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Entrevista a Benigno Blanco, presidente del Foro Español de la Familia. Madrid, 9 de diciembre de 2008
Benigno Blanco Rodríguez
Benigno Blanco Rodríguez es asturiano, está casado y tiene tres
hijos. Es licenciado en derecho por la universidad de Oviedo.
Fue asesor del grupo parlamentario popular en el congreso de
los diputados (1987-1990), director de servicios jurídicos de Iberdrola (1990-1996)
y ha colaborado en el ministerio de Medio Ambiente y
Fomento (1996-2000). Además, ha dictado semanarios sobre derechos humanos en
la universidad complutense de Madrid y en otras muchas universidades
españolas. Es fundador de la Asociación Asturiana en Defensa de
la Vida, Asesor Jurídico de la Federación Española de Asociaciones
en Defensa de la Vida y Miembro de la Pontificia
Academia Pro Vita. Actualmente es Presidente del Foro Español de
la Familia.
--Jorge Enrique Mújica: Cada vez es más común encontrarse
con personas que creen que la defensa de la vida,
de la familia, de la moral, es una mera cuestión
religiosa. En este sentido, muchas veces se ve a esta
lucha como un afán de imponer los principios del grupo
que defiende, con argumentos religiosos. ¿Qué se les puede decir
a estas personas? ¿Se puede desvincular el papel de la
fe de este tipo de iniciativas y de qué manera?
--Benigno
Blanco: Conceptualmente, la defensa de la dignidad humana y sus
manifestaciones (vida, libertad, matrimonio, etc.) no es en sí misma
algo exclusivo de las personas religiosas. La historia así nos
lo demuestra; y ello es lógico porque la razón humana
puede conocer los principios básicos de la moral natural por
sí misma y, además, hoy influyen todavía en muchas conciencias
no religiosas la tradición intelectual y la práxis humanista de
siglos de historia pasados inspirados por la sana cultura occidental
fundada en la confianza griega en la razón, el sentido
romano del derecho y el humanismo cristiano.
Cualquier persona sensata
puede coincidir con los hombres de fe en la lucha
por la libertad y los derechos humanos. A estas personas
hay que decirles que nosotros apostamos por esas causas por
convencimiento racional como ellos; y que, además, tenemos un motivo
más para esa apuesta: nuestra fe. Pero que tengamos un
motivo más no quiere decir que no podamos coincidir con
quienes carecen de ese motivo adicional, ni impide que ellos
coincidan con nosotros.
Lo que no es lícito es considerar
que lo que defendemos los cristianos no puede defenderse en
una sociedad libre y plural pues eso supondría imponer una
moral religiosa a los demás. Cuando un cristiano se opone
al aborto, al asesinato, a la violación o al robo,
no está queriendo imponer su moral, sino queriendo defender la
dignidad humana.
Por tanto, en las iniciativas a que se
refiere su pregunta podemos coincidir sin problemas los hombres de
fe y quienes no la tienen, como podemos coincidir en
nuestra oposición a la violación o a la tortura.
Sin
embargo, es cierto que en nuestra época cada vez es
menos frecuente encontrarnos con personas sin fe que defiendan íntegramente
la dignidad humana con todas sus implicaciones, por culpa del
relativismo moral y el irracionalismo que priman en esta triste
posmodernidad tan ayuna de convicciones firmes.
Lo que resulta inadmisible
-por totalitario- es pretender acallar y prohibir las voces de
los cristianos por el hecho de ser cristianos. Las opiniones
de los cristianos fundadas en su fe sobre las cuestiones
civiles son, al menos, tan legítimas como las opiniones de
los que fundan sus opiniones en su ideología. Es una
perversión de la democracia negar la legitimidad de las voces
de las personas de convicciones firmes (por motivos religiosos o
no), como si para ser buen demócrata hubiera necesariamente que
ser relativista moral: ésta es la nueva intransigencia totalitaria de
los presuntamente transigentes; ésta es la agresiva intolerancia de los
que pretenden hablar en nombre de la tolerancia; ésta es
la trampa en que el moderno laicismo "sonriente" quiere atrapar
a los cristianos para excluirlos de la vida pública.
--Jorge
Enrique Mújica: La cultura de la muerte ha ido ganando
terreno y una muestra palpable es el cúmulo de iniciativas
pro aborto que se multiplican por todas partes del mundo.
Aun así, todavía brillan algunas luces de esperanza: la oposición
popular reciente en California para reconocer sólo como matrimonio a
la unión entre un hombre y una mujer, el veto
del presidente de Uruguay a la ley que despenalizaba el
aborto en ese país, el blindar a la familia y
al concebido en buena parte de países centroamericanos. ¿Vislumbra el
futuro como una continua dicotomía entre quienes están a favor
y quienes están en contra de un mismo tema?
---Benigno Blanco: Esa dicotomía está presente en toda la historia
de la humanidad pues es el resultado inevitable de la
libertad. Sólo si todos los hombres fuésemos santos -cosa no
muy probable nunca- no habría dicotomía sobre lo esencial. No
hay que escandalizarse de que sea así; lo que hay
que hacer es trabajar para proponer la verdad una vez
y otra para ir ganando más apoyos de más gente
que libremente se adhiera a lo más noble y bueno...
pero sin olvidar que no somos ángeles.
--Jorge Enrique Mújica: El
rechazo popular al "matrimonio" homosexual en California fue ciertamente algo
bueno y trascendente. De hecho, Florida y Arizona corrieron, en
ese tema, la misma suerte que California. Sin embargo, fue
también el voto popular el que se opuso a restringir
el aborto en Dakota del Sur; el que rechazó que
las menores de edad deban tener permiso de sus padres
para abortar, en California; el que dio su sí al
suicidio con cooperación médica en Washington; el que dijo que
la definición legal de persona, en Colorado, no comienza desde
la concepción; el que asintió a la experimentación con células
madre embrionarias, en Michigan y Massachussetts, etc. ¿Todo depende de
los consensos? ¿Cómo distinguir en las iniciativas políticas los interese
creados? ¿Hay principios no negociables?
--Benigno Blanco: Creo que conviene
distinguir varios planos. Obviamente, ni la verdad ni el bien
se definen por consenso pues forman parte de la realidad
de las cosas que el hombre puede y debe conocer
pero no puede crear. Cuestión distinta es que las reglas
de ordenación de la sociedad deben ser decididas por los
hombres y éstos -sean los dictadores o las mayorías parlamentarias-
pueden equivocarse y ser injustos. Lo ordenado por una ley
es justo o injusto por su contenido, no por el
procedimiento de aprobación que se haya seguido.
Dicho esto, debemos
tener en cuenta que la libertad es un valor humano
y moral fundamental. Por ello, opino que los modernos sistemas
democráticos para decidir quién gobierna, son un tesoro moral inapreciable
y de más calidad moral que cualquier dictadura. Ahora bien,
lo anterior no implica que todo lo que se decida
por los procedimientos democráticos sea justo y bueno., pues eso
dependerá de la intrínseca racionalidad de lo decidido, no del
procedimiento seguido para adoptar la decisión.
En una monarquía, el hijo
del Rey fallecido es el gobernante legítimo, pero sus decisiones
serán justas o injustas según su contenido y adecuación a
la razón y a la moral. En una democracia pasa
lo mismo: lo que decida el parlamento será justo o
injusto según su racionalidad y moralidad intrínsecas.
El consenso en las
modernas sociedades pluralistas es un buen método para tomar decisiones
políticas pero no para definir lo justo y lo injusto,
lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso.
Si un parlamento decide, por ejemplo, que el no nacido,
el de otra raza o color, o los rubios, no
son humanos, se equivoca igual que sí eso lo decidiese
un dictador.
La dignidad humana y sus proyecciones esenciales, es
decir, los derechos humanos, la libertad y la justicia, nunca
son negociables; pero de hecho puede ser atacada por las
decisiones que se adopten por los gobernantes, sean éstos democráticos
o no. Cuando tales ataques se producen, los hombres de
bien siguen trabajando por la libertad y la justicia, proponiendo
la verdad una vez y otra, sin cansancio ni desánimo,
sabiendo que la verdad se propone, no se impone.
Hay
un consenso sobre lo posible que es a lo que
se llega en cada situación o época; pero si ese
consenso posible no es el óptimo moral, hay que seguir
trabajando para lograr un consenso sobre lo mejor. El gran
error de nuestros días es creer que el consenso logrado
de hecho por los sistemas mayoritarios de decisión es fuente
de la moral y la verdad.
---Jorge Enrique Mújica: Recientemente usted
compareció ante la subcomisión que en España está analizando una
posible ampliación de las posibilidades de aborto. En esa comparecencia
recordó que "La despenalización del aborto es una solución machista
que, a costa de la mujer, hace al hombre irresponsable
de su conducta sexual y sus consecuencias. Ahora sólo la
mujer paga el precio de lo imprevisto: si aborta, porque
lo hace por que ella lo decide; y si no
aborta, porque fue decisión suya "tenerlo". En la vida real,
la posibilidad legal del aborto se ha convertido en una
forma de "violencia de género", de chantaje a la mujer
en las relaciones de pareja". ¿Ha fallado la educación sexual
de los niños y adolescentes? ¿Por qué tipo de educación
sexual se debe apostar hoy?
--Benigno Blanco: Efectivamente, el aborto "legal"
es la abdicación moral de toda una sociedad que prefiere
dejar sola a la mujer abocándola al aborto antes que
hacer frente al drama humano que genera la cultura de
la promiscuidad sexual a la que no se quiere renunciar.
Con el aborto pretendemos tapar -en el silencio doloroso de
una pseudo-clínica- una injusticia estructural construida sobre la irresponsabilidad sexual,
siendo las víctimas el niño que no nace y la
mujer que carga con la "decisión" de haber abortado.
La
cultura actual en materia de sexualidad parte de un error
antropológico: la promiscuidad sexual sería inevitable desde la más tierna
adolescencia; éste sería un campo en que el ser humano
no es libre; estaríamos abocados a practicar sexo desde que
es corporalmente posible y, por lo tanto, el gobernante debe
implicarse en que eso no tenga consecuencias permanentes. Así piensa
la modernidad; así piensa la ONU; así piensan tantos pedagogos,
educadores, psicólogos y demás despistados que están generando un
inmenso dolor y frustración personal que luego quieren tapar en
sus consecuencias con la "fácil" solución del aborto.
Lo que
falla en la educación sexual actual es el dar por
supuesto que la promiscuidad sexual es inevitable, es lo normal,
es lo humano. Llevamos cuarenta años de campañas financiadas con
millones de dólares y euros, insistiendo en el preservativo y
los anticonceptivos y no paran de crecer los embarazos imprevistos
y los abortos, a la par que no se contienen
ni el SIDA ni las enfermedades de transmisión sexual. Estamos
ante el mayor fracaso de una política de salud pública
de la historia y, sin embargo, seguimos empeñados en
ella sin querer reconocer su clamoroso fracaso.
¿Por qué esta irracionalidad?
La respuesta me parece clara: mientras la "educación sexual" consista
en animar a mantener relaciones sexuales, con cuantos más mejor
y cuanto antes mejor, dando por supuesto que esto es
inevitable o incluso bueno, la cadena de embarazos no
previstos, abortos, SIDA y enfermedades de transmisión sexual será creciente
e imparable... y el dolor humano y las vidas frustradas
-como consecuencia- también.
Hay que partir de bases antropológicas nuevas:
el sexo es una dimensión fundamental de la personalidad humana
y por ello debe inspirarse su uso en lo más
humano: la libertad responsable. Nuestra sexualidad no es un producto
de libre mercado para dar, comprar y vender al instinto
del momento, como no lo son nuestra capacidad de comer,
pensar o beber. En el sexo comprometemos nuestra personalidad y,
por tanto, no puede ser algo de "quita y pon".
La entrega de nuestra capacidad sexual es la entrega de
nuestra personalidad y por tanto debe hacerse en un contexto
proporcionado a la dignidad de la persona humana, en un
contexto en que se pone en juego todo lo humano:
amor, libertad, responsabilidad, capacidad de dar la vida, compromiso. Con
el sexo no se puede jugar como no se puede
jugar con nada humano. Estamos hablando de algo demasiado serio.
---Jorge Enrique Mújica: ¿Cuál es la relación del Foro Español
de la Familia con los demás institutos europeos de la
familia? ¿Cómo apoya el Foro Español de la Familia las
iniciativas que en latinoamérica van encauzadas a proteger y velar
por la familia y por la vida?
---Benigno Blanco: El
Foro Español de la Familia nació espontáneamente por iniciativa de
padres y madres de familia españoles que sintieron la necesidad
de responsabilizarse de la sociedad en que vivían. Se trata
de familias conscientes de que hoy no basta con hacer
familia en el ámbito del hogar, sino que es necesario
ayudar a que se cree el ambiente social en que
hacer familia no tenga que ser algo heroico sino que
sea algo apoyado y aplaudido por la sociedad y los
poderes públicos por que es de justicia que se apoye
a quienes aportan mucho a la sociedad: el ámbito ecológicamente
idóneo para las nueva vidas y esa solidaridad primaria y
eficaz que hace de la familia el ámbito de acogida
por excelencia.
Por ello, inicialmente no teníamos ninguna relación con instituciones
de otros países. Pero ahora intentamos reforzar la creación de
un "foro mundial de la familia", pues nuestras necesidades son
comunes y los retos que debemos afrontar también.
Tenemos un
especial interés en relacionarnos y compartir experiencias con las asociaciones
familiares de Latinoamérica porque los debates sobre la familia en
esos países son idénticos a los que vivimos en España
y por tanto podemos apoyarnos e ilustrarnos mutuamente.
---Jorge Enrique Mújica:
Quien lo desee, ¿cómo puede conocer vuestro trabajo, cómo sumarse
y ayudar, etc.?
---Benigno Blanco: El Foro de la
Familia articula una extensa red de voluntarios que colaboran con
el Foro de diversas formas:
1) En cada
Comunidad Autónoma se ha constituido una representación del Foro Español
de la Familia para trabajar físicamente. Y después para todos
los que deseen colaborar en la distancia:
2)
A través de Internet: la red de voluntarios del foro
está repartida por toda España y desde la central (en
Madrid) se habla con ellos y se les distribuye el
trabajo, que puede abarcar desde llamadas telefónicas para convocar reuniones,
medios, etc., hasta la dirección de un grupo que
se de dedique a escribir cartas de opinión a medios.
3) Foros de trabajo del Foro Español
de la Familia, Facebook y la web www.forofamilia.org
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