Autor: Tomas mendieta | Fuente: Catholic.net ¿También tú piensas que la meditación o la oración es difícil para un laico?
Debemos escuchar y comprender bien a los laicos para luego poder ayudarles con acierto en su vida de oración, sin causarles frustración
¿También tú piensas que la meditación o la oración es difícil para un laico?
Cuanto más escucho a universitarios y a casados, más me
convenzo de que su vida es diferente a la nuestra
y que por tanto no podemos recetarles, sin más, consejos
de la oración propia del sacerdote o del consagrado. Lo
esencial lo tenemos en común y muchas de las dificultades
también, pero su vida es diferente a la nuestra.
"Los laicos
no necesitamos tanto que nos motiven sobre la importancia de
la oración, sino que comprendan nuestra vida, que nos digan
cómo escuchar a Dios y nos acompañen", me dijo una
chica antes de comenzar el taller de oración que tuvimos
ahora en Medellín. Otra: "Sentimos que a veces nos piden
mucho en la vida de oración, nos sentimos presionadas, nuestra
vida es muy difícil." Una más: "Antes que conocer métodos
quisiera aprender a llevar a Jesús a todas partes y
sentirlo siempre junto a mí."
Con razón el 22 de junio
de 2012 dijo el Papa a los obispos colombianos: "Muchas
veces la gente sincera que sale de nuestra Iglesia no
lo hace por lo que los grupos ´no católicos´ creen,
sino fundamentalmente por lo que ellos viven; no por razones
doctrinales sino vivenciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales;
no por problemas teológicos sino metodológicos de nuestra Iglesia"
Tenemos que
escuchar mucho más, esforzarnos por comprender mejor la vida del
cristiano que anda todos los días por la calle. Sobre
esa base y en diálogo con ellos, tratar de ayudarles
a mejorar su comunicación con Dios, sobre todo, a aprender
cómo habla Dios y cómo se le escucha.
Doce retos de
la vida del laico:
Algunas de las características y desafíos de
la vida del laico son los siguientes:
1. Su mundo es
la familia, la universidad, el matrimonio, el trabajo, los amigos,
la vida social, la política, los deportes, la moda, la
cultura, los hobbies y pasatiempos, las redes sociales en internet... 2.
Viven de prisa, bajo presión y en medio de continuos
imprevistos y sorpresas. 3. Sus sentidos están bombardeados permanentemente por estímulos
fuertes, invasivos y agresivos, lo cual provoca mucho ruido interior
y gran dispersión mental. 4. El contraste de vida social y
soledad interior duele mucho. 5. La presión social, la competencia, los
conflictos familiares y laborales, causan mucha turbación. 6. Sus ilusiones, planes,
sueños, aspiraciones, son los propios de un laico. 7. El ejercicio
de la libertad es todo un reto. La dificultad de
tomar decisiones a la luz del evangelio en circunstancias tan
nuevas y adversas es muy difícil. 8. La experiencia del límite
y del fracaso en la búsqueda de la verdadera felicidad
se presenta a cada paso. 9. La pregunta por el sentido
de tantas cosas no encuentra respuestas simples ni se comprende
el recurso a las respuestas sobrenaturales. 10. El materialismo, el consumismo
y el exceso de tantas cosas sin satisfacciones duraderas les
produce mucho cansancio y decepción. 11. Las responsabilidades son muchas, muy
fuertes y las tienen que afrontar en medio de circunstancias
incontrolables. 12. «La vocación de los fieles laicos a la santidad
implica que la vida según el Espíritu se exprese particularmente
en su inserción en las realidades temporales y en su
participación en las actividades terrenas» (Christifideles laici, 17).¡Vaya reto!
Y podríamos
seguir... Creo que está claro que en estas condiciones no
es fácil la meditación.
A finales del Siglo II se escribió
la Carta a Diogneto. Es considerada la obra más bella
y mejor compuesta de la literatura apologética. El desafío que
propone al cristiano de nuestros días es de gran actualidad:
Habitan
en sus propias patrias, pero como extranjeros; participan en todo
como los ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda
tierra extraña les es patria, y toda patria les es
extraña.
Se casan como todos y engendran hijos, pero no abandonan
a los nacidos. Ponen mesa común, pero no lecho. Viven
en la carne, pero no viven según la carne. Están
sobre la tierra, pero su ciudadania es la del cielo.
Se someten a las leyes establecidas, pero con su propia
vida superan las leyes. Aman a todos, y todos los
persiguen. Se los desconoce, y con todo se los condena.
Son llevados a la muerte, y con ello reciben la
vida. Son pobres, y enriquecen a muchos (/2Co/06/10). Les falta
todo, pero les sobra todo. Son deshonrados, pero se glorían
en la misma deshonra. Son calumniados, y en ello son
justificados. «Se los insulta, y ellos bendicen» (1 Cor 4,
22). Se los injuria, y ellos dan honor. Hacen el
bien, y son castigados como malvados. Ante la pena de
muerte, se alegran como si se les diera la vida.
Los judíos les declaran guerra como a extranjeros y los
griegos les persiguen, pero los mismos que les odian no
pueden decir los motivos de su odio.
Para decirlo con brevedad,
lo que es el alma en el cuerpo, eso son
los cristianos en el mundo. El alma está esparcida por
todos los miembros del cuerpo, y los cristianos lo están
por todas las ciudades del mundo. El almahabita ciertamente en
el cuerpo, pero no es del cuerpo, y los cristianos
habitan también en el mundo, pero no son del mundo.
El alma invisible está en la prisión del cuerpo visible,
y los cristianos son conocidos como hombres que viven en
el mundo, pero su religión permanece invisible. La carne aborrece
y hace la guerra al alma, aun cuando ningún mal
ha recibido de ella, sólo porque le impide entregarse a
los placeres; y el mundo aborrece a los cristianos sin
haber recibido mal alguno de ellos, sólo porque renuncian a
los placeres. El alma ama a la carne y a
los miembros que la odian, y los cristianos aman también
a los que les odian. El alma está aprisionada en
el cuerpo, pero es la que mantiene la cohesión del
cuerpo; y los cristianos están detenidos en el mundo como
en un prisión, pero son los que mantienen la cohesión
del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal,
y los cristianos tienen su alojamiento en lo corruptible mientras
esperan la inmortalidad en los cielos."
A la luz de
esto, me parece claro que si bien la oración debe
ser para todos lo mismo, la oración del laico tiene
sus particularidades y en ese sentido es diferente. Debemos escuchar
y comprender bien a los laicos para luego poder ayudarles
con acierto en su vida de oración, sin causarles frustración.
Creo
que debemos preguntarnos con seriedad: ¿Qué debe cuidar o enfatizar
de manera especial un laico en su vida de oración?
Y ¿cuáles serían las exigencias de la pedagogía de la
oración para ellos?
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Creo que muy pocas veces se aborda tan directamente este tema de la oración del laico. Ojalá el autor pueda seguir ofreciéndonos otros aspectos de este tema, que me parece vital y urgente. Gracias!
Excelente artpículo, gracias por
contribuir a formarnos en
nuestra vida de laicos
comprometidos. creo que lo que
un laico debe cuidar en su vida
de oración es precisamente no
descuidar el hábito de orar,
porque orar es relación con el
amado y la exigencia de la
pedagogía de la oración es la
perseverancia. BENDICIONES.
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