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Autor: Guillermo Urbizu | Fuente: Catholic.net Maurice Caillet
El principio de su conversión se produce de la mano de la Virgen, en Lourdes
Maurice Caillet
Maurice Caillet ha sido transformado por la gracia. Su conversión
es inaudita desde un punto de vista exclusivamente humano. Ateo
y masón, racionalista y hedonista, con esa curiosidad malsana
hacia el espiritismo y ocultismo. Pero su natural inteligencia se
encuentra con la inesperada ternura de Dios. “Para Dios nada
es imposible”. Y surge el resplandor sobrenatural en su vida,
la verdadera Luz. Esa que ilumina una vida completamente rota
y vacía. El principio de su conversión se produce de
la mano de la Virgen, en Lourdes. Pero es él
el que nos lo cuenta, pues ha puesto su vida
al servicio de la Iglesia, para hacer ver a las
almas el peligro de la masonería y la necesidad de
una vida de piedad cada vez más intensa.
“Nací en 1933,
de padres que habían rechazado cualquier tipo de religión”. Así
comienza este libro escrito por Maurice Caillet, competente médico cirujano
especialista en ginecología y urología. Yo fui masón (LibrosLibres) está
lejos de la teoría y de la especulación. El autor
nos cuenta su vida, sus miedos, sus anhelos, su vacío,
su dolor. Y nos cuenta con valor y riqueza de
matices su experiencia masónica.
Desde el inicio de su profesión, y
antes de que se legislara en Francia la contracepción artificial
y la esterilización, él las llevó a cabo, siguiendo su
particular patrón “etico”. No lo hace por hacer o en
busca de dinero. Pero el caso es que va prosperando.
Se casa con una católica de la que se separará,
y se vuelca en su trabajo. Es así como conocerá
a una enfermera también católica. Sus relaciones sociales aumentan. Y
un buen día alguien le habla del ideal masónico, de
su filantropía y amor a la libertad. Libertad “que estaba
en el espíritu de los tiempos, en los que el
objetivo parecía ser la ruptura de los tabúes de la
moral tradicional judeo-cristiana”. Ya ven que seguimos en las mismas.
Caillet
valora la libertad por encima de todo, y es un
tipo con inquietudes. Y se inicia en los ritos masónicos.
No tardará en alcanzar un grado superior. Narra las peculiares
y extrañas iniciaciones, con curiosidades que satisfarán al más inquieto
lector. El Grande Oriente en persona le prometió “la Luz”.
Pero las cosas se tuercen. En su trabajo hay otro
masón que le envidia y le amarga la vida por
una extraña envidia paranoica. Pone a todos contra él. La
tan cacareada fraternidad queda en entredicho. ¡Cuánta leyenda y melopea
esotérica!
Hay como un declive en su vida. Su segunda mujer,
Claude -con la que de momento se casa civilmente-, enferma.
De unas úlceras en el aparato digestivo. Y Maurice Caillet,
ateo y masón, le propone nada menos ir a Lourdes.
Es ahí cuando se produce en su vida lo que
podríamos denominar los prolegómenos de su completa conversión. Pero al
principio él ve normal compaginar su pertenencia a la masonería,
o su curiosidad por el ocultismo y el espiritismo y
el new age con estas primeras pulsiones de la gracia.
Aunque él va profundizando en la doctrina cristiana y llegará
a percatarse de la incoherencia que supone. Su conversión es
ya un hecho. En una reunión de la logia les
explica a todos los allí presentes -imagínense- esto que digo:
su definitiva conversión al catolicismo, sirviéndose de una disertación (que
reproduce completa) sobre la figura de Jesús. Los rostros se
crispan, no le hablan, no le miran. Se acabó la
filantropía y el buen talante.
Sus consideraciones sobre por qué un
católico no puede ser masón, son de lo más esclarecedoras.
Desde entonces se dedica fundamentalmente a transmitir su fe y
a explicar con pelos y señales la masonería. En ese
“espíritu de los tiempos” que citaba antes, es muy llamativo
-y trágico- que el propio padre de Caillet, agnóstico convencido,
al enterarse de su conversión le insultó y amenazó, retirándole
la palabra desde entonces.
Estamos ante un libro que puede parecer
curioso (¡ay el morbo!), pero que sobre todo resulta ilustrativo
y oportuno. Y muy positivo. Porque el autor nunca enfoca
las cosas con desdén ni rencor, alegre en el don
de la fe que le ha sido concedido. Y al
terminar el libro cita con tino a San Pablo: "Porque
en otro tiempo fuisteis tinieblas, mas ahora sois luz en
el Señor; vivid como hijos de la luz; pues el
fruto de la luz consiste en todo bondad, justicia y
verdad. Examinad qué es lo que agrada al Señor. Y
no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes
bien, reprendedlas". No se lo pierdan.
Nota: Para profundizar en el
intríngulis masónico, y como el mejor complemento, aconsejo otro título
editado también por LibrosLibres: El secreto masónico desvelado, de José
Antonio Ullate.
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