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Autor: Rubén Robles Monge | Fuente: anmconsamex.homestead.com ¿Es la Eucaristía una cosa sagrada?
La Eucaristía NO ES UNA COSA, aunque le pongamos el adjetivo de sagrada. La Eucaristía ES UNA PERSONA; es la presencia de una PERSONA SANTISIMA: Jesucristo Nuestro Señor
¿Es la Eucaristía una cosa sagrada?
Si lo fuera seríamos idólatras y, por cierto, de
los más vulgares, baratos y corrientes.
Sin embargo, cada vez que
hago esta pregunta, la respuesta rápida es: ¡sí!
Por alguna razón
el Pueblo de Dios ha mantenido esta idea corrupta de
la Eucaristía, en su mente y en su corazón, que
pervierte sus sentimientos hacia quien está presente en los dones
consagrados.
Y es que la Eucaristía NO ES UNA COSA, aunque
le pongamos el adjetivo de sagrada.
La Eucaristía ES UNA PERSONA;
es la presencia de una PERSONA SANTISIMA: Jesucristo Nuestro Señor,
El Verbo Eterno, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.
Quizá
en parte se deba a que se le designan sus
características con palabras que, fuera de un contexto complementario que
manifieste su calidad de persona, en principio dan idea de
cosas.
Así sucede con las palabras como sacramento, santísimo o Santísimo
Sacramento con que se ha designado a la Presencia Santa
durante siglos.
Y no es que esas palabras designen algo que
no es.
La Eucaristía es verdaderamente un sacramento. El Señor no
se presenta con un cuerpo físico como hace dos mil
años lo fué Jesús de Nazaret, sino que se presenta
como signo en los dones consagrados, es decir, como sacramento.
Igualmente,
es verdaderamente Santísimo --o Santísima (Eucaristía)--; es el Señor "tres
veces santo"; es aquel de quien se dice "ángeles y
querubines dicen santo, santo, santo".
Como Dios Hijo es verdaderamente el
Santísimo que se presenta como Sacramento. Es realmente el Santísmo
Sacramento.
El problema está, como se dijo antes, que esas palabras
tienen que ir complementadas con otras que afirmen y confirmen
que el Santísimo, o el Santísimo Sacramento, es una Persona.
Por
ejemplo, en las preces litánicas para la reserva del Santísimo
Sacramento se dice maravillosamente: "Bendito sea JESÚS en el Santísimo
Sacramento del Altar".
En nuestro Ritual Nacional, en México, se dice:
"¡CRISTO, Pan Celestial, danos la vida eterna!"
La Adoración Nocturna Española
tiene como su lema de presentación; ¡Adorado sea JESÚS Sacramentado!
Frases
acordes a esta necesidad serían: "El Señor Jesús en el
Santísimo Sacramento"; "El Señor de la Eucaristía"; "Nuestro Señor
Jesucristo Sacramentado"... y así de forma semejante.
Con la palabra eucaristía
sucede lo mismo. Igualmente, al usarla sin su contexto de
persona, como primera idea se entiende una cosa.
Alguien podría decir,
peyorativamente, que se es perfeccionista. Entonces pregúntese si es válido
el actual desprestigio del Resucitado, el Viviente de la Eucaristía,
que se observa en los ambientes de fe, tan infestados,
más en otras latitudes, de relativismo infantil.
Para muchas otras fiestas
y celebraciones religiosas, hay ocasiones en que se derrocha gusto
y fervor, se hacen las inmensas peregrinaciones. ¿Cuántas peregrinaciones grandiosas,
al menos en nuestro país, se harán a Guadalajara con
motivo del Congreso Eucarístico Internacional, para acudir al llamado del
Señor de la Eucaristía, Nuestro Dios y Señor Jesucristo? ¿O
siquiera peregrinaciones sencillas? Quizá se realicen de estas últimas;
pero pocas.
Es que la cosa no llama, no se le
escucha; la cosa solo sirve para usarse utilitariamente.
Pero si sabemos
que quien llama es una persona, se pondrá más atención
al llamado. Y si amamos a esa Persona, porque sabemos
que nos ama con amor divino e infinito, más fácilmente
acudiremos a su llamado; es que no podemos quedar mal
con ALGUIEN que amamos y que sabemos que nos ama.
San
Pedro Julián Eymard, Apóstol de la Eucaristía, observa: "La Eucaristía
es la Persona del Señor...La Sagrada Eucaristía es Jesús pasado,
presente y futuro... Es Jesús hecho Sacramento". Y con palabras
que son válidas en nuestros días, también dice: "El gran
mal de nuestra época es que no vemos a Jesucristo
como su salvador y a su Dios. Se abandona el
único fundamento, la única fe, la única gracia de la
salvación... Entonces ¿qué hacer? Regresar a la fuente de la
vida, pero no al Jesús histórico o al Jesús glorificado
en el cielo sino al Jesús que está en la
Eucaristía..."
El Pueblo de Dios merece que se le anuncie la
verdad sobre el Viviente que está con nosotros en la
Eucaristía.
Que sepa que Dios misericordioso ha puesto su tienda junto
a la nuestra: "Y el Verbo se hizo carne y
habitó entre nosotros..." (Jn 1, 14). "He aquí que
Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin
del mundo" (Mt 28, 20). "No los voy a
dejar huérfanos; volveré para estar con ustedes. Dentro de poco,
los que son del mundo ya no me verán; pero
ustedes me verán y vivirán porque Yo vivo" (Jn 14,
18-19).
El Señor Jesús, en la Eucaristía, se ha hecho, por
amor, nuestro vecino, nuestro amigo, nuestro confidente, nuestro prójimo.
Es la
Persona del Santísimo Sacramento, la Eucaristía, que, brazo al hombro,
nos va contando de cómo Él va preparando nuestra
historia rumbo a la patria prometida y de cómo, en
comunión con Él, compartimos el mismo destino: la instauración del
Reino.
¡Adorado sea el Santísimo Sacramento! ¡Ave María
Purísima!
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