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Autor: Eufrasio Campayo Sánchez | Fuente: Apostolado del Mar de Málaga El puerto, lugar de evangelización
La profesión marítima condiciona al marino, a trabajar en la mar, donde los ritmos de trabajo son duros, permanentes...
El puerto, lugar de evangelización
Los muelles del puerto son lugar de encuentro de
miles de hombres de las más diversas lenguas, culturas, religiones
y países.
Miles de hombres que comparten un mismo
género de vida: la marítima y que les caracteriza desde
su peculiaridad trabajadora y profesional.
La profesión marítima condiciona al
hombre, al marino, a trabajar en la mar, donde los
ritmos de trabajo son duros, permanentes, sobre el mismo puesto
o lugar de trabajo, día y noche durante meses, en
condiciones imprevistas de peligrosidad. La imposibilidad de librarse del medio
ambiente hace que la vida entera se traduzca o exprese
en términos de trabajo. El sueño, el descanso, la comida
y toda la vida a bordo, se realiza en el
mismo espacio trabajo, incómodo, molesto y peligroso, en continua marcha
sobre la mar y en movimiento día y noche. El
aislamiento del mundo exterior, en ausencia del mundo social, familiar
y político, precio obligado de la profesión de marino viene
a aumentar la problemática humana por las repercusiones obligadas que
conllevan respecto a su sicología e integridad de su personalidad
La imposibilidad de una realización de vida normal
y común a los demás hombres y trabajadores pasan
factura, con el paso del tiempo, de peligrosas consecuencias de
marginación y pobreza de personalidad por no intervenir con
los demás hombres en el juego y marcha de la
sociedad prototipo universal que es la de tierra.
El marino
puede ser un hombre sin propia o escasa identidad personal,
familiar , religiosa y social. Ese es el riesgo de
la mar, el reto que se hace a estos miles
de hombres que ven pasar sus vidas medidas por la
monotonía del reloj inmenso e inhumano de la mar, donde
van dejando días y noches sin darle importancia, sus propias
vidas. Hombres que valoran más el momento o el instante
que la propia duración. Hombres libremente presos y en estado
de “conciencia de frustración”. Hogar, familia, amigos expansión humana o
relacional como seres humanos, son valores que no pueden compartir
de manera normal y necesaria.
El mismo marino tiene conciencia
de pertenecer a un mundo internacional, propio y característico con
notas diferenciales propias y marcadas. Un mundo de hombres que
se desenvuelven no en tierra sino en la mar. Un
mundo de lenguas, países, cultura y religión. Podríamos decir también,
que es una comunidad humana que se desplaza en continuo
movimiento por los mares, en soledad personal, familiar o social;
de un país al otro, de puerto en puerto ,
siendo de todos los sitios sin ser de ninguno. Paradoja
que les hace existentes cuando aparecen en los puertos
y les niega vida y valores cuando la mar los
oculta de la vista terrestre.
1.- Tipo de presencia de la
Iglesia
Sobre estas premisas y desde estos datos sociológicos, ¿Cómo
acercarse a estos hombres que viven en la mar?. En
la mar no existen templos, ni obispos, ni curas, ni
pastores, ni anuncio del Evangelio. La Iglesia es una implantación
de corte terrestre, de demarcaciones territoriales y jurisdicciones concretas.
La
Iglesia se expresa en templos, ritos y rúbricas y liturgias
características y acomodadas a hombres y comunidades sedentarias y culturalmente
semejantes. Y desde esos lugares y en esos ámbitos de
existencia humana concreta se realiza el anuncio salvador de Jesús.
Iglesia que, además de vivir y compartir el culto
y sacramento, tiene una influencia y aspiración misionera y trata
de hacerse cercana a los no creyentes o alejados de
la comunidad de fe, en medio de los cuales está
instalada como presencia evangelizadora.
Pero los hombres de la mar,
los marinos, por la diversidad y complejidad de su situación
humana se ven lejanos y no citados e invitados por
una comunidad cúltica, ni evangelizadora, ni educadora de la fe.
Cristianos o no, budistas o sintoístas, animistas o musulmanes, agnósticos
o nada, quedan justamente en la frontera pastoral de una
comunidad evangelizadora, que de por sí, ni les predica ni
les integra.
No es el momento de señalar olvidos, ni
cuestión de repartir responsabilidades, sino de aceptar hechos y realidades
que se ven justificadas por la dificultad que suponen a
la pastoral parroquial la comunidad de marinos que se le
aproximan en los muelles de sus puertos grandes o pequeños.
O los muelles son frontera de la Iglesia para los
hombres que viven en la mar o convendría pensar en
una presencia de la Iglesia en la frontera, es decir,
una Iglesia de frontera con expresiones propias e inteligibles para
un colectivo o comunidad humana internacional y diversa en cultura,
lengua y modos de creencias o de ateísmos.
2.- La "Seamen´s
House Stella Maris" signo de presencia
“Id y predicad”
es el grito de envío de la Iglesia. No indica
ni limita lugares, sino que señala el mundo entero y
toda criatura. Es un grito misionero, una existencia evangelizadora que
identifica a la comunidad de creyentes en Jesús. Es un
grito de esperanza y alegría para la humanidad. Es la
presencia y actualización, el momento histórico, de un Dios para
los hombres.
Por eso, también. El puerto es lugar de
envío y de evangelización: “es preciso que anuncie el Reino
de Dios en otras ciudades” (Lc. 4,43).
Presencia que debe
descubrir su estilo y modos para ser comprendida como tal
y entendida en palabras y gestos que tramen su liturgia.
Una comunidad cristiana no se acaba en el templo, sino
que también se realiza en los ambientes del mundo. El
culto a Dios desborda el recinto del templo y no
se agota en su altar, sino que se realiza también
en la vida del hombre y en el corazón de
cada uno. "SEAMEN´S HOUSE STELLA MARIS" , como base de
presencia de la Iglesia en el puerto se convierte también
en un templo o si se quiere mejor aún, en
un Panteón donde se cobijan los Dioses que traen los
marinos. Por eso el puerto es un lugar de encuentro
donde se citan dioses y hombres.
Una Iglesia amplia y
abierta a todos, de corte Ecuménico y de gestos de
servicio al hombre, tratando humildemente de adorar al único
Dios Verdadero que ellos desconocen, por ellos y a través
de ellos puede hacerse presente en los muelles, sin un
poco de valentía, imaginación y fe.
No se trata de
un caso de sincretismo religioso, sino de aceptar la pobreza
de contenidos religiosos que todo hombre conlleva y establecer desde
el Evangelio unas relaciones religiosas de expresión y contenido humano
y desde una calidad de servicios que se convierten en
sacramento y liturgia de un testimonio paciente y sencillo del
Dios desconocido.
Será necesario que la Iglesia presente en el
puerto sepa estar a la escucha de los gestos y
palabras de esta comunidad politeísta, que definan los propios valores
de sus creencias, para captarlos y admitirlos al menos, como
bagaje cultural y levantar el altar de la comprensión y
hermandad al Dios único y desconocido. Cada hombre lleva algo
de Dios en su Dios.
Por otra parte, esa presencia
de sacramento de la Iglesia en puerto, además de estar
atenta y a la escucha de los hombres, debe ser
dinámica. No debe conformarse con estar, debe acercarse al hombre
visitándolo en los barcos, anunciándose, ofreciendo su amistad y servicios.
Tendría que ser una Iglesia hecha de relaciones humanas, que,
aunque ocasionales y efímeras puedan convertirse en testimonio.
Estar, para
ser Testimonio: Iglesia testimonial, Iglesia de frontera, Iglesia de liturgia
humana. ¿Será suficiente? ¿Merece la pena?. La Eucaristía como expresión
de comunión de unidad y amor no podrá ser un
acontecimiento frecuente. Tampoco los demás sacramentos que identifican a la
comunidad. N siquiera la predicación ser programada sino ocasional, cuando
se requiera.
3.- A través de una comunidad de acogida
Podríamos
decir que esta presencia de Iglesia en Puerto, debe estar
fundamentada en una Comunidad de Acogida a través del "SEAMEN´S
HOUSE STELLA MARIS" o en él. Esta comunidad de
cristianos es la que recibe e los hermanos desconocidos en
actitud misionera, paciente y humilde y pone a su disposición,
de manera gratuita unos servicios humanos realizados en clave y
calidad evangélica que puedan entenderse y ser interpretados como testimonios
persuasivos o detalles de Jesús. “El Señor sobre todo Señor”.
Actitudes como el amor, la alegría, la bondad, la comprensión,
la servicialidad, la amabilidad acompañando a la gratuidad de los
servicios pueden hacer referencia a ALGUIEN a quien tenemos la
pretensión de representar y predicar.
Predicación no elaborada siempre con
palabras, pero sí con gestos, dichos que anuncian tácitamente a
nuestro Señor y Dios y que , a veces,
pueden ser más expresivos que las palabras y mejor entendidos
que las voces extranjeras que nos traen y les damos.
Una comunidad que está, que espera, que se preocupa, que
es dinámica, que acoge con amor a otra comunidad. Una
comunidad que no sólo trabaja y sirve, sino que es
orante, que reflexiona, que es crítica, que se mejora en
torno a una Eucaristía celebrada, una comunidad que evangeliza y
es fuertemente evangelizada, sentida y vivida como hecho inspirador y
comprometedor en el "SEAMEN´S HOUSE STELLA MARIS" , en los
muelles, en el puerto y en la mar. Una comunidad
comprometida, en suma, no sólo en servicios, sino en plegarias
al Único Dios y Padre de todos, en favor de
los hermanos a los que acogen en su nombre.
Una
comunidad que observa el dolor del hermano en el
hospital o en la cárcel y le visita y acompaña
en ese trance humano y penoso y lo comparte con
un interés personal tal que puede hacer reflexionar: “Mirad cómo
se aman”.
Una comunidad que además de ser presencia, acogedora,
dinámica, caritativa, servicial, orante, sea una comunidad ECLESIAL, eminentemente laical
inspirada y animada por el Capellán y responsable de sus
ministerios como creyente y seguidora d Jesús.
Una comunidad, en
suma, que a través de este testimonio sin palabras o
de pocas, haga plantearse a quienes les contemplan interrogantes irresistibles
como: ¿Por qué son así? ¿Por qué están con nosotros?
¿Por qué nos aman? ¿Qué o Quién los mueve?...
4.- Los
marinos, destinatarios de nuestra evangelización
El programa de nuestra evangelización
se encuentra atónito ante la complejidad y características humanas y
religiosas del mundo de la mar. Sin embargo las palabras,
en mandato de Jesús en el Evangelio de Marcos, confiere
a la Evangelización que el Señor confía a los
Apóstoles, una universalidad sin fronteras: “Id por todo el mundo
y predicad la Buena Noticia a toda criatura” (Mc. 16,15)
No hay duda que el mundo de la mar ofrece
dificultades o resistencias estructurales al evangelizador. Su continuo movimiento y
desplazamiento le colocan lejos de nuestro alcance como nómadas sin
lugar fijo y permanente; su condición de internacionalidad hace del
marino un emigrante siempre en lugar extraño con cultura y
lengua diferentes.
Su ir y venir de puerto en puerto
le descoloca de la atención pastoral por parte de la
Iglesia, como tienen otros grupos humanos que se mueven en
tierra. A estas condiciones de existencia laboral o profesional, no
olvidemos añadir el pluralismo religioso propio de una comunidad mundial
que plantean claramente la dificultad de evangelización o de sus
diferentes ritos o modos de realización.
Parece más fácil, en
este aspecto de pluralidad religiosa, acercarse o ser entendidos por
cristianos de diversas creencias, que por musulmanes, budistas, sintoístas, animistas...
Y más teniendo en cuenta que el componente humano del
mundo de la mar está experimentando un cambio sociológico rápido,
ya que marinos orientales están desplazando a los occidentales de
signo más o menos cristiano de la vida de la
mar. Este hecho nos coloca en nuestra evangelización prioritariamente ante
religiones no cristianas.
La Iglesia respeta y estima estas religiones
no cristianas, por ser expresión viviente del alma de vastos
grupos humanos. Llevan en sí mismas el eco de milenios
a la búsqueda de Dios, búsqueda incompleta, pero hecha con
sinceridad y rectitud de corazón... y constituyen una auténtica “preparación
evangélica” (Evg. Nnt.) No obstante, ni el respeto ni la
estima a estas religiones, ni la complejidad de las cuestiones
planteadas implica para la Iglesia una invitación a silenciar a
los no cristianos el anuncio de Jesucristo
Eufrasio Campayo Sánchez Sacerdote y
Consiliario Diocesano del Apostolado del Mar
Stella Maris, Apostolado
del Mar de la Diócesis de Málaga, España
Imagen: Detalle de "Puerto de Mahón" por
Marcos Seguí
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