La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Cristiandad.org Peñafrancia, Nuestra Señora de
“Deja de dormir, Simón. Ve a Peñafrancia y, al poniente, encontrarás una imagen bendita de la Virgen que será objeto de una gran devoción...”
Peñafrancia, Nuestra Señora de
Tras varios años de búsqueda, Simón Vela consiguió encontrar
la imagen que una voz celestial le había encomendado localizar.
Esta bella advocación es muy venerada en algunas zonas de
España y ha otorgado una gran cantidad de favores a
quienes se le han acercado con devoción.
Simón Vela era el
hijo único de una destacada familia rica en Francia. Pese
a disfrutar de todos los privilegios de la aristocracia, no
parecía tener la misma vocación que su familia.
Frecuentemente, se
sumía en depresión, hastiado de la vida. Pero no fue
así hasta el final. Una noche, lo sacó de la
cama una voz celestial:
“Deja de dormir, Simón. Ve a Peñafrancia
y, al poniente, encontrarás una imagen bendita de la Virgen
que será objeto de una gran devoción”.
Movilizado por ello, Simón
se puso en marcha. Nunca había oído hablar de tal
lugar, pero seguramente estaría en el lado oeste de las
laderas, en España, pensó, así que hacia allí se dirigió.
Durante
cinco trajinados años estuvo buscando sin éxito. Comenzó a creer
que había alucinado y, desesperanzado, abandonó la misión. Pero a
la noche, la voz insistió: “Simón, no te detengas. Una gran
recompensa sigue a un gran sacrificio, y tú serás gratificado”.
Con
renovado entusiasmo, prosiguió la búsqueda, cubriendo un territorio mayor, donde
preguntó a todo el mundo si conocía un lugar llamado
Peñafrancia. Nada, siempre nada. Pensó otra vez en abandonar, pero
la voz se hizo tan real que era imposible ignorarla.
En
mayo de 1534 llegó a Salamanca. Mientras se dirigía a
visitar a unos profesores universitarios, encontró a unos vendedores que
alababan las cualidades inmejorables de un cartón que procedía de
Peñafrancia.
¡Al fin! ¡era real! ¡el lugar existía! Siguió al hombre al
lugar. Esa noche vio en sueños el sitio donde estaba
enterrada la imagen de la Virgen.
A la mañana siguiente, al
trazar el plano, vio que sería muy difícil encontrar el
punto exacto, pero la voz divina le habló de nuevo,
sugiriéndole que llevara testigos. Simón consiguió para ello cuatro hombres
prominentes, incluyendo un notario.
Al fin, el 19 de mayo de
1534, los cinco hombres movieron una gran piedra, en el
lugar donde fueron orientados por la visión, y ahí estaba
la hermosa imagen de la Virgen de la Peñafrancia. Los hombres
instantáneamente fueron cubiertos de bendiciones y apenas pudieron contener un
estallido de llanto.
Cada uno de ellos se recuperó de toda
enfermedad o debilidad. Uno recobró el oído; otro sanó defectos
de nacimiento. Los dones eran interminables, pero a Simón solo
una cosa le importaba: su corazón ahora estaba en paz,
y su misión, cumplida.
Los milagros adjudicados a esta imagen son
demasiados para contarlos. Este relato está documentado en forma original,
y conservado en los archivos de San Martín de Castañar,
la villa al pie de Peñafrancia.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR