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Autor: . | Fuente: Radio Vaticano XVII Jornada Mundial del Enfermo, 2009
El Papa pide a la comunidad cristiana que no permanezca indiferente ante dramas como el de los niños enfermos o inválidos, heridos en cuerpo y alma por conflictos y guerras, y profanados por gente abyecta que viola su inocencia
XVII Jornada Mundial del Enfermo, 2009
Se ha publicado hoy el Mensaje de Benedicto XVI en
ocasión de la décimo séptima Jornada Mundial del Enfermo, el
próximo 11 de febrero de 2009, memoria litúrgica de la
Bienaventurada Virgen María de Lourdes, que reunirá a las Comunidades
diocesanas con los propios Obispos en momentos de oración, para
reflexionar y decidir iniciativas de sensibilización acerca de la realidad
del sufrimiento.
El Año Paulino, que estamos celebrando, escribe el
Papa, ofrece la ocasión propicia para detenerse a meditar con
el apóstol Pablo en el hecho que, “como abundan los
sufrimientos de Cristo en nosotros, así por medio de Cristo
abunda también nuestro consuelo” (2 Cor 1,5). La conexión espiritual
con Lourdes recuerda además la solicitud maternal de la Madre
de Jesús por los hermanos de su Hijo “aun peregrinos
y en medio a peligros y fatigas, hasta que no
sean conducidos a la patria beata” (Lumen gentium, 62).
Este año,
subraya el Santo Padre en su mensaje, nuestra atención se
dirige de manera particular a los niños, las criaturas más
débiles e indefensas. “Existen pequeños seres humanos que llevan en
el cuerpo las consecuencias de enfermedades que los convierten en
inválidos, y otros que combaten con enfermedades aun hoy incurables,
no obstante el progreso de la medicina. Existen niños heridos
en el cuerpo y el alma como consecuencia de conflictos
y guerras, y otras víctimas inocentes del odio de insensatos
adultos. Existen muchachos “de la calle”, privados del calor de
una familia y abandonados a si mismos, y menores profanados
por gente abyecta que viola su inocencia, provocando en ellos
una plaga psicológica que los marcará por el resto de
la vida. De todos estos niños se eleva un grito
silencioso de dolor que interpela nuestra conciencia de hombres y
de creyentes”.
La comunidad cristiana, que no puede permanecer indiferente
ante estas dramáticas situaciones, advierte el deber de intervenir, reflexiona
el Pontífice. De hecho la Iglesia, como he escrito en
la Encíclica Deus caritas est, continúa, es la familia de
Dios en el mundo. En esta familia no debe existir
ninguno que sufra por falta de lo necesario” (25, b).
El Santo Padre formula luego auspicios para que la Jornada
Mundial del Enfermo ofrezca la oportunidad a las comunidades parroquiales
y diocesanas de ser cada vez más concientes de ser
“familia de Dios”, y les estimule a hacer perceptible el
amor del Señor”.
Hoy, dadas las cambiantes condiciones de la
asistencia sanitaria, se advierte la necesidad de una más estrecha
colaboración entre los profesionales de la salud operantes en las
diversas instituciones sanitarias y las comunidades eclesiales presentes en el
territorio. En esta perspectiva se confirma el valor de una
institución ligada con la Santa Sede, como el Hospital Pediátrico
‘Niño Jesús’ de Roma, que este año cumple 140 de
existencia, observa el Papa, quien añade que la dedicación cotidiana,
compromiso incansable al servicio de los niños enfermos constituye un
testimonio elocuente de amor por la vida humana, en particular
por la vida de quien es débil y depende de
los demás.
A este punto, el Santo Padre afirma con
vigor la absoluta y suprema dignidad de toda vida humana,
recordando que a este respecto, la enseñanza de la Iglesia
no cambia, si no más bien, proclama que: la vida
humana es bella y va vivida en plenitud, también cuando
es débil y envuelta por el misterio del sufrimiento. Benedicto
XVI hace memoria del venerado predecesor Juan Pablo II, “que
de la aceptación paciente del sufrimiento, ofreció un ejemplo luminoso
especialmente al ocaso de su vida”.
En su mensaje el
Papa expresa su aprecio a las Organizaciones internacionales y nacionales
que atienden a niños enfermos, de manera particular en los
países pobres. Al mismo tiempo el Santo Padre dirige un
llamamiento a los responsables de las Naciones para que sean
puestas en vigor leyes a favor de los niños enfermos
y sus familias. El Papa concluye su mensaje para la
Jornada Mundial del Enfermo, expresando su cercanía espiritual a todos
aquellos que padecen una enfermedad, así como su afectuoso saludo
a quienes los asisten. Impartiéndoles su bendición, Benedicto XVI los
abraza con afecto paterno y les asegura un especial recuerdo
en la oración, invitando a todos a confiar en la
maternal ayuda de la Inmaculada Virgen Maria.
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