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Autor: Información proporcionada por el P. Andrés García Torres | Fuente: Cristiandad.org Espino, Nuestra Señora del
... Mandóle entonces la Señora que siguiera sus pasos hacia el cementerio, oído lo cual, la anciana soltó la silla que le servía de sostén y con gran agilidad... siguió a la Señora por la angosta vereda...
Espino, Nuestra Señora del
Alabado sea el Santísimo Sacramento y su dolorida Madre,
María Santísima.
En Chauchina (Granada, España), a 9 de abril de
1906, una virtuosa anciana llamada Rosario Granados Martin, apoyada en
el respaldo de una silla, por no poder caminar de
otra manera, se dirigía muy de mañana a las afueras
del poblado para curarse las llagas purulentas que hace mas
de tres años padecía en la pierna y cuyo estado
nauseabundo obligaba a huir de ella a cuantas personas la
encontraban.
Abrumada iba la triste anciana, cuando vio que hacia
ella venia una dama enlutada, llevando en sus manos un
modesto rosario negro, la cual detúvose a preguntarle qué le
sucedía. Contestóle Rosario que estaba casi desesperada, porque ni Dios
ni la Virgen se dignaban oírla.
Mandóle entonces la Señora
que siguiera sus pasos hacia el cementerio, oído lo cual,
la anciana soltó la silla que le servía de sostén
y con gran agilidad, que sorprendió a los que la
vieron, siguió a la Señora por la angosta vereda, hasta
llegar a un arroyo donde la Señora le dio la
mano para ayudarle a pasar y como Rosario alargase la
suya para asir la de la Señora, un joven que
la vio en tal actitud, juzgó que estaba loca. Una
vecina de las ultimas casas del pueblo la invitó a
descansar y como rehusara hacerlo por ir siguiendo a una
Señora de "ojos hermosísimos y cara llena de gracia", la
tomó por ilusa.
Llegó por fin al cementerio y la Señora
enlutada le dijo con acento de compasión y tristeza "Oremos
por los desgraciados del mundo que no temen la Divina
Justicia". En seguida y puestas ambas de rodillas en el
umbral del cementerio, comenzaron el rezo del rosario observando la
anciana la reverencia y devoción con que la Señora pronunciaba
el nombre de Dios Padre. No había terminado el rosario,
cuando la anciana sintióse adormecida por dulcísimo éxtasis, a cuyo
despertar se sintió completamente curada. Corrió presurosa preguntando por la
Señora y nadie supo darle razón de ella Conmovióse el
pueblo a la vista de la prodigiosa curación, la prensa
granadina comentó el hecho, al parecer milagroso y Chauchina y
los pueblos comarcanos se persuadieron de que la misteriosa enlutada
Fue la Santísima Virgen, conocida bajo la advocación del Pincho,
por el espino junto al cual se apareció primeramente y
de los Dolores, por las negras vestiduras que llevaba la
misteriosa aparecida.
Una pobre estampa, rodeada de rústicas piedras, fue el
primer monumento que la piadosa gratitud de Rosario levantó a
la Santísima Virgen. Un piadoso matrimonio levantó una capilla espléndidamente
dotada para el culto; y junto a esa capilla ya
ampliada porque era incapaz de contener las multitudes que en
fervorosas romerías acuden de muchos pueblos, se levanta la esbelta
silueta de un monasterio de Capuchinas, llevado allí por la
piedad del Excmo. Sr. Cardenal Arzobispo, D. Vicente Casanova y
Marzal, para que adorando al Santísimo Sacramento y viviendo en
perpetua oración y penitencia por los pecados del mundo, cumpliesen
los deseos de la Santísima Virgen. En efecto, antes de
morir manifestó Rosario a un Padre Capuchino que la Santísima
Virgen le había dicho: "Quiero que en este lugar se
dé culto al Santísimo Sacramento, por religiosas franciscanas."
Sólo a la
Iglesia compete definir la verdad sobrenatural de esta aparición; pero
al ver el "divino crescendo" de la fe, de las
buenas costumbres y la generosidad con que los fieles contribuyen
al esplendor del culto a Jesús Sacramentado y a la
Santísima Virgen, no podemos menos de confesar que parece que
Dios quiere que lo que fue al principio humilde estampita
y luego pequeña capilla, se convierta pronto en famoso santuario
donde los pueblos respiren el espíritu de adoración y penitencia
que ha de salvar al mundo.
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