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Autor: P. Paolo Sacarafoni, L.C. | Fuente: Zenit.org Los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales
Los frutos eclesiales que provienen de los Movimientos y las nuevas comunidades eclesiales son evidentes
Los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales
Los " Movimientos y las nuevas comunidades eclesiales" nos
permiten admirar una "nueva primavera del Espíritu", como ha dicho
el Santo Padre en el primer gran encuentro de estas
nuevas realidades el día de Pentecostés de 1998 en Roma.
La acción del Espíritu santo suscita nuevos movimientos y comunidades
para renovar profundamente el rostro de la Iglesia y la
vida espiritual de un gran número de fieles. Los "Movimientos y
las nuevas realidades eclesiales" se pueden identificar por los siguientes
elementos característicos (Manuel M. Bru, Testigos del Espíritu, Edibesa, Madrid
1998):
1. La universalidad de la llamada
Dirigida principalmente a los
laicos, pero que implica igualmente a todas las formas de
vocaciones eclesiales, sacerdotes, consagrados y consagradas, laicos; de todas las
edades y condiciones sociales y culturales. Los carismas de los
movimientos son capaces de penetrar, a la luz de una
experiencia espiritual característica, en todos los ámbitos de la vida
eclesial y humana, para evangelizarlos y cristianizarlos de modo radical.
2. La universalidad del carácter misionero
Se trata de movimientos en
rápida expansión capaces de penetrar en todos los ámbitos más
difíciles y secularizados: la juventud, las universidades, el mundo laboral
y de la empresa. Se presentan en nuevos "areópagos", y
actúan en ambientes surgidos recientemente y donde aún debe oírse
el anuncio del Evangelio, definidos en la encíclica Redemptoris Missio:
los medios de comunicación, la cultura, la investigación científica, las
relaciones internacionales, la economía. Algunos movimientos responden con modos nuevos
y originales, respetando fuertemente a la jerarquía de la Iglesia,
a los grandes desafíos planteados a la Iglesia: el diálogo
ecuménico, el diálogo interreligioso, el diálogo con el mundo laico.
3. La universalidad de la comunión
Los movimientos ofrecen una profunda
y auténtica experiencia de comunión eclesial que permite vivir con
renovación el seguimiento de Cristo, al modo de las primeras
comunidades cristianas. En la sociedad secularizada son capaces de presentar
un Cristo vivo, al que se adhiere en la comunidad
y de hacer que se experimente la acogida, la compenetración
y el espíritu de familia.
Algunas notas espirituales son comunes
a los movimientos y a las nuevas comunidades eclesiales: la
adhesión cordial al Papa demostrada claramente; la oración cristocéntrica y
eucarística; la revalorización del papel del Espíritu Santo en la
vida de los creyentes; el amor y la devoción filial
a María, el espíritu conciliar, sin retornar a las nostalgias
del pasado; la comunión con la iglesia local.
Los frutos
eclesiales que provienen de los Movimientos y las nuevas comunidades
eclesiales son evidentes ya: han hecho entender que no basta
con la renovación de las estructuras para garantizar la experiencia
de la fe viva; han dado la posibilidad a amplios
sectores del Pueblo de Dios de recibir una evangelización real;
han hecho reflorecer las vocaciones sacerdotales y consagradas; han dado
vida y sustento a muchísimas iniciativas eclesiales; han dado un
rol activo y adecuado a los laicos en el proceso
de la nueva evangelización de la sociedad alejada de la
Iglesia.
Los obispos deben dar importancia a los Movimientos y nuevas
comunidades eclesiales para devolver el vigor a la vida cristiana
y a la evangelización (Directorio para los Obispos 114, Pastores
Gregis 51): deben reconocer el derecho de las asociaciones de
fieles, en cuanto fundadas en la naturaleza humana y en
la condición bautismal y fomentar con espíritu paterno el desarrollo
asociativo, acogiendo con cordialidad los "movimientos eclesiales"; se espera de
ellos que disciernan la autenticidad de los carismas, cuidando de
que se aprueben sus estatutos y teniendo en cuenta el
reconocimiento o la creación de asociaciones internacionales por parte de
la Santa Sede para la Iglesia universal; deben favorecer la
complementariedad entre los movimientos de diversa inspiración, evitando posibles disensiones
y sospechas; y promover su inserción en la comunidad diocesana
y parroquial, de las cuales no deben separarse.
El Espíritu Santo
suscita la variedad de los carismas en la unidad. Este
hecho no es negativo en sí mismo, sino que el
propio carisma se pone al servicio de la común edificación.
No es siempre fácil evitar las incomprensiones y dificultades; la
condición indispensable es la caridad y el diálogo. Juan Pablo
II ha procurado mucho superar tales obstáculos, como otros papas
en épocas anteriores de la iglesia intervinieron para resolver las
tensiones frente a nuevas realidades eclesiales (por ejemplo cuando surgieron
las órdenes mendicantes).
Los movimientos y nuevas comunidades eclesiales se consideran
a menudo sectas. El peligro principal de las sectas es
la pérdida de la libertad personal, de la autodeterminación y
de la plena conciencia y el juicio. Para quien no
entiende o no quiere entender la naturaleza del cristianismo es
fácil confundir a las sectas con las asociaciones religiosas cristianas
que sin embargo si respetan verdaderamente la libertad personal El
cristianismo, de hecho, ha sido siempre el verdadero defensor de
la libertad humana, y en su seno no se exaltan
fanáticamente los jefes carismáticos. Las acusaciones de sectarismo sin embargo
no deben atemorizar a los cristianos y hacerlos renunciar a
la evangelización. El respeto de la libertad no impide el
celo de la predicación y de la misión de la
evangelización. La fe nunca se impone, pero se debe proponer
con empeño, constancia y sacrificio. No hacerlo podría impedir a
muchas personas conocer la belleza de Cristo y la salvación.
La libertad humana se debe respetar con delicadeza y al
mismo tiempo debe ser interpelada, también en contraposición con cuestiones
consolidadas por la costumbre o el conformismo.
Intervención del padre
Paolo Sacarafoni, L.C. rector del Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum», pronunciada
en la videconferencia mundial de teología organizada por la Congregación para el Clero sobre «Los fieles laicos», el 30
de marzo de 2004.
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