La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: José María Iraburu | Fuente: mercaba.org La Adoración Eucarística en la Misa
San Pío X, «el papa de la Eucaristía», concede indulgencias a quien mire piadosamente la hostia elevada, diciendo «Señor mío y Dios mío»
La Adoración Eucarística en la Misa
Centralidad de la Eucaristía
Desde el principio del cristianismo, la
Eucaristía es la fuente, el centro y el culmen de
toda la vida de la Iglesia. Como memorial de la
pasión y de la resurrección de Cristo Salvador, como sacrificio
de la Nueva Alianza, como cena que anticipa y prepara
el banquete celestial, como signo y causa de la unidad
de la Iglesia, como actualización perenne del Misterio pascual, como
Pan de vida eterna y Cáliz de salvación, la celebración
de la Eucaristía es el centro indudable del cristianismo.
Normalmente, la
Misa al principio se celebra sólo el domingo, pero ya
en los siglos III y IV se generaliza la Misa
diaria.
La devoción antigua a la Eucaristía lleva en algunos momentos
y lugares a celebrarla en un solo día varias veces.
San León III (+816) celebra con frecuencia siete y aún
nueve en un mismo día. Varios concilios moderan y prohiben
estas prácticas excesivas. Alejandro II (+1073) prescribe una Misa diaria:
«muy feliz ha de considerarse el que pueda celebrar dignamente
una sola Misa» cada día.
Reserva de la Eucaristía
En los siglos
primeros, a causa de las persecuciones y al no haber
templos, la conservación de las especies eucarísticas se hace normalmente
en forma privada, y tiene por fin la comunión de
los enfermos, presos y ausentes.
Esta reserva de la Eucaristía, al
cesar las persecuciones, va tomando formas externas cada vez más
solemnes.
Las Constituciones apostólicas -hacia el 400- disponen ya que, después
de distribuir la comunión, las especies sean llevadas a un
sacrarium. El sínodo de Verdun, del siglo VI, manda guardar
la Eucaristía «en un lugar eminente y honesto, y si
los recursos lo permiten, debe tener una lámpara permanentemente encendida».
Las píxides de la antigüedad eran cajitas preciosas para guardar
el pan eucarístico. León IV (+855) dispone que «sólamente se
pongan en el altar las reliquias, los cuatro evangelios y
la píxide con el Cuerpo del Señor para el viático
de los enfermos».
Estos signos expresan la veneración cristiana antigua al
cuerpo eucarístico del Salvador y su fe en la presencia
real del Señor en la Eucaristía. Todavía, sin embargo, la
reserva eucarística tiene como fin exclusivo la comunión de enfermos
y ausentes; pero no el culto a la Presencia real.
La
adoración eucarística dentro de la Misa
Ha de advertirse, sin embargo,
que ya por esos siglos el cuerpo de Cristo recibe
de los fieles, dentro de la misma celebración eucarística, signos
claros de adoración, que aparecen prescritos en las antiguas liturgias.
Especialmente antes de la comunión -Sancta santis, lo santo para
los santos-, los fieles realizan inclinaciones y postraciones:
«San Agustín decía:
"nadie coma de este cuerpo, si primero no lo adora",
añadiendo que no sólo no pecamos adorándolo, sino que pecamos
no adorándolo» (Pío XII, Mediator Dei 162).
Por otra parte, la
elevación de la hostia, y más tarde del cáliz, después
de la consagración, suscita también la adoración interior y exterior
de los fieles. Hacia el 1210 la prescribe el obispo
de París, antes de esa fecha es practicada entre los
cistercienses, y a fines del siglo XIII es común en
todo el Occidente. En nuestro siglo, en 1906, San Pío
X, «el papa de la Eucaristía», concede indulgencias a quien
mire piadosamente la hostia elevada, diciendo «Señor mío y Dios
mío» (Jungmann II,277-291).
Si tienes alguna duda, conoces algún caso que quieras
compartir, o quieres darnos tu opinión, te esperamos en los
FOROS DE CATHOLIC.NET donde siempre encontrarás a alguien al
otro lado de la pantalla, que agradecerá tus comentarios y
los enriquecerá con su propia experiencia.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la comunidad Consejo y asesoría a personas interesadas en los servicios, funciones, ministerios y formas de animación de la vida cristiana de las distintas asociaciones, movimientos y hermandades de la Iglesia católica
Ver todos los consultores