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Autor: e-cristians.net El preso, el gran olvidado de la sociedad
Con el trabajo en los centros penitenciarios de todo el mundo, la Iglesia hace sobre todo un incomparable servicio a la sociedad
El preso, el gran olvidado de la sociedad
El preso sigue siendo el gran olvidado de la sociedad
Ayudar a las personas privadas de libertad
es una tarea muy difícil a todos los niveles, ya
que estamos frente a un colectivo muy heterogéneo que, además
de vivir entre rejas, tiene tras de si un historial
delictivo más o menos grande. Lo que quizás no se
valorara lo suficiente es que estas mismas personas también tienen
un presente y sobre todo un futuro dónde pueden corregir
sus actitudes y, en definitiva, reintegrarse en una sociedad que
también tiene que saber acogerlas. Son los gran olvidados de
esta sociedad egoísta, hedonista y falta de valores.
Muchos voluntarios,
sin embargo, están trabajando desde hace muchos años en las
prisiones, tanto en España como por todo el mundo. Son
personas que merecen un gran elogio y que hacen un
llamamiento permanente a la sensibilización de la sociedad. Los voluntarios
que están al lado de los presos necesitan, por otra
parte, mucha formación por diversos motivos. Uno de ellos es
la necesidad de trabajar con más vigor en la acogida
de la víctima del delito, un pilar básico de la
pastoral penitenciaria junto con el mismo recluso y su familia.
Esta atención en las prisiones, además, cuenta con la participación
de profesionales, sacerdotes, religiosos, religiosas y muchos otros laicos comprometidos.
La Iglesia es, ciertamente, abanderada en el trabajo solidario, humano
y cristiano en las prisiones. El preso es, desde la
óptica cristiana, el gran protagonista de una pastoral que, por
ejemplo en Cataluña, tiene vida y funciona bastante bien. El
sábado día 6 de octubre, se celebró en Barcelona la
novena edición de la Jornada de Pastoral Penitenciaria de los
obispados catalanes. Un total de 123 voluntarios pusieron en común
muchos aspectos relacionados con el preso, la familia y la
comunidad cristiana. En Cataluña hay 6.121 personas reclusas, de las
que 5.707 son hombres.
Con este importante trabajo en los centros
penitenciarios de todo el mundo, la Iglesia hace sobre todo
un incomparable servicio a la sociedad, a esta sociedad que
a menudo cree que se llena ya con los grandes
discursos pero que después muestra una gran hipocresía cuándo se
trata de afrontar la reinserción de los presos. En la
jornada de pastoral penitenciaria de Cataluña, la responsable del Servicio
de Mediación Penal del Ayuntamiento de Sant Adrià del Besós,
Maria Teresa Sánchez Concheiro, puso sobre la mesa una figura,
la de la víctima, que está llamada a contribuir de
forma decisiva en la reinserción de los reclusos. Por otra
parte, un problema que también se planteó es el de
la crisis de agentes de pastoral penitenciaria. Los que hay
ahora en Cataluña se hacen mayores y hace falta, por
lo tanto, una renovación que se produce sólo parcialmente.
Testimonios como
el del cura de la prisión Modelo de Barcelona
“En la
prisión, como en una parroquia, si los fieles no te
ven más que durante la Misa dominical, no llegarás a
entrar nunca en su mundo”. Esta reflexión de Andreu Oliveras,
cura de la prisión Modelo de Barcelona, deja muy claro
que la presencia es muy importante, y más cuando el
pueblo que se le ha encomendado vive entre rejas. Por
ejemplo, en este centro penitenciario, actualmente participan cada domingo en
la Eucaristía una media de 60 personas. Además, hay un
grupo de catequesis los sábados por la mañana, con una
veintena de personas, así como grupos de plegaria o los
llamados rincones de paz.
Según el Padre Oliveras, la pastoral
penitenciaria tiene que marcarse como gran reto “el acercamiento entre
el preso y la víctima”, un momento básico para que
el delincuente se vuelva a integrar en la sociedad. Como
momentos más duros, el cura de la Modelo destaca éste:
“Cuando entro en la prisión y me dicen que se
ha encontrado un preso muerto en el último recuento. Eso
cuesta mucho digerir”.
Finalmente, no podemos olvidar el importante trabajo que
hacen los mercedarios, una congregación que se dedica precisamente a
la atención a los presos y que tiene como patrona
a Virgen de la Mercè. En definitiva, esta acción de
los cristianos para ayudar a los presos es todo un
modelo para una sociedad que vive totalmente de espaldas.
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