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Autor: Tiempos Nuevos (1) La primera evangelización
Lo que les digo de noche, díganlo a la luz del día, y lo que les digo al oído, predíquenlo desde los terrados
La primera evangelización
Llamó Jesús a sus doce apóstoles, les dio poder
y autoridad sobre todos los demonios y virtud de curar
las enfermedades. Y los envió a predicar el Reino de
Dios y curar a los enfermos.
Y les dijo: “No lleven
nada para el viaje, ni alforjas, ni pan, ni dinero,
ni ropa”.
Habiendo partido, iban de lugar en lugar anunciando el
Evangelio y haciendo curaciones por todas partes.
Después eligió a
otros setenta y dos, a los cuales envió delante de
Él, de dos en dos, por todas las ciudades y
lugares adonde había de ir Él mismo. Y les decía:
“La mies es mucha y los obreros pocos. Rueguen, pues,
al dueño de la mies que envíe obreros a su
mies. Vayan ustedes: he aquí que los envío como ovejas
en medio de lobos. Por lo tanto, deberán ser astutos
como serpientes y sencillos como palomas. El que los escucha
a ustedes me escucha a mí, y el que los
desprecia, a mí me desprecia. Y quien a mí me
desprecia, desprecia a Aquel que me ha enviado. Por mi
causa los llevarán ante reyes y gobernadores para dar testimonio
de mí ante ellos. No se preocupen de lo que
tienen que decir, pues el Espíritu Santo hablará por ustedes.
Todos
los odiarán por causa de mi nombre, pero el que
persevere hasta el fin, ése se salvará.
No tengan miedo,
pues no hay nada oculto que no llegue a descubrirse.
Lo que les digo de noche, díganlo a la luz
del día, y lo que les digo al oído, predíquenlo
desde los terrados. No teman a los que matan al
cuerpo y no pueden matar el alma; teman sólo a
los que pueden arrojar alma y cuerpo al infierno.
Todo aquel
que me reconozca delante de los hombres, yo también lo
reconoceré delante de mi Padre que está en los cielos,
pero quien me negare delante de los hombres, yo también
lo negaré delante de mi Padre que está en los
cielos”.
Regresaron los setenta y dos llenos de gozo, diciendo:
“Señor, hasta los demonios mismos se sujetan a nosotros por
la virtud de tu nombre”.
Él les respondió: “Yo estaba viendo
a Satanás caer como un relámpago. Les he dado poder
de tocar serpientes y escorpiones y todo el poder sobre
el enemigo y nada podrá hacerles daño. Pero no se
alegren tanto porque los demonios se les sometan. Alégrense más
bien porque sus nombres están escritos en el cielo”.(cfr. Lc.
9, 1 ss.; Lc. 10, 1 ss.; Mt. 10, 16
ss.; Lc. 10, 17 ss.)
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