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Autor: Álvaro Correa | Fuente: es.catholic.net El pozo de Ryan
El sueño de un niño llevado a la realidad
El pozo de Ryan
El pozo de Ryan no es la continuación de
la película de guerra Salvad el soldado Ryan. Aquí se
trata de un verdadero pozo de agua, de un pozo
natural, de un pozo que brota fresco para apagar la
sed.
Ryan Hreljac es un chico canadiense de once años. Un
día escuchó en su escuela la descripción de la sed
que sufren los niños africanos de su misma edad. Se
quedó muy impresionado, como todos sus compañeros. Pero Ryan dio
un paso más: de la impresión pasó a la acción.
Con servicios domésticos consiguió 70 dólares. Había escuchado que eran
suficientes para realizar un pozo. La WaterCan de Ottawa, una
compañía que recoge fondos para África, le informó que no
bastaban 70 dólares para excavar un pozo sino 2000. Ryan
no se dio por vencido, aceptó el reto de reunir
700 dólares para que el resto lo cubriera la WaterCan.
Su ilusión y tenacidad dieron fruto y al poco tiempo
un pozo de agua brotaba en la aldea de Angolo,
Uganda del Norte. La noticia se divulgó en Canadá y
el proyecto de Ryan creció hasta convertirse en la fundación
“Pozo de Ryan”. Ya han reunido 750 mil dólares
para ayudar a las personas necesitadas de África.
Se podría pensar
que el pozo en Angolo es el sueño realizado de
un niño. Sin embargo creo que aquí la realidad es
mayor, pues el sueño continúa y crece en cada proyecto
realizado. Ryan vive normalmente como todo buen hijo y estudiante,
pero su pozo ha despertado la generosidad de muchas personas.
Cuando
tuve noticia del pozo y de Ryan me vino de
inmediato a la mente la afirmación de Jesús: «Y todo
aquel que dé de beber tan sólo un vaso de
agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo,
os aseguro que no perderá su recompensa». (Mt. 10, 42).
¡Y cuántos vasos de agua fresca ha ya dado Ryan!
Me gusta este ejemplo porque vuelve a gritarnos en lo
más hondo del corazón que hacer el bien a los
demás por amor a Cristo es el mejor proyecto de
la vida. Unos excavarán pozos, otros construirán casas, unos curarán
a los enfermos, otros consagrarán totalmente su vida a predicar
el evangelio. Todos los que vean el rostro de Cristo
en el hermano necesitado sentirán que les estalla el corazón
y no se quedarán sin tenderle la mano.
Un pozo
en las regiones africanas es una bendición. Su ojo cristalino
mira siempre hacia arriba y custodia en su pupila el
reflejo del cielo. El pozo mira también el rostro de
las personas que se asoman para hablar con él. Les
sonríe en silencio y memoriza su figura con trazos temblorosos.
Hay un pacto de amistad. El círculo sereno de sus
aguas solo se perturba cuando cae de golpe un balde.
No sufre el pozo. El eco del agua sube por
su garganta como un toque jubiloso de trompeta. Quizás Ryan
no lo sepa, pero cada pozo, allá en el fondo,
donde se mezcla la luz externa con la sombras de
la tierra, hay una imagen suya. Cada pozo abierto lleva
en sus aguas el rostro de un niño que tendió
la mano al hermano necesitado.
Deseo a Ryan que
persevere en el bien que ha iniciado y que mantenga
su corazón atento y generoso. El Cristo sediento que atiende
con sus pozos le pedirá siempre un amor mayor. Ojalá
que este campeón canadiense nunca se contente con lo ya
conseguido. Cada balde de agua de sus pozos lleva una
gota de su vida. Le deseo que continúe abriendo pozos
y que su amor dé también de beber a las
personas que mueren de sed por su egoísmo.
No sé si
tendré un día la ocasión de beber agua de un
pozo de Ryan. Quizás sea más fácil estrechar un día
su mano y decirle: “Dios ha dado a cada pozo
tuyo un pedacito de su cielo. Qué hermoso gesto de
amistad. ¡Gracias, Ryan!”.
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Imagen: www.ryanswell.ca
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