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Autor: Laura Arellano | Fuente: Catholic.net ¿Cuándo puedo ir a recoger mi corazón?
Testimonio de Laura Arellano, una misionera en la Colonia Penal Federal Islas Marías, localizada a 112 kilometrosde las costas del estado mexicano de Nayarit
¿Cuándo puedo ir a recoger mi corazón?
Para empezar a hablar sobre las Islas Marías debo confesar
que deseo estar allá y no aquí (por muchas razones)
que el regreso no ha sido bien recibido por mi
integridad humana y que constantemente me veo “llamándome la atención”
porque no estoy concentrada en lo que estoy haciendo, sino
recordando... Confío en que algún día pueda regresar a recoger
mi corazón.
Confieso también que la primera misa que asistí de
regreso al “continente” fue valiosa por la Fiesta de la
Resurrección y Cristo Eucaristía, pero que lloré por estar celebrándola
aquí y no en María Madre.
Creo que escuchamos y leemos
que las palabras son inadecuadas, insuficientes y limitantes para describir
todo lo que vivimos, yo estoy segura de eso… Mi
mejor esfuerzo para “desmenuzar” todo lo que viví, es éste:
Es
verdad que todos los isleños adjudicaban a los misioneros la
alegría que se sintió durante esa semana, la esperanza que
se respiró y la vida que nació de la monotonía.
Desde mi vista de misionera, lo cierto es que cada
uno de los preciosos seres humanos que viven ahí tienen
las orejas “paradas”, los ojos abiertos y el corazón dispuesto
a percibir el aire del cambio y la mejora; a
encontrar una nueva oportunidad y a descubrir que es real,
que pueden (con todo su ser) alcanzar algo Mejor, algo
bueno, la Felicidad plena.
Sí, encontré a muchos no muy convencidos
de que estar en esa Isla, era muy parecido a
seguir encarcelados y que no es lo mejor que pueden
tener; pero ellos mismos admitieron que éste lugar es su
pista de despegue y, si bien no tienen grandes planes
aún, saben que el punto para “re-iniciar” está ahí, y
no en la vida que los llevó ahí, en primer
lugar y tampoco en la vida que les espera. Deben
despegar ahí.
Me encontré con personas dispuestas a seguir a aquél
que de un ejemplo, no de riqueza ni de poder,
sino de humanidad, de amor. A aquél hombre que radica
su éxito en servir a los demás, a aquél líder
que los guía por el sendero del bien.
En Balleto, durante
la representación del Via Crucis, “el Barrabás” dejó el escenario
gritando “¡soy libre, soy libre!”, todos se rieron –ya quisieras-
Pero, me hizo reflexionar que esa ansia de ser-libre-por-ser-libre (no
estar tras las rejas) no se compara en nada con
el ser-libre que pueden encontrar aún dentro de las Islas
Marías.
Es decir la pasión con el que “¡soy libre!” suena
a un grito de Libertad y no de libertarismo puede
sonar con más honestidad al salir de María Madre que
de cualquier penal, porque será un grito PLENO. Para dimensionar:
Una vez, fuera del reclusorio femenil de Santa Martha Acatitla,
esperábamos sentadas el autobús, cuando las puertas de la cárcel
se abrieron de nuevo y salió una señora aún vestida
de azul marino dando alabanzas al Señor ¡era el día
de su libertad! Esas mismas alabanzas las escuché en el
Campamento de Morelos, en las Islas Marías, mientras un señor
recibía la Primera Comunión… A eso me refiero.
Hace mucha falta
tocar de casa en casa y hablar con las mujeres
que, cargando con una maleta y sus hijos, se fueron
a vivir al lado de su marido… Hace falta acercarse
a los chiquillos y enseñarlos a persignarse; hace falta enseñarles
a todos a buscar y encontrar el Sentido de sus
vidas. Recordarles o decirles por primera vez que no hay
dos como cada uno de ellos y que no habrá
otro. Enseñar los Sacramentos y mostrarles que hablar de religión
es mucho más que sólo los Diez Mandamientos; explicarles que
un Rosario no es un collar y que Cristo no
está solamente en los misioneros. Sí, hacen falta muchas cosas,
pero creo con todo mi corazón que ya hay una
gran parte del camino recorrida y ganada porque cada uno
de estos diamantes que viven ahí, aún cubiertos de roca
y polvo de las cuevas oscuras de las que fueron
extraídos, ya están con la Esperanza al borde, los ojos
abiertos y el corazón dispuesto.
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