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Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net Nuestra Señora de Laus
Reconocidas oficialmente las apariciones de Nuestra Señora de Laus
Nuestra Señora de Laus
El 4 de mayo, monseñor Jean-Michel di Falco Léandri, obispo
de la diócesis de Gap y de Embrun, Francia, reconoció
oficialmente el carácter sobrenatural de las apariciones de la Virgen
a Benoîte Rencurel, en el Santuario de Laus, en los
Altos Alpes
La proclamación del reconocimiento oficial de las apariciones
de la Virgen tuvo lugar en una misa presidida por
monseñor di Falco Léandri, que ha firmado el decreto de
reconocimiento.
Durante la Misa, Mons. di Falco recordó que éstas son
las primeras apariciones marianas reconocidas oficialmente en el siglo XXI
por el Vaticano y la Iglesia de Francia, en los
Altos Alpes. Es la primera vez que un acontecimiento tan
singular ocurre desde las apariciones de Lourdes en 1862.
La homilía
estuvo a cargo de monseñor Georges Pontier, arzobispo metropolitano de
Marsella.
«Desde los primeros meses que siguieron a las apariciones,
los peregrinos llegaron en gran número. Pero el reconocimiento no
se había hecho», explica monseñor di Falco.
El Santuario se ha
desarrollado en torno a la Basílica, edificada en el lugar
en el que la Virgen María se apareció a una
pastora de 17 años, Benoîte Rencurel, de 1664 a 1718,
en una aldea aislada en la falda de la montaña,
a 900 metros de altura, según indica el sitio web
del Santuario.
Este centro espiritual de la diócesis de Gap se
ha convertido con los siglos en una meta de peregrinación
más allá incluso de las fronteras francesas.
Durante cuatro meses, cada
día, Benoîte llevaba a su rebaño cerca del lugar donde
encontró a la «Bella Señora». Esta le reveló: «Soy la
Señora María, la Madre de Jesús» y la preparó a
convertirse en testigo de la gracia de la conversión.
A partir
del otoño, la Virgen María la saluda en la aldea
de Laus, frente a Saint-Étienne. Le pide entonces la construcción
de una iglesia, con una casa para los sacerdotes. El
objetivo de esta iniciativa que tomará cuerpo rápidamente es atraer
a los cristianos deseosos de vivir un camino de conversión,
especialmente por el sacramento de la confesión. Benoîte se convierte
entonces en miembro de la Tercera Orden dominica.
Benoîte, en
el siglo de Luis XIV, del jansenismo y de las
guerras de religión fue durante 51 años «uno de los
resortes más escondidos y más potentes de la historia de
Europa», según decía Jean Guitton, escritor y filósofo, dado que
ella no sabía leer ni escribir.
Desde los orígenes de las
peregrinaciones, las curaciones físicas y morales fueron reconocidas en gran
número, especialmente por las unciones del aceite de la lámpara
del Santuario aplicadas con fe, según el consejo que la
Virgen María misma ofreció a Benoîte.
Ésta murió a los
71 años, reconocida por todos como una santa por el
fervor de su oración, su paciencia y su dulzura en
la acogida a los peregrinos, y su obediencia a la
Iglesia.
El mensaje de la Virgen
Benita Rencurel nació el 16
de septiembre de 1647en Saint-Étienne d´Avançon (Alpes del sur –
Francia), su padre falleció cuando tenía 7 años. Nunca aprendió
a leer ni escribir y su única instrucción era el
sermón de la Misa dominical
Un día de mayo de 1664,
Benita, que trabajaba de pastora para unos campesinos vecinos, estaba
rezando el Rosario cuando ve a una hermosa Señora sobre
un peñasco que lleva de la mano a un niño
de belleza singular. "¡Hermosa Señora! –le dice–, ¿Qué estáis haciendo
ahí arriba? ¿Queréis comer conmigo? Tengo algo de pan bueno,
lo remojaríamos en la fuente". La Señora sonríe ante su
sencillez, pero no le dice nada. "¡Hermosa Señora! ¡Podríais darnos
por favor a ese niño, que tanto nos alegraría?". La
Señora sonríe de nuevo sin responder. Después de permanecer algún
tiempo con Benita, toma a su niño en brazos y
desaparece en una cueva.
Durante cuatro meses, la Señora se muestra
todos los días, conversando con gran familiaridad con la joven,
educándola para su futura misión. Benita cuenta sus visiones a
la dueña del rebaño, quien en un principio no le
cree, pero que una mañana la sigue en secreto hasta
el pequeño valle de Fours. Una vez allí, no consigue
ver a la Señora, pero oye las palabras que ésta
dirige a Benita. La aparición pide a Benita que advierta
a su dueña de los peligros que corre su alma:
"Tiene una mancha en la conciencia. Que haga penitencia". Afectada
por aquello, ésta se corrige, vuelve a frecuentar los sacramentos
y vive el resto de sus días muy cristianamente.
El
29 de agosto, Benita pregunta a la visitante cómo se
llama, y ella le responde: "Mi nombre es María".
Durante
el invierno de 1664-1665, Benita sube hasta Laus muy a
menudo, donde ve cada vez a la Virgen, quien le
recomienda "rezar continuamente por los pecadores". La noticia de las
apariciones se propaga entre los aldeanos, gracias a las veladas
de las noches de invierno.
El 18 de septiembre de 1665,
cuando Benita tiene dieciocho años, las apariciones y la peregrinación
son reconocidas oficialmente por parte de la autoridad diocesana y,
a partir del otoño de ese año, empieza la construcción
de una iglesia para poder acoger a los peregrinos, que
cada vez son más numerosos.
Nuestra Señora se revela en Laus
como reconciliadora y refugio de los pecadores, y por eso
aporta señales para convencer a éstos de la necesidad de
convertirse. La Virgen anuncia entonces a Benita que el aceite
de la lámpara de la capilla (que arde ante el
Santo Sacramento) obrará curaciones en los enfermos que se lo
apliquen, si recurren con fe a su intercesión.
Benita se tomó
en serio la misión recibida de la Virgen y se
dedica a preparar a los pecadores para que reciban el
sacramento de la Penitencia. Por eso anima con frecuencia a
los dos sacerdotes adscritos al santuario a recibir a los
peregrinos con dulzura, paciencia y caridad, empleando una bondad especial
para con los más pecadores a fin de incitarlos al
arrepentimiento.
La Virgen le pide a Benita que amoneste a las
mujeres y a las muchachas de vida escandalosa, especialmente las
que cometen aborto, a los ricos injustos o perversos, a
los sacerdotes y religiosos infieles a sus compromisos sagrados.
Entre 1669
y 1679, Benita es bendecida con cinco apariciones de Cristo,
que se le revela en un estado de sufrimiento. Un
viernes de julio de 1673, Jesús ensangrentado, le dice: "Hija
mía, me muestro en este estado para que participes de
los dolores de mi Pasión".
Después de más de dos décadas
de sufrimientos y constantes apariciones de la Virgen, Benita recibe
el la Comunión el día de Navidad de 1718 y
tres días más tarde se confiesa y recibe la Unción.
Hacia las ocho de la noche, Benita se despide de
los que la rodean y, luego, tras besar un crucifijo
y con la vista mirando al cielo, fallece en paz.
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hermosa la pagina muy instructiva, avisenmen si me pueden mandar material sobre alguna apariciones de la virgen Maria o por ejemplo donde solicitar material sobre Nuestra Señora de Laus. Gracias