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Autor: Padre Alberto Hurtado | Fuente: fermento.tk Movimiento Fermento
Somos un movimiento que busca ser los brazos de Dios en el mundo
Movimiento Fermento
Somos un movimiento que busca ser los brazos de Dios
en el mundo, llegando al igual que el Señor a
encarnarnos en la realidad de los que sufren para que
desde ahí podamos llevarlos a redescubrirse como verdaderos hijos de
Dios. Él ha sacado de la oscuridad a la luz
del mundo su opción más fuerte. Una opción de amor
que se materializara en la medida que hagamos vida el
mandato de amor que el mismo Jesús nos dejo, “Ama
a tu prójimo como a ti mismo”
Jesús se entrego por
nosotros para que comprendiéramos la profundidad del verdadero amor. No
hay verdadero amor sin sacrificio, sin darse totalmente, desinteresadamente, “No
hay amor más grande que este “dar la vida por
los amigos”. La oportunidad de dar nuestro amor a Él
en una acción viva, tras comer el pan de vida. Para
ello se hizo hambriento, desnudo, despojado: Él tiene Hambre de
pan, de justicia, hambre de dignidad humana...
Estaba desnudo: desnudo
de esa consideración, de esa justicia, del reconocimiento de que
también él es como nosotros, creado por la misma mano
amorosa de Dios para amar y ser amado. Estaba sin hogar
y me diste cobijo: poder ayudar y educar a que
cada uno pueda acceder a una vivienda más digna, organizandolos,
asesorándolos y fomentando una convivencia más sana en la misma
familia, al estilo de las comunidades de base.
Era analfabeto y
me enseñaste: procurar un acercamiento a la cultura, riqueza de
todos los pueblos, esta les abrirá las perspectivas del mundo
y por ende las posibilidades frente a este.
El acompañamiento debe
ser sincero y autentico sobre todo para aquellos que se
encuentran más solos y abandonados ellos son los más pobres
de entre los pobres, la soledad el no sentirse amado
es la pobreza más profunda que puede existir, aun muchísimo
más dura que la material. Desahuciado, no sólo de una casa
de ladrillo, sino abatido en una fría soledad. Arrojados a
la calle, no queridos, no amados, preteridos. Los leprosos, los
ciegos, los inválidos.
A la hora de hablar de la pobreza,
ya que los “pobres” y “marginados” son parte de todas
las sociedades, superando todo tipo de fronteras locales y nacionales.
"Cada integrante de este movimiento debe ser alguien que sabe
“leer los signos de los tiempos”, entiende el mensaje de
la historia y discierne a la luz de la llamada
de Dios.
Comprende el amor divino por esos miles y
miles de hermanos que luchan por su promoción y liberación.
Es preciso saber leer los “signos de los tiempos”, escuchar
la voz de Dios en la historia humana, y comprender
que en este servicio al “pobre”, a los miles y
miles de hombres que luchan por su promoción y liberación
está implicado el servir a Dios mismo.
Nuestro apostolado social, nuestra
lucha por la justicia es algo muy distinto, muy superior,
a cualquier tipo de promoción meramente humana y supera esencialmente
cualquier concepción filantrópica, sociológica o política: porque nos mueve a
ello el amor de Dios en sí mismo y el
amor de Dios en los hombres, y, en ese sentido,
es obra eminentemente apostólica.
Debemos tener claro que:
Jesús tiene un
proyecto, este “proyecto” de Jesús es inseparable de la “persona”
de Jesús hasta tal punto que no se puede entender
el proyecto ni vivir el proyecto (el Reino de Dios)
si no se vive la vinculación con la persona. Y,
a la inversa, pretender la vinculación con, Jesús, todo lo
fervoroso que se quiere, sin tener muy claro y luchar
muy firmemente por su causa, que es el Reino, no
pesa de ser una ilusión engañosa en la que muchas
personas de buena voluntad se pasan la vida, quizá derrochando
generosidad, pero también seguramente perdiendo el tiempo.
Por eso Jesús afirma
solemnemente que el Reino de Dios es para los pobres
(Lc 6, 20) los que se ven perseguidos, maltratados y
ofendidos (Mt 5, 10-11). Porque de sobra sabemos que los
pobres, los perseguidos, los que se ven difamados y privados
de sus derechos, esos son, por lo general, los que
más sufren en este mundo.
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