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Autor: n/a | Fuente: prensalibre.com La marchas procesionales en Guatemala
Nuevos y jóvenes compositores continúan aportando al enorme acervo cultural que representa esta corriente musical, propia de Guatemala y que identifica de manera única nuestra devoción por la Semana Mayor
Una de las más bellas características de la Semana
Santa guatemalteca, son la marchas que acompañan a las imágenes
durante su recorrido. Su solemnidad también es para darle ritmo
al paso de los cargadores y para inspirar al público
que las contempla.
"Las marchas fúnebres constituyen un género particular de
la música guatemalteca, con identidad propia...", dice el historiador Fernando
Urquizú, en su más reciente libro, Nuevas notas para el
estudio de las marchas fúnebres en Guatemala (Caudal, 2003).
Las marchas
procesionales son de origen español y tuvieron su origen, según
Urquizú, en tiempos coloniales y se distinguen tres períodos en
su desarrollo.
El primero abarca los años de la Colonia, hasta
1871, que es cuando da inicio la denominada época liberal.
Durante este primer período las marchas procesionales reflejan un sentimiento
inspirado por una iglesia católica que entonces era omnipresente, pues
se encargaba prácticamente de la educación escolar y supervisaba, al
menos en términos morales, casi todas las actividades sociales.
Entre los
maestros de aquella época cabe mencionar a Miguel Pontaza, José
Tomás Guzmán y a Vicente Sáenz. Por su parte Benedicto
Sáenz, hijo, tuvo un papel preponderante en la creación de
música sacra de la época. Incluso composiciones suyas, como sus
misereres, se tocan anualmente en la Tiniebla del Miércoles de
Ceniza.
"El Tercer Movimiento de la Sonata en Si bemol Mayor,
de Chopin, es la creación musical que más ha impactado
la Semana Santa", dice Urquizú. Por otra parte, también la
sinfonía Fúnebre y Triunfal, de Héctor Berlioz, y la Heróica,
de Beethoven, dejaron una fuerte impronta en los compositores locales
de entonces. El segundo período inicia con la Reforma Liberal, de
1871, y llega hasta 1944. A esta época le debemos
La Fosa, una marcha que aún forma parte del repertorio
de muchos cortejos procesionales, del maestro Santiago Coronado.
Otros creadores cuyas
composiciones evocan aquella época, son Rafael Álvarez, Manuel Martínez Sobral,
Marcial Prem, Víctor González, Fernando Escobar y Nicolás González.
Sin embargo,
llama la atención que en esta época abundan las marchas
fúnebres que tienen por nombre sólo un número, lo que
demuestra que conformaban una serie dedicada al tema.
La época moderna
A partir de 1944, Urquizú considera que se inicia la
era actual de las marchas fúnebres procesionales. Con el siglo
XX también llegó la tecnología a las marchas fúnebres, pues
empezaron las transmisiones por radio, las cuales popularizaron aún más
este género musical.
A mediados del siglo XX, en 1955, se
aparecieron los primeros Long Play dedicados al género. Entre las
primeras grabaciones en alcanzar al público, están Semana Santa en
Guatemala, de la disquera Tikal, con 11 composiciones interpretadas por
la Banda de Solistas dirigida por el maestro Ramón Bonilla.
En
1959 apareció el Disco de Oro, con la misma banda,
pero bajo la batuta de Víctor M. Lara. Más adelante
continuaron presentándose más discos, muchos de los cuales hoy son
coleccionables debido a que se editaron en forma limitada.
La composición
de marchas fúnebres no cesó, al contrario, se enriqueció con
el aporte de nuevos compositores, como Fray Miguel A. Murcia
(Sudor de Sangre), Julio González Celis (Cascada de Llanto), Julia
Quiñónez (Mater Dolorosa) o Arturo Barreda con Luz Divina.
Actualmente, nuevos
y jóvenes compositores continúan aportando al enorme acervo cultural que
representa esta corriente musical, propia de Guatemala y que identifica
de manera única nuestra devoción por la Semana Mayor.
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