Autor: . | Fuente: http://olgabejanodominguez.blogspot.com Olga Bejano Domínguez
El alma es más fuerte que el cuerpo, Olga es una enferma, su fe en Dios, su enorme fortaleza y su maravilloso sentido del humor le ayudan a vivir cada día
Olga Bejano Domínguez
A ninguna persona se le puede pedir que sea sobrehumana,
pero Olga Bejano hace tiempo que ya saltó la barrera
de lo humano poniendo así de manifiesto, paradójicamente, dónde está
la clave de lo auténticamente humano. Reproducimos, por su gran
interés, la entrevista que, en el Diario La Rioja, Yolanda
Pérez realiza a Olga Bejano con motivo de su último
libro: Alma de color salmón, publicado en la editorial Libros
libres. A los 23 años, Olga perdió la voz. En
mayo de 1987, su glotis se paralizó y sufrió una
parada cardiaca. Tras estar seis minutos clínicamente muerta, y cinco
días en coma profundo, logró salir con vida, pero sin
poder hablar ni comer. Hoy, 15 años después, está completamente
paralizada de la cabeza a los pies, no puede hablar,
se alimenta y respira de manera artificial y ya casi
ni ve ni puede escribir
¿Por qué se define metafóricamente como
un alma de color salmón?
Porque, al igual que los
salmones, vivo luchando contra corriente. A ellos, esa lucha es
la que les pone la carne de ese color. Y
a mí, el alma. A esta conclusión llegué en un
sueño.
¿Qué añade su segundo libro a Voz de papel?
Alma de
color salmón recoge los frutos del primero. Se puede decir
que en Voz de papel hablo de mi cuerpo y
de mis experiencias hospitalarias. En el segundo, sin embargo, hablo
poco de mi cuerpo y desgarro el alma. Este libro
me pidió que lo escribiese Rafael Freytez, un amigo médico
que falleció a los 32 años a causa de un
cáncer de riñón.
¿Cuánto tiempo ha tardado en escribirlo?
Dos años. Tenía
muy claro lo que quería poner, lo que me cuesta
es escribir. Incluso, cuando estaba muy cansada, tenía que echar
mano de un abecedario que ideé para Carla, una amiga
tetrapléjica que no podía hablar. Mi antigua enfermera, Elena, me
preguntaba la fila, yo le hacía una señal con la
rodilla cuando llegaba a la que quería. Después, leía las
letras, que yo sé de memoria dónde están, y le
volvía a hacer otra señal. Ella transcribió todo el manuscrito,
y luego el escolapio Jesús Bonet, profesor y psicólogo, se
encargó de corregirlo, limitándose –que quede claro– a las faltas
de ortografía.
Y publicarlo, ¿ha sido complicado?
Hice intentos con 10 editoriales,
y unas por falta de presupuesto y otras porque iban
a tardar mucho en publicarlo, todas se negaban. Ya estaba
desesperada y se me ocurrió llamar al consejero de Cultura
de La Rioja, Luis Alegre. Después de leerse el borrador,
se comprometió, junto al Director General, Domingo Rivera, a buscar
una editorial (Libroslibres) y, gracias a ellos, lo he conseguido.
Además, también lo ha leído el obispo Ramón Búa Otero,
que se ha encargado de escribir el prólogo.
¿Qué mensaje quiere
transmitir con Alma de color salmón?
Muy sencillo, que Dios y
el más allá existen. Mi primogénito me hizo y me
sigue haciendo muy feliz, pero éste creo que va a
mejorar la raza. (Olga, como cuando se ríe, mueve levemente
los brazos).
¿Qué es lo que más echa de menos?
No poder
hablar, ni ir a la calle ni ver a la
gente. A veces, siento que se me va la vida
sin vivirla. Mis amigas se han ido casando, teniendo hijos
y formando su propio hogar. Veo que ellas han volado
del nido familiar, mientras que yo sigo aquí con las
alas cortadas.
¿Quién puede más, la enfermedad o usted? ¿Quién controla
a quién?
Está claro, yo. El alma es más fuerte que
el cuerpo. Todos tenemos una fuerza interior que no nos
deja caer, aunque algunos a la mínima tiran la toalla.
¿Sobrelleva
la enfermedad mejor ahora, o al principio?
Mi enfermedad está siendo
como un embarazo, pero de más de 15 años. Al
principio es la sorpresa y el adaptarte día a día
a la situación. Ahora, sin embargo, estoy deseando que llegue
la hora del parto y nacer a la otra vida.
Proceso
de la enfermedad desde los 13 años
Olga padece una enfermedad
neuromuscular degenerativa. Producida, probablemente, por una operación de apendicitis a
los 13 años. Aunque no sabe con seguridad qué ocurrió,
Olga se pregunta si fue la anestesia la causante de
su mal. Parálisis de glotis y parada cardiaca: el 27
de mayo de 1987 estuvo 6 minutos clínicamente muerta. Tras
5 días en coma profundo y tener una experiencia cercana
a la muerte, se recuperó. Quince años después, está completamente
paralizada, no puede hablar, se alimenta y respira de manera
artificial y ya casi ni ve ni puede escribir. Pero
no le afecta a ningún órgano vital ni al cerebro.
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