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Autor: Guillermo Juez | Fuente: sontushijos.org Cada enfermo es distinto...
Intervención de Guillermo Juez en el workshop “La experiencia del dolor y del sufrimiento”.
Cada enfermo es distinto...
Quisiera explicar cómo me han ayudado el ejemplo y
las enseñanzas de san Josemaría a intentar santificar mi enfermedad
y a encontrar a Cristo en ella. Haré una consideración
previa. Durante estos años he hablado alguna vez con distintos
enfermos, algunos con más experiencia del dolor que yo. Y
me parece que los enfermos o los discapacitados tenemos en
común la falta de salud, pero somos distintos [...] en
casi todo lo demás. Esto lo he visto reflejado en
que hay un núcleo común del espíritu de san Josemaría
en el que nos fijamos todos los -enfermos —aquellos con
los que he hablado, y yo mismo—; pero después, según
el tipo de lesión y según el modo de ser
de cada uno, resaltamos distintos aspectos de su vida y
de sus textos.
Por ejemplo, hablando de estas cuestiones, hace tiempo
en Pamplona, con un ciego que ahora se está quedando
sordo, él se fijaba en puntos distintos que yo, que
soy parapléjico. Esto me ha llevado a admirar más la
riqueza del mensaje de san Josemaría. Paso a explicar algunos
aspectos, [...] pero hay muchos otros.
1. ¿CUÀLES SON LAS
ENSEÑANZAS DE SAN JOSEMARÍA QUE ME HAN AYUDADO A ENCONTRAR
A CRISTO EN LA ENFERMEDAD?
Para dar sentido a la
enfermedad misma. Hace años, cuando salí de la Clínica después
del accidente, me apunté en una asociación de minusválidos. Allí
me informaron de los logros que pensaban alcanzar: supresión de
barreras arquitectónicas, subvenciones [...] Me dieron consejos prácticos para el
manejo de la silla. Me enseñaron a salir y entrar
en el coche con independencia. Todo eso es muy útil,
pero no va al fondo de la cuestión. La clave
es dar sentido a la discapacidad en sí misma, dar
sentido al sufrimiento.
Para esto la idea de san Josemaría que
me ayudó desde el momento del accidente fue: «estar en
la cruz es ser Cristo, y por eso hijo de
Dios» (Surco, 70). San Josemaría une la cruz de Cristo
con la alegría por ser hijos de Dios. Jesucristo, el
Hijo de Dios, sufriendo la muerte en la cruz ha
redimido a toda la humanidad, y ha dado sentido y
eficacia al dolor. Entonces, cuando estamos en nuestra cruz, en
el sufrimiento, podemos ser más Cristo y por tanto, más
hijos de Dios, más amados por Dios Padre. Somos más
felices y también más efícaces porque ayudamos a redimir el
mundo.
Si Dios quiere que la silla de ruedas y lo
que ella trae consigo me ayuden a ser más Cristo,
más amado por Dios Padre y más eficaz, entonces la
enfermedad tiene sentido, merece la pena. Ya no se es
feliz a pesar de estar en silla de ruedas, sino
que se es feliz porque se está en silla de
ruedas. Este es un cambio importante. Y la consecuencia final
es sencilla: dar gracias a Dios por estar en silla
de ruedas.
Las otras ideas surgen de una anécdota ocurrida en
Ecuador en 1974 que me relataron en una ocasión y
que he llevado a la oración muchas veces. San Josemaría
llevaba varias semanas de catequesis agotadora por distintos países de
Sudamérica. Estaba en Quito seriamente enfermo por el mal de
altura y otras complicaciones. Cuando alguien le comentó que le
daba pena la situación, vino a decirle con éstas o
parecidas palabras: «¡Si lo estoy pasando colosalmente en Quito! Estoy
muy contento. Jesús, acepto vivir condicionado estos días y toda
la vida y siempre que quieras. Tú me darás la
gracia, la alegría y el buen humor para divertirme mucho,
para servirte y para que la aceptación de estas pequeñeces
sea oración llena de amor».
De ese recuerdo creo que se
pueden entresacar al menos cuatro consecuencias: aceptar la voluntad de
Dios; descubrir que Él nos da la gracia proporcionada a
nuestras dificultades; nos invita a sobrellevarlas con alegría; nos hace
ver que en el fondo se trata de pequeñeces. Voy
a detenerme en ellas por un momento:
1. Acepto vivir condicionado.
Recuerdo que al salir de la unidad de cuidados intensivos
después del accidente, comencé la rehabilitación. Era probable que me
quedara paralítico, pero no era seguro. Entre los lesionados que
hacían rehabilitación eran frecuentes los comentarios preocupados sobre el tiempo
de la recuperación y las posibles secuelas. A mi me
ayudó repetir está frase: «acepto vivir condicionado, paralítico, estos días,
toda la vida y siempre que quieras». Entonces, afronté la
rehabilitación más tranquilo. Se ponen todos los medios, sabiendo que
la recuperación no será ni un minuto antes, ni un
minuto después, ni un milímetro más, ni un milímetro menos
de lo que Dios quiera. Y que eso sera lo
mejor para mí. Me ayuda repetir dos jaculatorias que he
aprendido meditando el ejemplo de san Josemaría: «Todo es para
bien» y «Señor, sírvete de mí como quieras».
2. Me
darás la gracia, la alegría y el buen humor. Hay
gracia proporcional para cada enfermedad. A situaciones más duras, hay
más ayuda de Dios. Si antes del accidente, me hubiesen
dicho que me iba a quedar paralítico a los 29
años, me habría parecido durísimo. Ahora veo que es mucho
más fácil de lo que parecía, porque hay ayuda abundante
de Dios.
3. El Fundador del Opus Dei añade para divertirme mucho.
Esto para mí fue una sorpresa. Pide alegría y buen
humor para divertirse en la enfermedad. Este es un punto
importante en mi opinión. No se trata de soportar la
cruz, sino de amarla. El esfuerzo por intentar buscar el
aspecto positivo, "simpático", de las propias limitaciones y sufrimientos, me
parece un ejercicio muy saludable espiritual y humanamente. La silla
de ruedas da bastantes ocasiones para ejercitarse de ese modo.
Y ésto es mas fácil de vivir después de haber
visto que en el sufrimiento podemos ser Cristo. Intentar unirse
a Cristo en la cruz con alegría, me parece una
enseñanza de san Josemaría muy atractiva. Cristo ha sufrido en
la Cruz para ahorrarnos sufrimientos.
4. Que la aceptación de estas pequeñeces sea oración.
Insiste en la idea de pequeñeces. Yo me lo traduzco
por: «no te quejes, que tampoco es para tanto». No
sólo porque hay personas que sufren más sino, sobre todo,
porque Jesucristo es el que más y mejor ha vencido
el sufrimiento.
2. ¿CÓMO CONVIVIR CON LA DISCAPACIDAD EN LA
VIDA ORDINARIA?
Se trata de vivir cada día todo lo anterior.
Recojo aquí puntos breves aprendidos de san Josemaría.
1. Frecuentar los sacramentos (la Eucaristía, la
Confesión) y la oración. En efecto, en los sacramentos y
en la oración se obtienen las fuerzas para crecer en
la vida cristiana y, concretamente, para ver sobrenaturalmente la enfermedad.
Me ayuda mucho meditar las páginas del Evangelio (toda la
vida de Cristo y, en concreto, su Pasión y su
compasión hacia el dolor ajeno), así como los escritos de
san Josemaría, y tantos otros textos que ayudan a dar
sentido salvífico al dolor, especialmente, la Carta Salvifici doloris de
Juan Pablo II, del 11 de febrero de 1984.
2. Recomenzar una y otra vez
sin desanimarse. Sabiendo que las cosas nunca salen bien a
la primera [...] por lo menos a mí. Unas veces
lo consigues mejor y otras peor.
3. Algunos recordarán un diálogo del Fundador del Opus
Dei con una persona paralítica en Argentina en un encuentro
de catequesis que se recogió en un documento filmado. Después
de animarle a ofrecer la enfermedad, le da un consejo
lleno de sentido común y sobrenatural: si necesitas algo, dilo.
Tener la humildad de pedir ayuda física y espiritual. Vencer
el no querer molestar. Pero también pedir que nos ayuden
a evitar manías en el carácter; o egoísmos, perezas y
caprichos en el comportamiento, que se pueden formar con la
excusa de una enfermedad crónica. En este sentido, es muy
importante la ayuda de los más próximos: la ayuda familiar
(además de la ayuda médica). Aquí tengo que agradecer al
Opus Dei (que es mi familia) todos los cuidados y
atenciones de estos años, esenciales para llevar bien la enfermedad.
Esto también es una herencia de san Josemaría. Agradezco también
el trato lleno de delicadeza y respeto que he recibido
en la Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra, donde
han aprendido de san Josemaría a ver a Cristo en
el enfermo.
4. Durante los
primeros meses de recuperación, se reduce mucho la actividad externa.
Y se piensa que siempre será así. Después se ve
que no es para tanto, porque pasan los años [...]
y aquí estoy sorprendentemente: en un congreso internacional en Roma;
pero entonces, no me lo podía ni imaginar. Cuando pensaba
que mi actividad diaria iba a quedar muy reducida, me
ayudó el recordar que «todos los trabajos son iguales ante
Dios; todo depende del amor con que se realicen» (Surco,
487).
5. La enfermedad como
trabajo profesional. Se trata de ser un buen enfermo. En
mi caso, un buen parapléjico. Esto implica obedecer a los
médicos e intentar desarrollar al máximo las cualidades que se
tienen. Si es posible conducir, hacerlo venciendo el miedo inicial
por el accidente; si existe la posibilidad de ser autónomo
en las necesidades personales, lograrlo; aprender a superar las barreras
arquitectónicas que se pueda. Y así con todo.
3. UNA
CONCLUSIÓN
Alguna vez me han preguntado: ¿te has enfadado un poco
con san Josemaría porque no ha conseguido tu curación?, o
¿cómo es que no ha intercedido para curarte? Después de
todo lo dicho, la respuesta es clara: me sienta bien
la silla de ruedas. La paraplejia (o cualquier enfermedad) es
la oportunidad que Dios nos da para que adquiramos una
serie de virtudes sobrenaturales y humanas que de otro modo
no hubiéramos adquirido. Nos permite desarrollar –no digo que sea
fácil- paciencia, visión sobrenatural, capacidad de sacrificio, agradecimiento por las
ayudas, humildad, perseverancia, etc. Además –y no es poco- ganar
en purificación por los propios defectos y obtener méritos para
el Cielo. Este es el favor que me ha concedido
san Josemaría: he perdido muy poco físicamente y me ha
ayudado a enriquecerme espiritualmente.
Además, cuando Dios no concede ciertas cosas,
siempre suele añadir: “te basta mi gracia” (2 Cor, XII,
9).
Intervención de Guillermo Juez en el workshop “La experiencia
del dolor y del sufrimiento”. Este artículo, con otros, se
encuentra en las Actas de del Congreso Internacional “La Grandeza
de la Vida Corriente”, publicado por la Pontifica Universidad de
la Santa Cruz. Para más información: www.pusc.it.
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