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Autor: Roberta Sciamplicotti, traducción de Inma Álvarez | Fuente: Zenit.org La integración de los inmigrantes pasa a través de los jóvenes
Afirma monseñor Marchetto a la Fundación Konrad Adenauer
La integración de los inmigrantes pasa a través de los jóvenes
BRUSELAS, martes 14 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Los jóvenes
migrantes “deberían tomar parte en cómo se proyectan las políticas
sobre la inmigración”, porque son precisamente ellos quienes “están orientando
la conciencia común, desde una percepción negativa de la emigración
a una positiva”.
El arzobisdo Agostino Marchetto, Secretario del Consejo Pontificio
de la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, lo ha
afirmado este martes en Bruselas, en una Conferencia organizada por
la Fundación Konrad Adenauer (Konrad-Adenauer-Stiftung).
Interviniendo sobre “la integración de los
jóvenes desde situaciones de emigración: motivaciones cristianas y contribución de
las Iglesias”, el prelado ha observado que los jóvenes migrantes
deben desempeñar un papel más significativo en las políticas sociales
porque “son precisamente ellos quienes están creando un mundo más
seguro, acogedor y multicultural, a pesar de todo”.
Según las estimaciones
oficiales, recordó, un tercio de los migrantes a escala mundial
tiene una edad media comprendida entre los 15 y los
25 años. A ellos se añaden los hijos de los
emigrados de primera generación, reunidos con sus familias de origen
o nacidos en el país de inmigración, o que han
cumplido en el el ciclo de la escolarización.
Las segundas
generaciones y los jóvenes pertenecientes a minorías étnicas, sostiene el
arzobispo, constituyen un grupo “con fuerte riesgo de doble marginalización,
en cuanto jóvenes que experimentan, a la vez que sus
coetáneos autóctonos, los problemas y dificultades ligadas al estudio y
al acceso al mundo del trabajo, como en cuanto a
miembros de minorías más o menos excluidas y estigmatizadas”.
En un
contexto migratorio, las preguntas existenciales parecen agudizarse, “haciendo surgir en
términos nuevos el problema de la auto-identificación, expresado incluso en
los interrogantes sobre el sentido de la vida, sobre la
justicia social, sobre la salvaguarda de la creación y sobre
la relación con Dios”.
En esta clave, según el arzobispo,
la migración “puede definirse también como una experiencia ´espiritual´ en
el sentido que induce más fácilmente a plantearse cuestiones fundamentales
y a intentar desvelar el misterio de la vida”.
“Precisamente
en estas coyunturas, la religión tiene un rol crucial para
la construcción de la identidad, en la búsqueda de significados
y en la formación de los valores, sobre todo en
los jóvenes con experiencias migratorias”.
El papel de las Iglesias,
subraya monseñor Marchetto, es relevante “en una doble vertiente: la
de la salvaguarda de la identidad cultural y en el
de la integración en el nuevo contexto”. Los dos aspectos,
constató, se entremezclan, porque “muchos jóvenes inmigrantes se convierten de
hecho en ciudadanos de una nueva patria, en la que
han decidido poner las esperanzas de una vida mejor, precisamente
gracias a los recursos que también la adhesión religiosa les
ha proporcionado”.
En su opinión, la mejor contribución que la Iglesia
puede dar a día de hoy sobre esta cuestión es
el esfuerzo de crear “una sólida y fecunda cultura del
diálogo, a nivel ecuménico, interreligioso e intercultural”.
De la misma
forma, debe promover una atención constante hacia la centralidad de
la persona humana y la defensa de los derechos del
hombre, porque la integración “es ante todo una cuestión de
relaciones entre personas de distintas pertenencias e identidades, que comparten
el mismo espacio físico, social, administrativo y político”.
“No son por
tanto al final diferentes cultural las que se encuentran, o
se confrontan, sino las personas que pertenecen a ellas”.
El prelado
ha augurado una mayor atención por parte de los medios
de comunicación social a los jóvenes con experiencias migratorias, nacidos
en un país extranjero de padres inmigrantes o que han
llegado a él cuando eran muy pequeños.
Si en general “consiguen
vivir en armonía, o casi, con dos culturas sin contrastes
dramáticos, sin sentirse íntimanente divididos”, esta “no es una conquista
fácil”, admitió, y no raras veces los jóvenes de segunda
generación “no se sienten integrados del todo como sus coetáneos
nativos”.
Según el prelado, “hay al menos tres razones principales
que suscitan sentimientos de preocupación e incluso alarma” hacia los
inmigrantes: “el miedo a recibir flujos caóticos de migrantes, una
percepción negativa de la presencia de guetos en las ciudades,
y la rivalidad en el mercado de trabajo”.
“Todo esto confirma
que la única vía de la integración es la participación
tanto de los inmigrantes como de la sociedad civil en
este proceso”, objetivo que se ha puesto el Consejo Pontificio
para la Pastoral con Migrantes e Itinerantes, en sinergia con
las comisiones de pastoral migratoria de las Conferencias Episcopales de
todo el mundo.
“Uno se puede preguntar si es posible elaborar
una nueva vía de integración, no como solución diseñada encima
de una mesa, sino como experimentación de un proceso de
cohesión y participación, partiendo también de un gran recurso como
el que representan los jóvenes migrantes de segunda generación”, propuso.
Esto,
con todo, solo será posible en la medida en que
se consiga difundir “la conciencia de que la presencia de
los inmigrantes no es pasajera, sino estructural, y que es
un gran recurso para el camino de la humanidad”.
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