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Autor: + Luis Bambarén Gastelumendi, S.J. | Fuente: Comisión Episcopal de Apostolado Laical, Perú 7. Mirando con esperanza el Tercer Milenio
Frente a los desafíos de la cultura adveniente se debe fortalecer la comunión eclesial
7. Mirando con esperanza el Tercer Milenio
La nueva evangelización nos llama a renovar nuestro ardor,
nuestros métodos y nuestras expresiones apostólicas. Son muchos los «signos
de esperanza» en estos tiempos, «a pesar de las sombras
que con frecuencia los esconden a nuestros ojos» (242). Entre
estos signos el Papa Juan Pablo II llama a «una
más atenta escucha de la voz del Espíritu a través
de la acogida de los carismas y la promoción del
laicado» (243). En las asociaciones y movimientos eclesiales encontramos motivos
de gran esperanza para este renovado empeño evangelizador. Son un
don del Espíritu Santo que ha derramado su gracia en
los corazones y que ha encontrado acogida y cooperación en
muchísimos fieles clérigos y laicos. Por esta razón en Santo
Domingo, dentro del programa de renovación del Pueblo de Dios
y de la convocatoria a emprender una nueva evangelización, se
propone como una de las líneas de compromiso para este
tiempo: «Motivar y alentar a las comunidades y movimientos eclesiales
para que redoblen su servicio evangelizador dentro de la orientación
pastoral de la Iglesia local» (244).
Como ha señalado el Papa Juan Pablo II, el
apostolado asociado es un signo de la comunión y de
la unidad de la Iglesia en Cristo. Un signo que
«debe manifestarse en las relaciones de "comunión", tanto dentro como
fuera de las diversas formas asociativas, en el contexto más
amplio de la comunidad cristiana» (245). Esta comunión es esencialmente
misionera. La comunión lleva a la misión y la misión
implica la comunión. Se pone así de manifiesto la rica
perspectiva eclesiológica de comunión de la enseñanza conciliar y del
Magisterio del Papa Juan Pablo II, como un marco apropiado
para una aproximación al floreciente fenómeno de la vida asociada
en la Iglesia. Las asociaciones y movimientos, desde su fidelidad
al Espíritu Santo, reflejan y hacen presente el misterio de
comunión que es la Iglesia, y colaboran para que la
vida de comunión eclesial sea «un signo para el mundo
y una fuerza atractiva que conduce a creer en Cristo»
(246).
La llegada del Tercer Milenio
nos sitúa ciertamente ante el umbral de nuevos tiempos. Los
movimientos están llamados, en unión con todos los demás integrantes
del Pueblo de Dios, a proclamar una vez más el
misterio de la encarnación al mundo entero, con la convicción
de que sólo en Jesucristo los seres humanos encontrarán el
sentido pleno de su existencia y la respuesta a sus
más hondos anhelos. Frente a los desafíos de la cultura
adveniente se debe fortalecer la comunión eclesial, para que desde
la complementariedad se pueda anunciar con renovado vigor el Evangelio
de la vida en las diversas circunstancias sociales y culturales.
Debemos mirar con esperanza el futuro.
La riqueza y variedad de las asociaciones y movimientos eclesiales
ponen de manifiesto la vitalidad de la Iglesia. Hacemos votos
para que, dejándose guiar por el Espíritu Santo, sean fecundos
en su servicio eclesial. Ponemos en la Santísima Virgen María
nuestras esperanzas, para que ella, que es la Madre de
Cristo y de la Iglesia, sea estrella que guíe los
pasos de las asociaciones y movimientos en el empeño por
impulsar la nueva evangelización que ponga en el corazón y
los labios de los hombres y mujeres de nuestro tiempo
y cultura a Jesucristo, vida y esperanza de los pueblos,
quien es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hb
13,8).
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NOTAS
242.S.S. Juan Pablo II, TMA,
46.
243.Loc. cit.
244.Santo Domingo, 131. La
promoción de los movimientos ha sido una constante en las
Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano de Medellín, Puebla y Santo
Domingo. Cf. Medellín, 3,21; 4,15; 5,6; 5,17; 5,18; 10,3; 10,6;
10,13; 10,16; 10,18; 15,17; Puebla, 155, 173, 615, 635, 782,
806; Santo Domingo, 38, 48, 58, 64, 95, 100, 102,
112, 131, 142, 222, 259.
245.Cf. S.S. Juan
Pablo II, ChL, 29.
246.S.S. Juan Pablo II, ChL,
31.
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