios relacionados
con el hospedaje en hoteles. En estos campos los cristianos
están llamados a manifestar su compromiso en favor del trato
justo a la mujer emigrante, del respeto a su feminidad
y del reconocimiento de sus derechos iguales.
No se puede
por menos de mencionar, en este contexto, el tráfico de
seres humanos, sobre todo de mujeres, que prospera donde son
escasas las oportunidades de mejorar la propia condición de vida,
o simplemente de sobrevivir. Al traficante le resulta fácil ofrecer
sus "servicios" a las víctimas, que con frecuencia no albergan
ni la más mínima sospecha de lo que deberán afrontar
luego. En algunos casos, hay mujeres y muchachas que son
destinadas a ser explotadas, en el trabajo, casi como esclavas,
y a veces incluso en la industria del sexo. Al
no poder profundizar aquí el análisis de las consecuencias de
esa migración, hago mía la condena que expresó Juan Pablo
II contra "la difundida cultura hedonista y comercial que promueve
la explotación sistemática de la sexualidad" (Carta a
las mujeres, 29 de junio de 1995, n. 5). Aquí
se halla todo un programa de redención y liberación, del
que los cristianos no pueden desentenderse.
Por lo que atañe
a la otra categoría de emigrantes, la de los que
piden asilo y de los refugiados, quisiera destacar que en
general se suele afrontar el problema constituido por su ingreso,
sin interrogarse también acerca de las razones que los han
impulsado a huir de su país de origen. La Iglesia
contempla este mundo de sufrimiento y de violencia con los
ojos de Jesús, que se conmovía ante el espectáculo de
las muchedumbres que andaban errantes como ovejas sin pastor (cf.
Mt 9, 36). Esperanza, valentía, amor y también "creatividad de
la caridad" (Novo millennio ineunte, 50) deben impulsar
el necesario compromiso, humano y cristiano, para socorrer a estos
hermanos y hermanas en sus sufrimientos. Sus Iglesias de origen
deben manifestarles su solicitud con el envío de asistentes de
su misma lengua y cultura, en diálogo de caridad con
las Iglesias particulares de acogida.
Por último, a la luz
de los actuales "signos de los tiempos",
merece particular atención el fenómeno de los estudiantes extranjeros. Su
número, también gracias a los "intercambios" entre las diversas universidades,
especialmente en Europa, registra un aumento constante, con los consiguientes
problemas, también pastorales, que la Iglesia no puede descuidar. Esto
vale de modo especial para los estudiantes procedentes de los
países en vías de desarrollo, para los cuales la experiencia
universitaria puede constituir una ocasión extraordinaria de enriquecimiento espiritual.
A
la vez que invoco la asistencia divina para quienes, impulsados
por el deseo de contribuir a la promoción de un
futuro de justicia y paz en el mundo, trabajan con
empeño en el campo de la pastoral al servicio de
la movilidad humana, envío a todos, como prenda de afecto,
una especial bendición apostólica.
Vaticano, 18 de octubre de 2005
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la comunidad Consejo y asesoría a personas interesadas en los servicios, funciones, ministerios y formas de animación de la vida cristiana de las distintas asociaciones, movimientos y hermandades de la Iglesia católica
Ver todos los consultores