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Autor: Información del P. Andrés García Torres | Fuente: Cristiandad.org Olvido, Triunfo y Misericordias, Nuestra Señora del
La madre Patrocinio, conocida hasta entonces por sor Rafaela, tuvo una visión del cielo el 13 de Agosto de 1831...
Olvido, Triunfo y Misericordias, Nuestra Señora del
Origen de esta advocación
La madre Patrocinio, conocida hasta entonces
por sor Rafaela, tuvo una visión del cielo el 13
de Agosto de 1831. Se encuentra reunida en el coro
de la iglesia con sus Hermanas Concepcionistas Franciscanas de Caballero
de Gracia, de Madrid, entre las cinco y seis, a
la hora de la oración de la tarde.
Esta religiosa, sumida
en éxtasis profundo, contempla a la Virgen María, que viene
acompañada del Arcángel San Miguel y sostiene en sus manos
una pequeña imagen, que representa a la Señora con el
Niño Jesús sentado en el brazo derecho.
Una prolongada conversación tiene
lugar entre la Virgen y la religiosa. La misma madre
Patrocinio lo cuenta en los Apuntes que le mandaron escribir
los superiores y su confesor. Copiamos textualmente:
“Clamaba mucho en esta
ocasión por la necesidades que tanto afligen a la Santa
Iglesia y el Dulce Amor se me manifestó severo, airado
y como dando muestras de que quería castigarnos.
Esposo mío, ¿para
cuándo son vuestras misericordias?
Pide, esposa mía, que cuanto pidas seré
liberal para concedértelo.
Pedía sin límites; entonces, mi dulce Amor me
manifestó el lastimosos estado en el que se hallaba la
santa Iglesia. Moría de dolor y mis angustias crecían sobre
manera.
Paloma mía, mi amor no puede verte afligida; aquí tienes
a mi Madre, que será tu guía, consuelo y amparo."
Ese
mismo día por la noche, durante el rezo coral de
los maitines con la Comunidad, la madre Patrocinio volvió a
enajenarse. Cuanto sigue pertenece a este segundo “arrobamiento”:
“Manifestóse de nuevo
la Beatísima Virgen con esta preciosísima, portentísima e invectísima Imagen
en sus soberanas manos.
Hija mía, ¿por qué se contrista tu
corazón, si todas las misericordias y tesoros de mi Hijo
voy a poner en tus manos, por medio de esta
mi soberana Imagen, para que las distribuyas en mi nombre
a los mortales, segura de que las que hicieses por
mi amor a tus hermanos, esas mismas confirmamos mi Hijo
y yo, que soy tu madre en el Cielo?
Señora
y Reina mía, ¿no véis la España, los males que
nos afligen?
Hija mía, los veo; pero no puede mi amor
ser más benéfico para con los hombres. Ellos se olvidan
de mí y retiran las misericordias; y por esto, a
esta Imagen le darás el título misterioso del Olvido, para
darles a entender que me han olvidado; pero yo, que
soy vuestra y tierna amorosa Madre, quiero poner a vista
de todos los mortales en este imagen mía que jamás
mis misericordias se apartan de ellos.
Miraba yo con gran ternura
a tan divino simulacro cuando vi que mi invectísima Reina
cogió un pañuelo de manos del Príncipe San Miguel y,
aplicándole a la soberana llaga del costado de nuestro amante
Jesús, lo empapó la divina Señora en sangre de aquel
divino y deífico Corazón, y después aquel pañuelo, así empapado,
lo puso sobre esta encantadora Imagen, y después vi que
la soberana Reina rociaba a este pueblo con la sangre
preciosísima.”
Hija mía, ¿me amas?
Señora mía, vos sabéis que os amo
y deseo ser toda vuestra.
Hija mía, ¿me amas?
Señora mía, vos
sabéis que os amo y deseo ser toda vuestra.
Hija mía,
¿me amas?
Señora mía, vos sabéis que os amo y deseo
ser toda vuestra.
Pues a tu solicitud y cuidado dejo el
culto y veneración de esta sagrada Imagen mía con el
título de Olvido, Triunfo y Misericordias. Ella será la consoladora
del mundo y todo afligido encontrará en mí, por mediación
de esta Imagen, el consuelo. Al alma que rendida a
sus pies me pidiera alguna cosa, jamás se la negará
mi Amor. Será el consuelo del mundo y la alegría
de la Iglesia Católica y, por su medio, mi Hijo
y yo recibiremos culto. Tú, hija mía, alcanzarás victoria del
poder de Satanás, y tu Comunidad, perfección en servirme".
“Entregóme la
soberana reina esta portentísima Imagen, este encanto de los cielos
y la Tierra, y empezó en el cielo una celestial
música, entonando la salve y otros sagrados cánticos; todos los
cortesanos del cielo se daban parabienes. La Santísima Trinidad la
bendijo, igualmente la Santísima Virgen María y, después todos los
cortesanos del Cielo llegaron a adorar a su Reina y
Señora en esta soberana y encantadora Madre del Olvido". (Vida
admirable, páginas 52-53)
“Terminada la santa oración - escribe ahora la
madre María Isabel, secretaria de la madre Patrocinio y demás
actos de comunidad que a ella siguieron, salió mi venerada
madre Patrocinio, con su prelada, al pequeño jardín del convento,
y le dijo que tenía que darle una noticia de
muchísimo consuelo, y le dijo que ya podía estar tranquila
y sin cuidado alguno, pues no volvería jamás el demonio
a golpearla ni asustarla, porque la Reina de los Ángeles
le había sujetado, que para eso le enseñara una Imagen
que tenían”.
La abadesa, madre Pilar refiere a su vez: "Sólo
yo, que lo padecí, puedo decir cuál fue mi gozo,
descanso y alegría al oír tan deseada nueva, que no
puedo explicar el júbilo que sintió mi corazón.”
Llevaba razón la
superiora. Los malos tratos recibidos por su Patrocinio en estos
años del enemigo del mal fueron extraordinarios y constantes: golpes,
amenazas, ruidos estrepitosos que aterraban a toda la Comunidad.
En cierta
ocasión la condujo sobre los tejados con grave peligro de
resbalar, tanto ella como otras dos religiosas que, al verla
en situación semejante, sin pensárselo demasiado, con sus largos hábitos
salieron a los tejados a recogerla y la introdujeron de
nuevo en la clausura. Por otra parte, la persecución diabólica
fue pública, declarada, intolerable y gravísima, proporcionándole heridas, contusiones, magullamientos,
y toda clase de cardenales en brazos, piernas y espalda.
El
médico de la Comunidad, que tuvo que auxiliarla en repetidas
ocasiones, decía a la madre abadesa: "Dejemos a Dios que
obre en ella como mejor le plazca ;esto se sale
de mi competencia". Las curaciones solían ser en ella instantáneas,
aunque ya se la había dado por desahuciada en dos
ocasiones y recibidos los últimos auxilios espirituales, padeciendo vómitos de
sangre y fiebres altísimas.
La prueba fehaciente de la liberación definitiva
de los asaltos y persecución del demonio la tuvieron todas
las religiosas al comprobar que desde esta fecha y hora
nunca más volvió a molestarla.
La madre abadesa e hija buscaron
por el convento una “imagen que tenían”. Cierta vitrina guardaba
la perla escondida. Al verla, y no fue fácil el
hallazgo, la hija exclamó llena de gozo: “ésta, ésta es”.
Pero
la superiora nunca había visto esa imagen en aquella Casa.
Por
este motivo hizo venir a las restantes monjas, para cerciorarse
y hacer mas averiguaciones: nadie la conocía. Ante esta situación
embarazosa, la abadesa mandó por obediencia, a sor Patrocinio, que
dijera “qué significaba aquello”.Con gran humildad y no menor embarazo
confesó la joven religiosa lo ocurrido en las visiones de
la Virgen y sus palabras, y que de todo ello
nuestros lectores están al corriente por lo trascrito anteriormente.
Para mayor
esclarecimiento de los hechos y tranquilidad suya, la Abadesa requirió
la presencia del Padre Guardián del convento franciscano de San
Francisco el Grande, de Madrid, quien estudió el caso con
seriedad e hizo exhaustivos interrogatorios entre las religiosas, pero mientras
se halla en este quehacer desapareció la Imagen de la
vista de todos, incluido el Padre.
Confuso el religioso y Padre
Guardián, se retiró para reflexionar y redactar cartas a los
restantes conventos de su provincia en demanda de “rogativas en
asunto de mucha gravedad”. Era el 13 de agosto de
1831.
El día 15, fiesta de la Asunción de Nuestra señora,
hacia media mañana, decidió retornar por el convento de las
concepcionistas para indagar “lo de la imagen”. Nada nuevo. Pasa
a la clausura y se establece en el despacho que
usa la superiora, para continuar su gestión. Y “la imagen,
de improviso, se coloca al lado de sor Patrocinio”, con
gran sorpresa de los tres reunidos, que son el padre,
la madre abadesa y sor Patrocinio. Ante esta novedad se
convoca a la Comunidad, y todas las religiosas se convierten
en testigos de la “nueva aparición” de esta singular imagen
y “oran con alegría con acción de gracias”.
Hacemos constar que
cuanto va entre comillas, en las páginas anteriores o en
las que se sigan después, que son citas textuales, tomadas
de “Vida admirable”, que escribió la madre María Isabel de
Jesús, publicada al año 1925 y que se distingue por
su total fidelidad histórica.
De todo lo sucedido se redactó un
informe detallado y se remitió a la Santa Sede para
su conocimiento. Consta que el santo padre tuvo especial interés
por este asunto y gran devoción a la Virgen del
Olvido. La respuesta desde Roma consistió en redactar una Bula,
en la que se permite el culto público a la
Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora del Olvido,
Triunfo y Misericordias, con la concesión de muchas gracias espirituales
e indulgencias y otros privilegios singulares.
Extensión, propagación y “favores obtenidos”
El
culto a la sagrada Imagen surge con fuerza y el
primer novenario en su honor se celebra en Madrid, donde
pronto se comprobó su especial patrocinio. Un operario sube a
la cornisa del templo a encender las velas que arderán
en este primer novenario y, perdiendo el equilibrio, cae estrepitosamente
al pavimento. La madre Patrocinio ve por los aires al
infortunado (la religiosa se hallaba en el coro) e invoca
en su favor a la Señora del Olvido: “resultó sólo
algo contuso”.
Los presentes, que eran muchos, pensaron que aquello había
sido un verdadero “prodigio”. Y, según ellos, que ya era
el segundo “favor” de la Señora. El primero había tenido
lugar con el nieto del mayordomo de las mismas monjas,
que estaba “baldado de las dos piernas y lo poco
que andaba era con dos muletas. Ofreció dicho señor a
la Santísima Virgen colocar las dos muletas en su altar
si le curaba e instantáneamente curó; él, lleno de gozo,
cumplió su promesa”. Las muletas se veían junto al altar
y los enfermos acudían presurosos. Se multiplicaban las “gracias”.
Contamos aquí
otro más porque lo merece el personaje que lo encabeza.
Se trata de el monarca don Francisco de Asís María
de Borbón, rey consorte de la soberana Isabel II ,
que “tenía un enemigo, también poderoso, que le perseguía a
muerte; entró, espada en mano, y se arrojo sobre él;
viéndose sin amparo humano (ni medios para defenderse), acudió a
la santísima Virgen del Olvido, tomando en la mano una
medalla que llevaba siempre consigo de la celestial Señora; el
asesino quedó en el acto parado, trémulo y sin acción
y huyó avergonzado”.
En el año 1849 dispuso el rey “celebrar
una solemne función en acción de gracias a la santísima
Virgen del Olvido, regaló un hermoso altar portátil, con rico
dosel de terciopelo grana” y otros obsequios regios.
Emplazamiento actual de
la Imagen y “ultima promesa”
Los años que median entre 1831
y 1891 la dulce Imagen se hizo viajera con la
madre patrocinio (sufrió ésta destierros que duraron más de veinte
años) o pernoctó con ella en el retiro del convento.
Como final, desde 1891 hasta la fecha en que se
publica este librito, abril de 1891, dispuso de un hermoso
camarín , orlado de nubes y ángeles que le sirven
de cobijo amoroso, con despliegues de fervores afectuosos que le
vienen ofreciendo los hijos de la Alcarria.
En la iglesia de
las concepcionistas franciscanas de Guadalajara (España), presidiendo el retablo del
altar mayor, se conserva intacta la Imagen pequeñita y bella,
la misma que había sido amor, encanto, fidelidad y de
un corazón ardoroso, de un espíritu vibrante, la madre Patrocinio,
ofrecida en holocausto permanente, la compañera entrañable de correrías infatigables,
mientras los requiebros silenciosos y los coloquios íntimos hinchaban su
alma y aliviaban las penas hondas. Conocemos el último importante
requiebro porque lo quiso ella desvelar: “Ya, gracias a Dios,
he conseguido lo que tanto he deseado y pedido”. Una
religiosa le pregunta: “Podemos saber, madre , ¡que ha sido?”.
“Sí, hija: que ninguna de mis hijas se condene”. “Al
oír tan inefable anuncio, llenas de agradecimiento , las religiosas
se abrazaron a tan sin igual madre y prorrumpieron en
copioso llanto de gratitud, de alegría y de consuelo”.
Pronunciaba la
madre Patrocinio esta “promesa” “con gran cariño y muy enternecida,
cierto día poco antes de su feliz tránsito” , que
tuvo lugar en los dichos convento y cuidad de Guadalajara
(España) a la amanecida del 27 de enero de 1891,
legando a la Comunidad Concepcionista Franciscana esta perla y reliquia.
Las
religiosas cuidan de la imagen del Olvido, Triunfo y Misericordias
con el mimo cuidado y exquisitez que se merece. Trabajan
por el mantenimiento de su culto litúrgico y la propagación
constante de su devoción con los padres franciscanos, que son
los custodios, juntamente con las religiosas, de la iglesia llamada
del Carmen, dedicada a la santísima Trinidad. Hasta el presente
lo han logrado felizmente: esta publicación quiere ser una muestra
de las muchas que han dedicado a su Virgen del
Olvido, Triunfo y Misericordias.
Promesas de la Santísima Virgen a la
Ven. Madre Patrocinio
1ª.- En tus manos, voy a poner
ésta Sagrada IMAGEN y con ella, TODAS LAS MISERICORDIAS de
mi Santísimo Hijo.
2ª.- Ha vinculado al Señor en ésta
portentosa IMAGEN al ALIVIO, CONSUELO y REMEDIO de todos, y
la alegría de la Iglesia Católica.
3ª.- Al alma, que
rendida a sus pies ( de la IMAGEN) me pidiera
alguna GRACIA, jamás se le negará mi AMOR.
4ª.- Cualquier
población que expusiese y venerase a la Virgen DEL OLVIDO,
TRIUNFO y MISERICORDIAS, se verá libre (decía la Sierva de
Dios) de las calamidades con que en otros puntos serían
poblados, porque sería Ella como un pararrayos de la Divina
Justicia ARCA DE NOE y Refugio para librar sus devotos.
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