La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia | Fuente: ZENIT.org Esperanza alegre - Apostolado de la sonrisa
Publicamos el mensaje que ha escrito monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia, con motivo del primer domingo de Adviento
Esperanza alegre - Apostolado de la sonrisa
El 30 de noviembre, celebramos el primer aniversario de la
publicación de la segunda encíclica de Benedicto XVI: "Spe Salvi"
(Salvados en Esperanza). En este tiempo de Adviento, en el
que la Iglesia renueva una vez más, la invitación a
vivir la virtud teologal de la esperanza.
Tenemos que reconocer que,
con frecuencia, en nuestra cultura se ha forjado una imagen
un tanto "melancólica" de la esperanza. Parece como si identificásemos
la esperanza con un suspiro que añora la realización de
unos ideales, al mismo tiempo que los percibe como una
utopía inalcanzable. Alguien dijo que la esperanza sin Dios (¿"esperanza
laica"?), por mucho que se exprese en tonos poéticos, acaba
por reducirse al lamento triste y nostálgico.
¿No es cierto, acaso,
que en nuestras conversaciones hay una gran inflación de lamentos
y de reivindicaciones estériles? Todo el mundo parece quejarse de
todo. El "victimismo" se ha convertido en una actitud de
vida, consistente en creernos destinatarios de todos los males, al
mismo tiempo que nos hacemos ciegos para reconocer el bien
e incapaces de agradecerlo. Así lo describía Martín Descalzo: "Antaño
la hipocresía era fingirse bueno. Hoy en día, la hipocresía
es inventarse dolores, teniendo motivos para estallar de alegría".
Pues bien,
en este tiempo de Adviento que iniciamos, tiempo de espera
gozosa en el Mesías, tenemos una ocasión de oro para
crecer en la virtud de la alegría. Pero... ¿cómo es
eso de considerar la alegría como una "virtud"? ¿No se
trata acaso, de un estado emotivo, fruto de unas circunstancias
cuyo control no está en nuestras manos? ¿Acaso no sería
algo ficticio, el intento de procurar ser alegres "artificialmente"?
Los cristianos
tenemos muchas razones para la alegría. La liturgia del Adviento
nos las recuerda una y otra vez, ante el peligro
de que los agobios de nuestra vida nos impidan disfrutar
de ellas: "(...) cuando salimos animosos al encuentro de tu
Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este
mundo" (Oración colecta, Domingo II de Adviento), "(...) concédenos llegar
a la Navidad -fiesta de gozo y salvación- y poder
celebrarla con alegría desbordante" (Oración colecta, Domingo III de Adviento).
Ciertamente,
la alegría es fruto de una Buena Noticia, pero no
puede ser alcanzada sin librar antes una importante batalla interior.
La alegría no es un estado anímico que nos sobreviene
y nos abandona caprichosamente, sino que es un hábito que
se adquiere con voluntad y perseverancia. Es el fruto del
ejercicio de la penitencia interior, que nos lleva a mortificar
tantas tristezas inconsistentes que pretenden imponerse a las razones para
el gozo interior. Aunque nos puedan parecer incompatibles estos dos
conceptos, no dudemos de que la "alegría" es la mejor
"penitencia". Más aún, hemos de desconfiar de las penitencias que
no nos lleven a superar nuestras tristezas y amarguras. La
penitencia más perfecta es aquella por la que le ofrecemos
a Dios y a nuestro prójimo una sonrisa transparente y
perseverante, que solamente puede brotar de un corazón enamorado y
agradecido.
Para resolver esta aparente paradoja, tal vez debamos redescubrir el
auténtico sentido de la "penitencia", es decir, su sentido teológico.
Decía Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica, que
"la penitencia realiza la destrucción del pecado pasado". No olvidemos
que la tristeza se introdujo en nosotros como fruto del
pecado; y que éste no será plenamente vencido hasta que
no rescatemos la alegría. Rescatamos la alegría, sólo cuando hemos
vencido el pecado.
La alegría cristiana que nace de la virtud
teologal de la esperanza, nos permite relativizar las preocupaciones y
hasta nuestras propias debilidades. La sonrisa humilde y el buen
humor, resultan ser un arma espiritual de gran eficacia para
vencer las tentaciones del Maligno. Al mismo tiempo, el "apostolado
de la sonrisa" es uno de los testimonios más necesarios
y convincentes en el momento presente.
Iniciamos en este domingo un
nuevo año litúrgico. He aquí la primera súplica que la
liturgia de la Iglesia dirige a Dios: "Aviva en tus
fieles el deseo de salir al encuentro de Cristo que
viene, acompañados por las buenas obras" (Oración colecta, Domingo I
de Adviento). Lo sorprendente quizás sea descubrir que la primera
"buena obra" que Dios nos pide, pueda ser... una sonrisa.
Para recibir las noticias de Zenit por correo electrónico puede
suscribirse aquí
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la comunidad Consejo y asesoría a personas interesadas en los servicios, funciones, ministerios y formas de animación de la vida cristiana de las distintas asociaciones, movimientos y hermandades de la Iglesia católica
Ver todos los consultores