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Autor: Elizabeth G. Zúñiga de Hernández/ José Antonio Hernández Ugalde La pastoral del adulto mayor
Una realidad necesaria
La pastoral del adulto mayor
Presentación
1. Elizabeth Zúñiga y José Antonio Hernández Ugalde, entregan un
aporte significativo a la reflexión de la presencia, quehacer pastoral
y ser del adulto mayor en la Iglesia, para ir
construyendo la Iglesia que se quiere con una mirada integral-generacional.
Es una proposición de "piedras vivas" que nos viene de
México.
2. Su particularidad es que está escrita/vivida desde la perspectiva
de un movimiento apostólico como VIDA ASCENDENTE, que responde a
una metodología, pedagogía y espiritualidad propia, lo que motivará a
que otros espacios eclesiales-laicales también aporten su mirada particular, para
enriquecer una experiencia emergente que se organiza y estructura pastoralmente
en un horizonte de Pastoral Orgánica.
3. El texto es un
manual didáctico y muy operativo, que permite ser una base-referente
desde el cual reflexionemos y hagamos propuestas y demos otras,
respuestas como búsquedas para asumir estas realidades eclesiales, socio-económicas, culturales,
laborales, etc., que nos están interpelando desde cada una de
nuestras patrias ya desde la vivencia cotidiana del ciudadano-cristiano en
la parroquia, diócesis, en la población-barrio, ciudad, etc.
4. Los capítulos
nos abren hacia la pregunta por nuestras estructuras y prácticas
pastorales en las parroquias y diócesis, acerca de la forma
como los adultos mayores hoy se organizan y participan para
ser Iglesia Viviente. Nos orienta para descubrir la riqueza de la
DIAKONIA en el mundo de los mayores, que desde la
diversidad de carismas enriquece la vida y hacer comunitario posibilitando
que otros "beban de su pozo".
4.1 Es conveniente realizar una
lectura abierta, desde los ejes pastorales de la Comunión y
Participación, no sólo eclesial, sino que también en lo social,
económico, político, cultural, laboral, etc., que nos permitan un diagnóstico
de la presencia del A.M., de su presencia, misión y
vocación en la Iglesia y Sociedad. Esta aproximación implica un
preguntarse sobre el estado actual para buscar en comunión y
participación, respuestas para una nueva evangelización, propuestas nuevas para un
desafío emergente en la Iglesia y la Sociedad.
4.2. La
referencia al dato estadístico, nos induce a valorar la importancia
cuantitativa, creciente, que debe reconocerse en lo cualitativo de lo
social, político, económico, cultural, laboral, religioso del A.M., que refrenda
la urgencia por una preocupación real de la situación de
dignidad a que están llamados por derecho y deber de
todo A.M: persona y ciudadano, además nos muestra una perspectiva
que debe ser considerada.. Pronto se constituirán en un "espacio
de poder" y que tendrá una ingerencia sustantiva en la
vida social de nuestras sociedades e iglesias, cuanto más, cuando
se considere la lectura de género en donde la nota
predominante es lo femenino. Esta constatación de la realidad nos
conducirá a una re-lectura de nuestras prácticas pastorales. Nos exigirá
un "conocer" nuevas realidades –ya presentes- en la base
misma, que pueden constituirse en necesidades temáticas que deben ser
abordadas y que nos iluminarán hacia nuevas líneas programáticas. El
reconocer la realidad de vida en-con-por la fe de los
AA.MM. son una exigencia solicitada para que esté presente
en los contenidos de la catequesis, de las misiones, de
las c.e.b., en la pastoral familiar y los encuentros matrimoniales,
en la pastoral de la salud y liturgia, etc., es
decir, debe haber una mirada articulada para una pastoral
orgánica.
4.3. Desde una visión de participación en la vida ciudadana,
debe considerarse el aporte del pensar sobre los espacios urbanos
y públicos que pueden aportar, con una reformulación de los
mismos y hacer ciudad con presencia amigable para el
A.M. Se debe considerar también su perspectiva en
la programación y proyección en las políticas sociales,
económicas, culturales, laborales, recreativas, etc., de no ser tomados
en cuenta, de no ser animados a proponer estaríamos fomentando
una devaluación de las capacidades, de sus profesiones, de sus
experiencias y sabiduría, marginándolos, llevándolos a una exclusión casi
programada que es inaceptable para la inteligencia, para el cristiano-ciudadano,
por cuanto la participación en los ámbitos de la vida
ciudadana constituyen para el cristiano una exigencia de la dimensión
social de la fe y de su ser ético-ciudadano para
el bien común.
4.4. La distinción de la pluralidad cultural y
multidiversidad de formas en el arte de vivir en el
mundo urbano como rural, en la serranía como la costa,
etc., con sus características sociales, económicas, religiosas y culturales, etc.,
son un desafío en la evangelización y orientación de vida
enmarcada en una globalización cultural, social, económica, etc. con
una postmodernidad deshumanizante y desacralizada que deja al adulto
mayor en una situación de burbuja y que requiere
de un acompañamiento con respeto y acogida, en diálogo de
mas escucha y que debemos considerar a la hora de
las formulaciones y propuestas pastorales y políticas para la vida.
4.5
Sin embargo, la realidad de pobreza, marginación y exclusión social,
laboral, económica, etc., del A.M. debe ser un tema sustantivo
para la Iglesia y Sociedad. En nuestra actitud diaria como
conductas se están internalizando criterios, hoy dominantes, de considerar
la naturaleza humana desde una perspectiva de "utilidad para.".
En todas nuestras acciones como propuestas pastorales debemos integrar y
abordar la temática con una reflexión pedagógica, con una metodología
que nos conduzca a una pastoral que acompañe, oriente y
se coordine con otros espacios sociales para ser efectivo
en los procesos de dignificación y promoción humana de
una vida plena del A.M. Esta tarea es propia a la
misión profética de la Iglesia. Es necesario formular criterios
para una lectura de la calidad de vida del adulto
mayor desde un horizonte de fe.
5.El texto nos permite preguntarnos
sobre el rol y la función como misión del A.M.
y sus organizaciones, hoy, en la sociedad, como personas y
ciudadanos, por lo tanto, es para todos un deber de
inteligencia como ética el socializar los ACUERDOS DE LA SEGUNDA
ASAMBLEA MUNDIAL SOBRE ENVEJECIMIENTO, Madrid 2002, y sus reflexiones
posteriores en su aplicabilidad regional de América Latina
y el Caribe, con la perspectiva que ésta globalidad debe
aterrizarse en una práctica ciudadana local, que es nuestro
lugar de conocimiento. De ahí la importancia para la pastoral
el saber de las políticas nacionales, regionales, comunales, municipales sobre
el tema A.M.
5.1 La Pastoral del A.M., en sus movimientos,
organizaciones comunitarias, federaciones, clubes, etc., debe interrogarse y considerar
como referente doctrinal de su quehacer los deberes y derechos
del A.M. como ciudadanos, para que asuman su protagonismo histórico
y se constituyan en un referente obligado para las políticas
gubernamentales en esta materia y así sean al fin
signo de cambio de la realidad de vida en
su sociedad, haciendo presente los signos del Reino.
6. "La Pastoral
de Adultos Mayores: una realidad necesaria" debe animarnos a compartir
la riqueza de la Iglesia en la diversidad de experiencias
pastorales existentes como propuestas que son signo de una Iglesia
Viviente que hace suya todas las edades del hombre
y la mujer, devolviéndonos la centralidad en la persona
como el altar más sagrado del Padre. LEERLO, reformularlo, complementarlo,
considerarlo según las propias realidades como experiencias diocesanas y locales,
es un camino, abramos otros más para una misma meta.
Luis
Gustavo González P. Colaborador RLG Antofagasta de Chile, Abril de 2005.-
PRÓLOGO
Cuando nos
jubilamos entramos en contacto con numerosas personas jubiladas a temprana
edad, que se autojubilaron ya sea en el hogar o
en el trabajo, pero también gente más joven quienes estaban
dentro de los márgenes de lo que se considera una
persona de la tercera edad, anímicamente, por sus condiciones de
salud o por su participación en la Comunidad, no encajaban
dentro de ésta denominación, percibimos una crisis de identidad, la
cual era necesario superar.
Nos propusimos encontrar la manera de
que esta crisis no afectara a otras personas en forma
tan severa y encontrar una fórmula que permita a la
persona mayor adaptarse a esta etapa de la vida y
de algún modo, sigan siendo productivos.
Con este propósito, llegamos
a Vida Ascendente, que es un <>(1).
Pertenece Vida Ascendente Internacional a las Organizaciones Católicas y a
la Red Mundial CRESCENDO, con Estatuto Consultivo especial del Consejo
Económico y Social de las Naciones Unidas.
Durante 10 años
hemos trabajado con este Movimiento en el ámbito nacional y
Latinoamericano, motivados por muchas personas de indiscutible calidad moral y
con gran espíritu de servicio.
En especial queremos referirnos al P.
Gabriel Arias Posada (q.e.p.d), sacerdote de Colombia, consejero espiritual de
Vida Ascendente de su país. Fue Secretario Ejecutivo del
SEPAF-CELAM, etc., quien nos invitó a conocer sus vivencias a
través de este Movimiento y a visitar “una tierra” donde
los convencionalismos de la existencia cotidiana no tienen explicación. A
iniciar un viaje a un lugar donde no estemos
escuchando continuamente que la vida es tornarse débil, frágil, envejecer
y morir, como destino de todos los mortales. Adentrarnos en
esta tierra de Vida Ascendente donde el vigor juvenil, la
renovación, el gozo, el disfrute y la satisfacción son experiencias
de la vida diaria; en este lugar la senectud, la
invalidez y la vejez, adquieren sentido. Encontramos ese lugar en
donde dejamos enojos, ansiedades, culpas, desconfianzas, envidias, pesares, codicia, egoísmo.
En este viaje usamos como vehículo el silencio, estos minutos
de silencio como un rato para existir y poder convertirlo
en los momentos más importantes de la vida. _______________
(1) Cuadernos del
animador N° 1, Págs. 7,8. Comisión Permanente de Vida Ascendente,
España, edición 1999 Él Padre Arias nos enseñó que
“el silencio es precioso, sobre todo en este bullicio de
la ciudad moderna. En un mundo que está loco, subirse
al vehículo del silencio es como conquistar la fortaleza, la
cordura y la paz. Percibimos que el silencio es un
gran maestro para aprender sus lecciones, se debe prestar atención:
¿Quieres aprender a ser creativo? Silencio... ¿Quieres la estabilidad?... Silencio
¿Quieres vivir la sabiduría?... Silencio, ¿Quieres llegar ya al final
del viaje que es el Señor?... Silencio. En este momento
está el Señor contigo, deja que se calmen las aguas
de las preocupaciones, deja tus sueños, tus dolores,...”
Esperamos sinceramente que
estas sugerencias cumplan el objetivo de hacer más llevadera la
vida de los adultos mayores, que este esfuerzo contribuya, junto
con el de muchos otros laicos comprometidos, a la consolidación
de la Pastoral de los Adultos Mayores.
La preocupación de la
Iglesia por la atención pastoral de los mayores es ciertamente
antigua; pero se torna más urgente y necesaria en los
últimos años debido al aumento de este sector de la
población y al creciente abandono que sufren las personas mayores
de parte de la sociedad, incluso de sus propias familias.
En numerosas oportunidades el Santo Padre S.S. Juan Pablo II
ha señalado la necesidad de “priorizar” y “centralizar” toda acción
pastoral en la familia. El lugar de las personas mayores
está en el seno de sus propias familias, y allí
merecen una atención privilegiada por deber de gratitud y veneración.
Recordamos que en las Sagradas Escrituras se presenta al anciano
como “símbolo de la persona rica en sabiduría y llena
de respeto a Dios” (Eclesiástico 25, 4-8).
El valor
de la vida no puede juzgarse “principal y exclusivamente como
eficiencia económica, consumismo desordenado, belleza y goce de la vida
física, olvidando las dimensiones más profundas relacionales, espirituales y religiosas
de la existencia” (2).
Nos dice el Santo Padre en su
alocución a la unión de Movimientos Diocesanos de Personas Ancianas
de Italia el 23 de marzo de 1984: “La entrada
en la tercera edad ha de considerarse como un privilegio;
y no sólo porque no todos tienen la suerte de
alcanzar esta meta; si no también y sobre todo, porque
ésta es el período de las posibilidades concretas de volver
a considerar mejor el pasado, de conocer y de vivir
más profundamente el misterio pascual, de convertirse en ejemplo de
la Iglesia para todo el Pueblo de Dios”.
Advierte también
que “aprender a envejecer requiere sabiduría y valor”, porque la
experiencia de la vejez es uno de los capítulos más
difíciles del gran arte de vivir” (Australia, 1986). ______________
(2) Evangelium Vitae,
n. 23a.
Todos debemos sentirnos invitados a estimar y valorar
a las personas de edad, a acompañarlas y ayudarlas. A
su vez, los mayores deben esforzarse para asumir un rol
activo tanto en la Iglesia como en la sociedad.
Es un hecho
triste, pero real, la falta de preocupación cuando no un
verdadero abandono que se da en muchas familias y comunidades
en orden a la atención de sus mayores.
Muchos son
“excluidos” del trato normal con sus familiares; muchos son «marginados»
de la sociedad por las magras jubilaciones y pensiones que
no responden a la “urgente necesidad de una justicia largamente
esperada”; por las graves deficiencias en la atención de la
salud; por la falta de viviendas dignas, por internaciones en
geriátricos que parecerían inspirados más frecuentemente en el lucro que
en un verdadero espíritu de servicio.
Junto a estas tristes
realidades también falta en gran medida una adecuada atención espiritual
y religiosa. Es deber y misión de la Comunidad Eclesial
llevar la “Buena Nueva” a sus miembros de más edad.
Es necesario conocer la situación de su fe, pues “el
anciano puede haber llegado a esa edad con una fe
sólida y rica... otros viven una fe más o menos
oscurecida y una débil práctica cristiana...; a veces el anciano
llega a su edad con profundas heridas en el alma
y en el cuerpo (3). Cada una de estas situaciones
requiere un acompañamiento particular para acrecentar la Fe y sostener
la Esperanza en la Vida Futura.
En esta obra,
pretendemos orientar las acciones en favor de las personas mayores
que incluyen también a los sacerdotes ancianos y obispos eméritos
y agregamos las recomendaciones vertidas en el Programa Pastoral de
la Conferencia Episcopal Argentina (4).
1. Concientizar a los miembros
de la Iglesia y a la Comunidad Nacional acerca del
deber de acompañar y ayudar en forma integral a quienes
recorren esta etapa de la vida.
2. “Despertar en los
ancianos la conciencia de que todavía tienen una misión que
cumplir y una ayuda que dar” y, en la medida
de sus posibilidades, darles participación en los diversos campos del
apostolado.
3. Invitar a la comunidad parroquial a facilitar la
presencia de las personas mayores en los servicios religiosos regulares
y favorecer la continuidad de sus prácticas sacramentales.
_______________________ (3) Directorio General
de Catequesis, España n. 186
(4) Programa Pastoral
del Secretariado Nacional para la Familia Área Adultos Mayores (Conferencia
Episcopal Argentina 1998)
4. Ayudar y animar evangélicamente a las
familias que conviven con personas mayores, para que puedan retenerlos
en el seno de su hogar.
5. Acompañar y
asistir a las personas de edad que por diversos motivos
deben permanecer en sus domicilios, internadas en instituciones hospitalarias, asilos
o geriátricos.
6. Denunciar las prácticas asistenciales de “ensañamiento terapéutico”
que intentan prolongar artificialmente la vida por medios desproporcionados. Asimismo
denunciar la absoluta inmoralidad de la “eutanasia” y sus diversas
formas encubiertas”. Pues la Iglesia condena por ser <> (2).
7. Acrecentar la conciencia de la comunidad sobre el derecho
de las personas de edad a recibir atención espiritual y
religiosa, respetando sus creencias y facilitando los medios para su
práctica.
8. Abogar para que los mayores obtengan jubilaciones dignas,
en consonancia a una vida de trabajo mediante la cual
“han participado en la obra del Creador”, así como cobertura
integral de sus necesidades que son específicas en esta etapa
de la vida. ______________________
(2) Id nn. 64-65
LA PASTORAL PARA LOS
ADULTOS MAYORES: UNA REALIDAD NECESARIA.
Antecedentes
Actualmente una Pastoral para los Adultos Mayores
se hace imperativa por las situaciones culturales, geográficas y sociales
que, con sus características propias, son parte de nuestro México
y Latinoamérica.
El panorama es tan extenso que solo mencionaremos algunos
hechos concretos que justifican acciones bien definidas:
El adulto mayor generalmente
está subvalorado. Conforme al Censo Nacional de Población 2000, en México
viven 100 millones de habitantes; el 7% son adultos mayores
de sesenta años. La mayoría es pobre. Generalmente sin pensión
y los que cuentan con una, está muy por debajo
del salario que percibían cuando estaban activos. Los hijos de los
algunos mayores, aún casados, viven a sus expensas. Es alto el
porcentaje de analfabetismo en el área rural y en la
periferia de las grandes y medianas ciudades. Los que tienen
algún grado de escolaridad, generalmente es bajo y sobre todo
en el sexo femenino, quien además es más longevo, se
incrementa progresivamente el promedio de vida, lo cual hace que
haya más viudas, divorciadas y madres solteras. Hay un severo analfabetismo
religioso; predomina la religiosidad cultual. Los mayores generalmente muestran pocos deseos
de superación y disposición al compromiso. Existe un incremento en la
detección de padecimientos crónico- degenerativos y psicosomáticos, como depresión, aislamiento,
alcoholismo, tabaquismo, neurosis de angustia, etc. y son pocos los
geriatras calificados, para atenderlos. No existe interés en prepararse para el
retiro, aún cuando es evidente que hay crisis de valores,
principalmente en hombres con dificultad para afrontarlos en su nueva
situación, que los ubica aparentemente al margen de la productividad,
que con menor poder adquisitivo de su salario de jubilado,
pierde el sentido de pertenencia y aceptación por lo que,
generalmente, decide aislarse.
Juan Pablo II fue claro ante la
Unión de Movimientos Interdiocesanos de Personas Mayores en Italia el
23-03-1984: “Vosotros no sois, ni debéis sentiros al margen de
la vida de la Iglesia, elementos pasivos en un mundo
en excesivo movimiento, sino sujetos activos de un periodo humano
y espiritualmente fecundo de la existencia humana. Vosotros tenéis una
misión que cumplir. Vosotros tenéis una aportación que dar”
Propuesta
Para devolver
al adulto mayor todo lo que pierde por la crisis
que lo envuelve, se hace imperativo desarrollar una Pastoral de
y para los adultos mayores que sea:
Cristológica por su origen:
Cristo; El porqué de la existencia del adulto mayor. Eclesiológica
por su forma; Que es el para qué
de su existencia
Se pretende que ambas sean vividas por los
adultos mayores, dadas las características propias de esta etapa, instrumentadas
para elevar su calidad de vida.
La Pastoral que se
propone, es el modo como la Iglesia sirve al mundo,
para actualizar en cada momento y lugar la obra redentora
de Cristo, por lo tanto, es el cómo en esta
etapa de su vida.
Como el adulto mayor tiene más
ayeres que mañanas, por ser puente entre generaciones, en la
familia y en su pequeña comunidad como una de tantas
áreas de influencia, necesita el beneficio de su propia Pastoral
“que abra nuevos horizontes y muy amplios campos aprovechando las
posibilidades de actividades existentes en el plano local y nacional,
abriendo creativamente nuevas posibilidades, teniendo siempre presente la promoción humana
bajo el doble aspecto de la educación permanente y de
servicio a la comunidad”, dando nuevo impulso a formas de
ayuda voluntaria. “Existen muchos sectores, aún no descubiertos por la
sociedad, en los cuales podría incorporarse con una actividad adecuada
a la edad y a la experiencia, Resultaría un inmenso
beneficio para el bien de todos, de la persona y
de la comunidad”. <>.
En estos términos Juan Pablo II se expresó ante la
Federación Italiana de Jubilados del Comercio y del Turismo el
29-04-1982.
La Pastoral de la Tercera edad es teología y
es acción que incluye a los adultos mayores de toda
la Iglesia y a voluntarios, que deseen trabajar en su
estructura, con sus fines trascendentes, con sus factores humanos específicos
y sus recursos físicos y tecnológicos.
Es Teología, en cuanto es
creencia de la mediación concreta de la salvación. El adulto
mayor y sus grupos, son el medio para que otros
adultos mayores tengan la oportunidad de reflexionar sobre los principios
que constituyen y posibilitan su acción como bautizados en la
tercera etapa de su vida, por las necesidades de otros
mayores (apostolado), ser dignos servidores del Evangelio (espiritualidad) y desarrollar
su espíritu de solidaridad para los demás y consigo
mismo (amistad). La Pastoral es acción:
Es la actividad de la Iglesia
al servicio del Reino de Dios. Es actualización de
la Palabra y vida de Jesús para constituir el Pueblo
de Dios y hacerlo luz de la humanidad (Cristo nos
recuerda siempre: “Yo soy el camino, la verdad y la
vida”).
Es planificación científica, ordenada para obtener los mejores resultados,
considerando presupuestos, medios, métodos e instrumentos adecuados; lo que necesita
el adulto mayor es un mínimo de capacitación, considerando el
tesoro de su experiencia y suficiente motivación, y deje de
ser inempleable, asalariado o no.
Es participación efectiva del adulto mayor
cuando los párrocos distinguen a los líderes con suficiente
experiencia, llenos del don de la sabiduría, instinto e intuición
de lo divino originado en el trato personal y amistoso
con el Señor.
Cuando la Comunidad se percata de la necesidad
de dar un servicio permanente y preferencial de y para
otros adultos mayores, que con el tiempo cada vez son
más, y menos la planta productiva que los puede sostener
principalmente en lo económico, en condiciones decorosas. Esto hace que
se sitúen en el centro del compromiso pastoral de toda
la Iglesia.
La finalidad de esta aportación es despertar el interés
de nuestros sacerdotes por los adultos mayores y sus necesidades,
creando la Pastoral de los Mayores con características generales comunes,
que permitan la evaluación y seguimiento de su quehacer y
resultados.
Pretendemos que la Pastoral de los Mayores, como promoción humana
integral, responda a la pregunta: ¿Qué debe hacer y que
va hacer hoy la Iglesia por sus mayores, en forma
organizada partiendo de sus necesidades fundamentales? El punto de partida
es el análisis de su situación concreta (planteamiento del problema),
posteriormente hacer una reflexión teológica (en función de la determinación
de las necesidades), una visión pastoral de esa realidad (planteamiento
de las alternativas de solución), y luego deducir las normas
para la autoedificación y la acción salvífica de la Iglesia
(soluciones).
No hay que perder de vista la situación presente en
la que se encuentran los adultos mayores, a la que
hay que dar una respuesta actual desde la Iglesia, la
familia, la sociedad, y los propios adultos mayores, a la
solución de sus necesidades básicas con el apoyo de la
Jerarquía y los laicos con sus funciones y estructuras.
Juan
Pablo II nos dice claramente en la Jornada Mundial de
las Comunicaciones Sociales el 10-05-1982: “Estos problemas de la tercera
edad, no pueden encontrar una solución adecuada si no son
sentidos y vividos por todos como realidades pertenecientes a la
humanidad entera, la cual está llamada a valorar las personas
ancianas en razón de la dignidad de todo hombre y
del significado de la vida “que es un don siempre”
Metodología
de la Pastoral.
En un principio se analiza e interpreta la
realidad mediante la aplicación de las ciencias humanas, como la
Geriatría, la Gerontología, Antropología Social, etc. Posteriormente, se recurre a
la reflexión teológica para descubrir, desde la fe, los elementos
permanentes y los transitorios o eventuales; se confrontan los datos
de la realidad con la voluntad de Dios, se deducen
los nuevos principios de acción y se determinan prioridades.
En el
actual contexto social y cultural en Latinoamérica y principalmente en
México, requerimos de una Iglesia que continuamente evalúe sus acciones
en una estructura pastoral, que tenga un común denominador para
todos, independientemente de las características propias de cada entidad,
es decir, compare lo hecho contra lo planeado y
corrija las desviaciones, válido también en el caso de los
adultos mayores que no se pueden considerar como una clase
social y que se deben ajustar al Espíritu de Jesús
y al testimonio de su justicia y caridad como Don
del Padre.
La Pastoral de los Mayores vista desde éste ángulo,
tiene una práctica real que define el comportamiento que producen
las obras de carácter religioso para la salvación integral y
la construcción del Reino. Es una acción dirigida hacia el
interior de grupos de apoyo, que consolida el tejido social
de la comunidad cristiana como Iglesia y hacia el
exterior interpreta la sociedad y la transforma, cuando está presente
en todas las actividades temporales de los adultos mayores. Dentro de
la Iglesia, existen numerosos adultos mayores que a través de
sus comunidades o individualmente están decididos, de acuerdo a sus
carismas a dar testimonio de la esperanza de Jesús y
a comprometerse con el Mensaje.
La acción en la Pastoral de
los mayores.
La acción Pastoral actualiza la vida de Jesús al
constituir al pueblo de Dios en comunidad de discípulos.
La
acción en la Pastoral de los mayores tiene tres momentos
inseparables e íntimamente relacionados:
El anuncio de Jesús del reino de
Dios, (Kerygma) como la parte espiritual, fundamental.
La liberación de Jesús
a los pobres y oprimidos, (Diakonía) que como parte de
un apostolado apoya a los pobres entre los pobres, que
son los adultos mayores.
La creación de Jesús de una comunidad
de discípulos (Koinonía) que dentro de los grupos de apoyo
enseña a los adultos mayores a ser amigos de sí
mismos y de aquellos que viven circunstancias similares, propicia
una conciencia eclesial en la cual todos sus miembros, Jerarquía
y laicado son corresponsables de una sola misión, aunque cada
uno tenga su propia y bien diferenciada función y además,
exista gran diversidad de carismas y ministerios. Es buscar la
unidad en la diversidad de diversidades.
Ámbitos de la Pastoral.
La proclamación
de la palabra de Cristo es el fundamento de la
comunidad y de la comunión de los adultos mayores “que
oyen la palabra de Dios y la guardan” (Lc 8
21). Estos están en condiciones de comprometerse a difundir los
tres momentos más importantes: • El anuncio de la doctrina y vida
de Jesús. • La catequesis, a través de la educación intensiva y
sistemática de los puntos esenciales de la fe, su seguimiento,
evaluación y el compromiso de capacitar agentes multiplicadores. Esta etapa
cuenta con el recurso valioso del tiempo. • “Asimilar una teología como
ciencia de la fe, esclarecimiento y desarrollo metódico por medio
de la reflexión, de la revelación aceptada y aprendida en
la fe” (5).
La comunión y la participación son uno de
los principales puntos a los que, por la etapa que
viven los mayores, deben comprometerse junto con la Jerarquía, inspirados
en el pensamiento de los documentos de Puebla.
Cabe citar a
manera de ejemplo lo siguiente: “Cada comunidad eclesial (y de ellos
primordialmente los mayores), deberá esforzarse por constituir para el Continente,
un ejemplo de modo de convivencia, donde logren aunarse la
libertad y la solidaridad. Donde la autoridad se ejerza con
el espíritu del Buen Pastor. Donde se viva una actitud
diferente frente a la riqueza. Donde se ensayen formas de
organización y estructuras de participación capaces de abrir camino hacia
un tipo más humano de sociedad. Y sobre todo, donde
inequívocamente se manifieste que, sin una radical comunión con Dios
en Jesucristo, cualquier otra forma de comunión puramente humana, resulta
a la postre incapaz de sustentarse y termina fatalmente volviéndose
contra el mismo hombre”. _________________
(5) Fides Et Ratio 65, P. 77
En
la realidad existe una severa distorsión de estos conceptos probablemente
por la falsa seguridad que dan los años, existe una
separación entre comunión eucarística y comunión eclesial. Con frecuencia se
olvida la comunión eclesial, en tanto se mantiene la eucarística.
Se da el fenómeno de cristianos sin Iglesia. En otros
casos se da el hecho insólito y más perjudicial de
creyentes sin Eucaristía.
Evitar semejante situación es obligación en conciencia, de
todos los que estamos integrados a grupos de apoyo, mediante
la actitud de velar por que el crecimiento y desarrollo
de nuestros grupos parroquiales, se dé a la luz del
misterio de la Paternidad de Dios e impulsar a la
participación, a la fraternidad, a la solidaridad y el apostolado
de los laicos y de éstos con el párroco, como
principal responsable de velar por las necesidades de sus feligreses.
La
participación de los adultos mayores en la iglesia es de
integración de la comunidad: • Manifestarse como pueblo en todas las áreas
de responsabilidad como laicos, en su vocación de justicia, paz,
amor y salvación de los demás y de sí mismo
por su ascendencia. • Manifestarse como signo o sacramento, es decir, significar,
hacer evidente su fuerza de espíritu profético y no del
poder de este mundo.
Esta participación, así entendida, permite denunciar el
pecado, en la pequeña área de influencia de cada cual,
hacer una opción por los adultos mayores, ver por sus
necesidades, principalmente por los miembros más débiles, indefensos y oprimidos.
En
el servicio de la caridad fuera de los grupos, el
compromiso liberador consiste en que, haciendo uso de la pequeña
o gran ascendencia de los adultos mayores nos esforcemos por
persuadir, motivar, convencer en la necesidad de edificar el Reino
de Dios fuera de las fronteras de los grupos de
mayores y dentro de la gran comunidad eclesial, gracias a
la participación del adulto mayor en la animación de una
sociedad que debe ser libre, justa y humana.
Agentes de Pastoral.
Por
las especiales características en el área física o biológica, psíquica
y social de los mayores, se considera que se debe
poner especial énfasis en los Agentes de Pastoral o Coordinadores.
Como líderes deben ser conscientes de que Cristo es el
Pastor por antonomasia y la Iglesia es, después de Cristo,
el sujeto de la Pastoral; la Iglesia, entendida como Cuerpo
de Cristo y Pueblo de Dios, con diversidad de miembros,
corresponsables de una sola misión, aunque con diversidad de ministerios
y carismas.
Los laicos adultos mayores: base de la Pastoral.
Una Pastoral
de conjunto sin laicos, sin adultos mayores, no solo sería
insuficiente, sino inadecuada al ser mismo de la Iglesia. La
Iglesia es una “comunidad de fieles en Cristo” indivisible y
compacta. El Documento de Puebla dice que “la Iglesia es
un misterio de comunión y participación y que todos los
laicos por esta razón, están llamados a participar en la
planificación y ejecución pastoral”.
La diversidad de formas organizadas del apostolado
seglar en que puede participar el adulto mayor, exige su
presencia y participación en la Pastoral de Conjunto, íntimamente de
la mano con Pastoral Familiar, lo que le da sentido
a su quehacer sin duplicar funciones, ni dejar espacios en
donde su ausencia es perjudicial, tanto por la naturaleza misma
de la Iglesia, misterio de comunión de diversos miembros y
ministerios, como por la eficacia de la acción pastoral con
la participación coordinada de todos.
Juan Pablo II nos llama la
atención con sus palabras en el mensaje que dirigió a
la Asamblea Mundial de la ONU sobre el envejecimiento en
1982:
“Tanto la sociedad como la Iglesia atienden los aspectos asistenciales
con clubes o centros de distracción para llenar el ocio
mas que hacerlo productivo, sin que haya una participación de
corresponsabilidad para la promoción humana integral y elevar el nivel
cultural o espiritual de los mayores, cayendo en el proteccionismo
de una “superasistencia” que deja a la persona sumergida en
la aflicción de su soledad, impotencia, inutilidad e incapacidad”.
Considerando el
número creciente de adultos mayores en condiciones físicas, psicológicas y
sociales satisfactorias, para el ejercicio de una actividad apostólica, en
beneficio de otros adultos mayores, debemos convencerlos de que tienen
que asumir un papel activo en la vida y en
la acción de la Iglesia, como partícipes que son del
oficio de Cristo Sacerdote, Profeta y Rey. Una de las
maneras más eficientes de lograrlo es trabajar todos en una
misma dirección, en forma permanente y planeada para que den
los resultados que se quieren, en función de las necesidades
de Evangelización de los mayores.
El primer paso es satisfacer sus
necesidades de pertenencia y convencerse que es miembro del Pueblo
Elegido, del Cuerpo Místico de Cristo, que lo hace un
cristiano abierto a otros, ligado a otros, sobrenaturalmente relacionado con
otros y en esta línea es plenamente humano por ser
amigo de sí mismo, de los demás y del Señor,
con una misión específica aunque con funciones y carismas diferentes. Su
misión fundamentalmente es ser en el mundo y obrar en
el mundo, con un estilo propio de la etapa que
vive como adulto mayor, buscando la santificación, la evangelización y
la animación cristiana del orden temporal.
El adulto mayor es sujeto
de la acción pastoral desde el momento que es bautizado
como miembro de la Iglesia, sin embargo, en el momento
vive una generación considerada preconciliar, que ha tenido sus mejores
logros con las enseñanzas de ese periodo de la Iglesia.
La nueva Evangelización nos pide ser parte de los cimientos
de la Pastoral Orgánica, vivir plenamente ese compromiso, ser un
signo perfecto de Cristo entre los hombres y junto con
la Jerarquía, intensificar el dinamismo apostólico del Pueblo de Dios,
como lo refiere claramente S.S. Juan Pablo II en su
Carta a los Ancianos.
El criterio que debemos difundir a
través de una Pastoral de los Adultos Mayores, es precisar
que su acción dentro de la Pastoral de Conjunto, no
es la diversidad de contenidos o campos, sino la diversidad
de estilo o modalidad. Los mayores, desde adentro, desde el
mundo y a su manera, orientados por el párroco necesitan
intervenir en el campo de la Pastoral que les es
propio y tienen ascendencia, por su edad y experiencia, para
que profundicen con su participación teológica en el sacerdocio, profetismo
y realeza de Cristo.
El Evangelio no puede grabarse profundamente en
los ánimos, en la vida y en el trabajo de
los adultos mayores, sin la presencia activa de otros adultos
mayores en la acción con padres de familia, en la
preparación Pre-sacramental, impulsar el redescubrimiento eclesial de la Celebración Eucarística,
de la Palabra y del trabajo como acción santificadora del
mundo.
El tesoro de los adultos mayores que es su experiencia,
si es bien orientada y animada con el auténtico deseo
de ser puente entre la Iglesia y el mundo y
permanecer actualizado en sus profundos y rápidos cambios, complementa la
acción del sacerdote y hace que esta mutua relación se
torne más fluida. Esto exige una nueva mentalidad y una
firme necesidad de conversión.
Tal situación requiere de la participación de
todos los laicos, con toda su gran gama de funciones
y actividades, que dará como producto colateral una mayor unión
de la Jerarquía con los laicos y de estos entre
sí.
Es la oportunidad para los mayores de demostrar que
desempeñan un papel específico, con la seguridad de que su
experiencia los hace insustituibles. La institucionalidad de su colaboración es
un campo abierto en los niveles nacional, diocesano y parroquial.
Los
grupos parroquiales de apoyo dentro de una Pastoral de los
Mayores.
Se entiende por “Grupos Parroquiales de Apoyo de Adultos Mayores”,
un grupo de personas mayores de 50 años, que se
reúnen periódicamente (una vez a la semana) con personas de
su misma condición, con el propósito de intercambiar experiencias, compartir
una serie de actividades espirituales, recreativas y educativas, programadas para
ayudarles a vivir esta etapa de su vida con un
espíritu de alegría y esperanza cristiana.
Para esto hay que persuadir,
convencer, motivar a los miembros del grupo para que haya
interés por los demás; por conocer sus aficiones, gustos y
necesidades. Como consecuencia, este conocimiento nos llevará a generar afecto
y una sólida amistad.
Estos grupos son una forma de expresión
que permiten, en situación de crisis o no, dar a
sus vidas sentido de pertenencia, de aceptación, identidad, trascendencia y
solidaridad que se manifiesta de los más diversos modos.
Se consideran
generalmente grupos homogéneos que permiten crear estrechos vínculos de amistad
por la oportunidad de establecer un trato personal y fraterno
entre sus miembros.
Se desea que estos grupos estén constituidos por
pocos miembros, con espíritu de servicio, con deseo de una
estancia permanente y de ser líder en la Gran Comunidad.
Los
adultos mayores en estas condiciones profesan su adhesión a Cristo,
al procurar una vida más evangélica en el seno de
su comunidad, que es la espiritualidad que se proclama en
estos grupos para denunciar e interpelar las raíces egoístas y
consumistas de la sociedad, en donde el adulto mayor demuestra
su vocación de comunión con Dios y con sus hermanos
y pone todos los elementos necesarios para un punto de
partida en la construcción de una nueva sociedad a través
del Apostolado.
En este sentido, amistad, espiritualidad y apostolado no
son solamente postulados, sino son valores, que al estar fuertemente
arraigados en el adulto mayor facilitan una mejor calidad de
vida.
Características básicas de los grupos parroquiales de apoyo.
Cuando sus miembros
se sienten hermanos porque existe una relación horizontal de amistad,
muy fuerte, propician otra vertical no menos intensa al ser
conscientes que son hijos del mismo Padre Dios.
Este don hace
factible la presencia de Jesús, su Espíritu y su Palabra
entre los mayores. Esta espiritualidad los envuelve totalmente, más
allá de las barreras socioeconómicas, políticas, religiosas, etc.
De esta universalidad
nace la vocación por los adultos mayores, ubicados generalmente entre
los pobres, no solamente en el ámbito material sino en
el afectivo, moral o espiritual. Ellos son los primeros
destinatarios de los beneficios de un apostolado de los adultos
mayores.
En las comunidades de mayores, por todas las características que
le son propias, al encontrar su enclave en el mundo
y al asumir un lugar nuevo con exigencias nuevas, se
corre el riesgo de no aceptar totalmente al Señor y
a la Comunidad, o lo que es peor, aceptarlos a
su manera; lo que permite que desarrolle raíces la primacía
del individualismo, tensiones, conflictos o enfrentamientos. Cuando hay consenso
en el aprovechamiento del conflicto, se encuentra el camino
de la unidad.
Una de sus características fundamentales es la espiritualidad,
cuando se le da una dimensión trascendente como es el
estar centradas en la fe, tanto en el individuo como
en la Comunidad en donde exista un compromiso de fidelidad
a Cristo y a la Iglesia. Cuando se nutren de
la Palabra de Dios, que es leída en vida y
para la vida y no solamente una abstracción, se vive
el Evangelio en la vida real, se confronta con la
fe y con el tesoro propio del adulto mayor, que
es su experiencia, además, el adulto mayor tiene la oportunidad
de la oración, cuando es bien dirigido para descubrirla como
una necesidad, como un don gratuito, tanto en la oración
comunitaria como en lo personal en la Eucaristía.
Por todo lo
anterior, advertimos que siempre será necesaria la presencia de un
sacerdote en las comunidades de adultos mayores.
Hasta el momento, y
de acuerdo con las características mencionadas, no existe una Pastoral
de los Mayores global, estructurada, organizada, con criterios comunes y
que vea por las necesidades de los mayores, aunque si
“tenemos pequeños ejemplos de instituciones que deben desarrollarse, destinadas a
las personas ancianas y desde un tiempo tan lejano. ¡Que
sean felicitadas y estimuladas! Una sociedad se honra singularmente haciendo
que converja, de la mejor manera posible, el respeto a
los ancianos y las actividades de las diversas instituciones que
los acogen. Estos caminos están al servicio del hombre” S.S.
Juan Pablo II en su mensaje a la Asamblea Mundial
sobre el Envejecimiento de la Población, convocada por las Naciones
Unidas el 26-07- 1982.
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