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Autor: San Luis María Grignion de Montfort | Fuente: www.mercaba.org María: un misterio.
Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, por San Luis María Grignion de Montfort. (1o. Parte)
María: un misterio.
Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen,
por San Luis María Grignion de Montfort.
María en el
designio de Dios.
1. Por medio de la Santísima Virgen
vino Jesucristo al mundo y por medio de Ella debe
también reinar en el mundo.
MARIA ES UN
MISTERIO:
a. A causa de su humildad.
2. La vida
de María fue oculta. Por ello, el Espíritu Santo y
la Iglesia la llaman alma mater. Madre oculta y escondida.
Su humildad fue tan grande que no hubo para Ella
anhelo más firme y constante que el de ocultarse a
sí misma y a todas las creaturas, para ser conocida
solamente de Dios.
3. Ella pidió pobreza y humildad. Y
Dios, escuchándola, tuvo a bien ocultarla en su concepción, nacimiento,
vida, misterios, resurrección y asunción, a casi todos los hombres.
Sus propios padres no la conocían. Y los ángeles se
preguntaban con frecuencia uno a otros ¿Quién es ésta?. Porque
el Altísimo se la ocultaba. O, si algo les manifestaba
de Ella, era infinitamente más lo que les encubría.
b. Por disposición divina.
4. Dios Padre a pesar
de haberle comunicado su poder, consintió en que no hiciera
ningún milagro al menos portentoso durante su vida.
Dios Hijo
a pesar de haberle comunicado su sabiduría consintió en que
Ella casi no hablara.
Dios Espíritu Santo a pesar de
ser Ella su fiel Esposa consintió en que los Apóstoles
y Evangelistas hablaran de Ella muy poco y sólo cuanto
era necesario para dar a conocer a Jesucristo.
c.
Por su grandeza excepcional.
5. María es la excelente obra
maestra del Altísimo.
Quien se ha reservado a sí mismo
el conocimiento y posesión de Ella.
María es la Madre
admirable del Hijo. Quien tuvo a bien humillarla y ocultarla
durante su vida, para fomentar su humildad, llamándola mujer, como
si se tratara de una extraña, aunque en su corazón
la apreciaba y amaba más que a todos los ángeles
y hombres.
María es la fuente sellada, en la que
sólo puede entrar el Espíritu Santo, cuya Esposa fiel es
Ella.
María es el santuario y tabernáculo de la Santísima
Trinidad, donde Dios mora más magnífica y maravillosamente que en
ningún otro lugar del universo sin exceptuar los querubines y
serafines: a ninguna creatura, por pura que sea, se le
permite entrar allí sin privilegio especial.
6. Digo con los
santos, que la excelsa María es el paraíso terrestre del
nuevo Adán, quien se encarnó en él por obra del
Espíritu Santo para realizar allí maravillas incomprensibles. Ella es el
sublime y divino mundo de Dios, lleno de bellezas y
tesoros inefables. Es la magnificencia del Altísimo, quien ocultó allí,
como en su seno, a su Unigénito y con El
todo lo más excelente y precioso.
¡Oh qué portentos y
misterios ha ocultado Dios en esta admirable creatura, como Ella
misma se ve obligada a confesarlo no obstante su profunda
humildad ¡El Poderoso ha hecho obras grandes por mí! El
mundo los desconoce porque es incapaz e indigno de conocerlo.
7. Los santos han dicho cosas admirables de esta ciudad
Santa de Dios. Y, según ellos mismo testifican, nunca han
estado tan elocuentes ni se han sentido tan felices como
al hablar de Ella. Todos a una proclaman que:
La altura de sus méritos, elevados por Ella hasta el
trono de la Divinidad, es inaccesible;
La grandeza de su
poder, que se extiende hasta sobre el mismo dios, es
incomprensible.
Y, en fin, la profundidad de su humildad y
de todas sus virtudes y gracias es un abismo insondable.
8. Todos los días, del uno al
otro confín de la tierra, en lo más alto del
cielo y en lo más profundo de los abismos, todo
pregona y exalta a la admirable María. Los nueve coros
angélicos, los hombres de todo sexo, edad y condición, religión,
buenos y malos, y hasta los mismo demonios, de grado
o por fuerza, se ven obligados por la evidencia de
la verdad a proclamarla bienaventurada.
Todos los ángeles en el
cielo dice San Buenaventura le repiten continuamente: "¡Santa, santa, santa
María! ¡Virgen y Madre de Dios!" y le ofrecen todos
los días millones y millones de veces la salutación angélica:
"Dios te salve, María...", prosternándose ante Ella y suplicándole que,
por favor, los honre con alguno de sus mandatos. "San
Miguel llega a decir San Agustín aún siendo el príncipe
de toda la milicia celestial, es el más celoso en
rendirle y hacer que otros le rindan toda clase de
honores, esperando siempre sus órdenes para volar en socorro de
alguno de sus servidores".
9. Toda la tierra está llena
de su gloria, particularmente entre los cristianos que la han
escogido por tutela y patrona de varias naciones, provincias, diócesis
y ciudades. ¡Cuántas catedrales no se hallan consagradas a Dios
bajo su advocación! ¡No hay iglesia sin un altar en
su honor, ni comarca ni religión donde no se dé
culto a alguna de sus imágenes milagrosas, donde se cura
toda suerte de enfermedades y se obtiene toda clase de
bienes! ¡Cuántas cofradías y congregaciones en su honor! ¡Cuántos institutos
religiosos colocados bajo su nombre y protección! ¡Cuántos congregantes en
las asociaciones piadosas, cuántos religiosos en todas las Ordenes! ¡Todos
publican sus alabanzas y proclaman sus misericordias!
No hay siquiera
un pequeñuelo que, al balbucir el Avemaría, no la alabe.
Ni apenas un pecador que, aunque obstinado, no conserve alguna
chispa de confianza en Ella. Ni siquiera un solo demonio
en el infierno que, temiéndola, no la respete.
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