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Autor: Luis Béjar Fuentes | Fuente: Catholic.net Sor Elvira y la Cristoterapia
1,800 jóvenes de ambos sexos estén encontrando en esta forma de vida, la solución para su vida, especialmente la vida eterna
Sor Elvira y la Cristoterapia
“Estoy preparado para aceptar todo lo que Él ha decidido
para mí. Conoce los deseos de mi corazón, que pueden no
coincidir con Sus planes. Pero de todos modos está bien, más
allá de mi vida, más allá de mis deseos, está Dios
a quien amo más que a mí mismo. tengo fe en
Él y todo lo que ha preparado para mí. ¡Padre, Tú
conoces los deseos de mi corazón, pero que se haga
Tu voluntad y no la mía!”
Este es un maravilloso acto
de entrega que hace eco perfecto al de Nuestro Señor
Jesucristo, cuando llegada la hora de su pasión se llevó
consigo a Pedro, Santiago y Juan al Huerto de los
Olivos y ahí experimentó una tristeza y angustia mortal, a
nivel tal, que sudó sangre. Sus palabras que recordamos cada
vez que rezamos el primer misterio doloroso: “Padre, si quieres,
aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi
voluntad sino la tuya” (Lc 22, 42), son la manifestación
de la lucha interna entre el cuerpo y el espíritu,
repetida en tres ocasiones –sin encontrar respuesta favorable ni del
cielo ni de la tierra, ya que los discípulos se
quedaron dormidos una y otra vez- y en la que
finalmente, éste se impone sobre aquél, y acepta consciente y
libremente los designios insondables de Dios Padre.
Pero, ¿de qué místico
o santo se trata la oración tan sublime arriba presentada?
¿A qué martirio se estaba entregando con docilidad y entereza
tan grande? De ninguno de los que podemos imaginar siquiera.
Son las palabras de un joven de 28 años que
siendo ex-drogadicto padeció SIDA los últimos 14 años de su
vida. Su nombre: Nicola Incorvaia, quien dio este testimonio
escrito el 13 de mayo de 1996, uno de los
últimos antes de su muerte, dirigido a su amada corredentora:
Sor Elvira.
Tuve la dicha de viajar el pasado mes noviembre
junto con mi familia a Medjurgorje (Bosnia-Hercegóvina uno de los
5 países en que quedó dividida la antigua Yogoslavia), en
donde después de 24 años creemos que se sigue apareciendo
Nuestra Madre bajo el nombre de Reina de la Paz,
y una de las actividades programadas por Miky –el guía
bilingüe que nos atendió de maravilla- fue la visita a
la comunidad “Cenacolo Campo della Vita”. El testimonio verbal dado
por dos ex-drogadictos fue precisamente en la capilla construida por
ellos mismos, como también lo había hecho Nicola con la
suya.
Fue edificante escuchar de ellos mimos que, la salvación y
el último camino que les quedaba para salir de su
problema –como ahora lo están haciendo 1,800 compañeros y compañeras
(en comunidades por separado) en 45 hermandades presentes en 9
países incluyendo una en México- era precisamente el estilo de
vida que les proponía Sor Elvira: No medicinas, no psiquiatras
ni psicólogos, no terapias, sino oración, oración y más oración,
aunado al trabajo y disciplina, con un profundo sentido de
hermandad y de caridad mutua. Uno de ellos nos decía
que a pesar de no saber y muchas veces
no querer orar, sobre todo al ingresar a la comunidad,
no era nada fácil el intentar rezar el Santo Rosario,
escuchar o leer la Palabra de Dios, asincerarse e irse
a postrar ante el Santísimo Sacramento, pero que al pasar
el tiempo y con la ayuda de un segundo “ángel
de la guarda” asignado a él las 24 horas del
día –otro de los compañeros que ya había logrado superar
la etapa más difícil- empezaban a darse cuenta que en
Él y con Él tenía otro sentido la vida, que
el amor desinteresado era posible, que había un Dios que
sí lo amaba, que no lo rechazaba –como sucedía en
el mundo cuando cometía toda clase de fechorías con tal
de obtener la siguiente dosis de droga- y en quien
empezaba a sentir la fuerza para alcanzar su propia “resurrección”.
El
cuadro que uno de ellos pintó atrás del altar en
el fondo de la capilla, bellísimo, muestra de manera gráfica
el sentir maravilloso de este su resucitar a la Vida…
tomados de la mano de Jesús vestido de blanco –uno
a la derecha y otro a la izquierda- están saliendo
de sus féretros ante la presencia de los santos, quedando
en la parte de abajo, una parte oscura en donde
se ven cadenas rotas que caen a lo profundo.
El hecho
mismo de que 1,800 jóvenes de ambos sexos estén encontrando
en esta forma de vida, la solución para su vida,
especialmente la vida eterna, justifica plenamente el término empleado por
uno de ellos: “Cristoterapia”. El centro de su renacer es
Cristo, el encuentro con Él –posiblemente difícil al principio- va
cobrando sentido y ciertamente “El Señor que es compasivo y
misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia (LH,
Viernes I)” se adelanta, se anticipa, los abraza y como
el Padre de la parábola del hijo pródigo “…lo vio
y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le
besó efusivamente…le puso el mejor vestido, le puso anillo y
sandalias y celebró una fiesta” (Lc 15, 20-22,23).
¡Cuántos de nosotros,
que hemos tomado la decisión de acercarnos un poco más
a Jesús Eucarístico tanto en la Sagrada Comunión como en
la Adoración Eucarística frecuente hemos vivenciado la paz que sólo
Él puede darnos! La invitación de Su Santidad cobra mayor
relevancia ante estos hechos indudablemente milagrosos. La oración de alguien
que muera de SIDA después de padecerla durante 14 años
y de quien se dio este testimonio: “Los últimos días,
antes de partir hacia el reino de los cielos, parecía
ser nuevamente un niño, se entregó a nosotros con mucha
fe, estaba tan sereno que Moreno y yo no podíamos
estar tristes (Fabricio, amigo de Nicola)”, reafirma la certeza de
que sólo Él y con Él es posible rehacer nuestra
vida no sólo en términos espirituales –de recobrar la gracia
teniendo una vivencia fuerte del encuentro con Él y la
certeza de la salvación- sino también la vida en este
valle de lágrimas, en el que posiblemente las cosas no
cambien en la dirección que quisiéramos, sino que ahora las
veamos a través de los ojos de Cristo, aceptando permanentemente
la voluntad del Padre quien sabe perfectamente que es lo
que más nos conviene para la salvación eterna de nuestra
alma.
Adorado sea Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar. No
desperdiciemos la oportunidad que nos está brindando nuestra Santa Madre
la Iglesia en este Año Eucarístico: Indulgencia plenaria –perdón total
de nuestras culpas- si con las debidas disposiciones rezamos ante
el Santísimo Sacramento, que permanece solo y en espera paciente
de nuestra visita la mayor parte del día.
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