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Autor: Yolanda Graciela Galarza Legua Movimiento de Vida Cristiana (MVC)
Constituye un espacio comunitario de encuentro con el Señor Jesús, en el que se busca experimentar una auténtica y comprometida vida cristiana
Movimiento de Vida Cristiana (MVC)
El Movimiento de Vida Cristiana (MVC) es un movimiento
eclesial con una espiritualidad y un estilo propios dentro de
la comunión de la Iglesia. Es una Asociación Internacional de
Fieles de Derecho Pontificio.
El MVC constituye un espacio comunitario
de encuentro con el Señor Jesús, en el que se
busca experimentar una auténtica y comprometida vida cristiana. Tratando de
acoger la amorosa gracia que el Espíritu derrama en los
corazones, sus integrantes descubren un llamado a encontrarse con el
Señor Jesús, a anunciarlo y a proclamar el Evangelio de
la Reconciliación en el mundo. El Movimiento, como porción de
la comunidad eclesial, se inserta activamente en la misión de
la Iglesia. Por ello aspira a proyectarse apostólicamente a través
de la vida testimonial, el anuncio de la fe y
la promoción humana integral, a la luz del Evangelio y
de las enseñanzas de la Iglesia. Su identidad está sellada
por su eclesialidad y por su vocación al apostolado, que
marcan su vida y su compromiso.
El MVC está conformado
por hombres y mujeres, de diversos estados de vida, que
se vinculan en una misión apostólica común. Esta vinculación puede
ser a título personal o en forma colectiva, y lleva
a constituir comunidades, grupos, instituciones, asociaciones y servicios de diverso
tipo y con distintas finalidades apostólicas concretas. Su horizonte es
vivir según la fe de la Iglesia y aportar al
desarrollo de la vida cristiana en el mundo. Desde una
perspectiva tanto personal como comunitaria, los emevecistas procuran coordinar la
contribución de unos y otros, desplegándose según el carisma, estilo
y espiritualidad del MVC al servicio de la misión de
la Iglesia según el Plan de Dios.
Santidad, apostolado y servicio
En
lo central de su experiencia de fe se sitúa el
anhelo por vivir la santidad, el ardoroso compromiso por el
apostolado y la entrega generosa y fraterna en el servicio.
Estas tres dimensiones expresan la identidad y la proyección del
MVC. En esa perspectiva, la vida es entendida siempre en
relación a la iniciativa divina de amor. Así, es asumida,
acogiendo la gracia de Dios, en una respuesta libre y
activa para que cada quien coopere con el Amor. De
tal forma, cada cual se deja conformar con el Señor
Jesús, y de esa manera se encamina a la plena
participación en la Comunión Divina. Es este proceso de conformación
el que nos conduce a la santidad. Quien vive en
comunión con el Señor y en fidelidad al divino Plan
se siente movido a testimoniar y anunciar la fe en
el Señor Jesús. De esta forma, toda la vida se
va configurando en un servicio que brota del corazón convertido
y se plasma en acciones concretas de amor a Dios
y de fraterna solicitud por los hermanos, especialmente por quienes
están en necesidad. En este compromiso los miembros del MVC
acuden a la intercesión de la Inmaculada Virgen María, en
quien descubren a la Madre amorosa.
El servicio apostólico que el
MVC se siente llamado a cumplir se inscribe dentro del
marco de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, al que
considera un «acontecimiento providencial»[3] y un verdadero don del Espíritu
para estos tiempos y el tercer milenio adveniente. En las
orientaciones conciliares y en las impostaciones locales --como por ejemplo
las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano-- nutre su vocación eclesial.
Mira siempre con atención al Magisterio, y aspira a colaborar
en su vivencia y aplicación.
Evangelización, reconciliación, comunión
La gran tarea que
descubre el MVC en esta hora de la Iglesia es
la de promover una renovada evangelización y reconciliación, para que
así sus miembros, aspirando ser permanentemente evangelizados y reconciliados, puedan
ser evangelizadores y reconciliadores según los impulsos del Espíritu Santo.
Ése es el horizonte concreto hacia el cual el MVC
quiere dirigirse. Asume vivamente el desafío de la Nueva Evangelización
que el Magisterio ha propuesto con insistencia como programa para
estos tiempos de profundas transformaciones culturales. Y este programa, como
dice Luis Fernando Figari, Fundador del Movimiento de Vida Cristiana,
implica «acoger el llamado, acoger coherentemente la luz y la
fuerza del Evangelio, dejándonos conformar en el Señor Jesús, y
así ir al encuentro de las personas y de la
cultura, anunciando la liberación cristiana con espíritu pascual y recorriendo
el camino de la cuádruple reconciliación».
El MVC desea vivir de
manera intensa la comunión en la fe. En primer lugar
reconoce que forma parte del Pueblo de Dios y quiere,
como tal, contribuir en el fortalecimiento y extensión de dicha
comunión. Entendiendo a la Iglesia como un sacramento de comunión
y reconciliación del ser humano con Dios, y de los
hombres entre sí, vive en el dinamismo de una eclesiología
que expresa estas características. Es en dicha comunión en donde
se produce el encuentro con el Señor Jesús. Y dicho
encuentro es el camino hacia la participación en la Comunión
Divina de Amor que es la Santísima Trinidad.
Esta comunión
se trata de hacer concreta en la vida cotidiana de
los emevecistas a través de la vivencia de la caridad,
poniendo un especial énfasis en la formación básica en la
fe de la Iglesia y en la adherencia e internalización
de tan grande don en el horizonte de la esperanza.
El MVC está organizado en base a comunidades de fe,
en las cuales se anhela de manera consciente y activa
vivir la comunión y la fraternidad, para proyectar luego esa
experiencia en todos los servicios que se prestan. Expresión de
esta realidad es el clima de acogida y de festiva
celebración que se vive al interior de las comunidades que
conforman el MVC. Y en todo esto el corazón de
la vida y acción del Movimiento está en la sagrada
Eucaristía, «Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida», fuente
de la comunión y de la reconciliación.
El movimiento tiene diferentes
asociaciones y una de ellas es BETANIA, a la cual
pertenezco.
Inspirados en la espiritualidad conjunta que expresan las personalidades
bíblicas de Marta y María de Betania, en el
MVC se reúnen grupos de mujeres adultas comprometiéndose a profundizar
en la fe, orar y anunciar al Señor Jesús con
el testimonio de sus vidas. Los grupos de Betania tienen
también a su cargo diversas actividades de proyección apostólica y
social solidaria.
Para expresar específicamente la vocación a la oración
y al servicio que las anima, las Betanias buscan vivir
según el modelo del hogar donde el Señor Jesús encontraba
el cordial y reverente recibimiento y atención de Marta y
María.
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