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Dios quiere que yo le ayude a llevar la buena nueva de la salvación a mis hermanos
Un privilegio: ser misionero
¿Qué le pasa al mundo?
Una de los juegos más agradables
que podemos hacer es observar. Sentarnos y pretender no formar
parte del mundo que nos rodea. ¿Qué vemos? ¿Qué descubrimos?
Quizá haya un camino de industriosas hormigas llevando alimento y
moviéndose como en un periférico lleno de tráfico o descubrimos
una brisa cálida que mece las hojas de los árboles
o sencillamente un grupo de niños juega y grita. Si
nos mantenemos al márgen de todos ellos parece que no
existimos y que cada uno tiene una tarea importante o
divertida, hasta el viento parece concentrado en su trabajo de
mover hojas. Cada cuál juega un papel en su pequeño
gran mundo. ¿Te imaginas el día que los pájaros decidieran
no cantar o el viento no soplar? Imposible, afirmarás, y
tienes razón. La creación entera tiene una razón de ser.
La naturaleza alaba a Dios simplemente siendo eso para lo
que fue creada. ¿Y yo?
Debemos aprender
Dios nos ha amado desde
toda la eternidad: “Dotada de un alma “espiritual e inmortal”,
la persona humana es la única criatura en la tierra
a la que Dios ha amado por sí misma. Desde
su concepción está destinada a la bienaventuranza eterna.” CIC 1703
Piensa
qué maravilloso es esto. Existir porque Dios me ama a
mí, con mi nombre y apellido. Cada uno de nosotros
es amado por Dios en particular. No nacemos nada más
porque así se dio por la continuidad de la especie,
sino por el amor personal con que Dios quiso crearme.
Y como ves, nos quiso crear para la bienaventuranza eterna,
es decir, para que vayamos al cielo, para que allí
vivamos felices y por toda la eternidad en su presencia.
Tenemos una vocación, un llamado de Dios. Ese llamado de
Dios es universal para todos los hombres: ir al cielo.
¿Sabías que todos los que van al cielo son santos?
Entonces podemos decir que Dios nos llama a la santidad.
Hasta
aquí, todo suena muy bien. Pero los hombres no somos
como las hormigas o el viento que alaban a Dios
constantemente. Los hombres estamos llamados, invitados, pero no obligados. Tenemos
una libertad que nos permite escoger amar a Dios y
ser felices o no amar a Dios. No todos los
hombres han escogido la bienaventuranza eterna. Dios ideó un plan
de redención para ayudarnos. Un plan para salvar a los
hombres. Jesús ha entregado su vida para realizar este plan.
Él quiere que libremente aceptemos esta salvación y quiere que
le ayudemos en esta hermosa tarea: salvar hombres. Unos a
otros nos ayudamos, contamos con la gracia de Dios. Amamos
a Dios cuando amamos a nuestros hermanos.
Estamos aquí porque esta
invitación de Dios tiene en este momento un matiz muy
especial. Dios quiere que yo le ayude a llevar la
buena nueva de la salvación a mis hermanos. Hoy, el
mensaje de Cristo depende del amor, la fe y la
esperanza con que yo decida hacerlo mío y comunicarlo a
los demás.
Jesús se quiere valer de mí para que le
ayude a salvar almas. ¡Qué gran amor y confianza me
tiene! La forma de agradecerle esta vocación es siendo muy
fiel a su amor.
¿Qué le voy a contestar a Dios?
¿Cómo voy a responder a la confianza que Él está
depositando en mí?
No permitas que la grandeza de la misión
te asuste. Ciertamente es un camino que parece rebasarnos, pero
Jesús no nos manda solos. Cuando nos pide algo, siempre
va con nosotros. Él quiere que hagamos las cosas por
Él, pero siempre conÉl y en Él. Vamos a aprender
a escuchar a Cristo, pero sobre todo vamos a aprender
a vivir muy unidos a Él.
Este curso nos dará
algunas herramientas básicas para que podamos ser misioneros, por eso
es importante participar activamente. La vida de un misionero depende
de la relación Amorosa entre Dios y la persona. Se
trata de vida misionera, amor vivo y activo a Dios
Nuestro Señor.
Propósito
Vamos a poner un propósito: visitar a Jesús Eucaristía
y preguntarle qué quiere de mí. Pídele que te enseñe
a amar y a dejarte amar por Él.
Algo que no
debes olvidar
- Dios nos ama desde toda la eternidad - La
vocación universal es a la felicidad eterna, es decir la
salvación de todos los hombres - Dios tiene un plan de
salvación. Me invita a ayudarlo a salvar hombres. - Jesús prometió
estar siempre conmigo. - El misionero ama a Dios en sus
hermanos.
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