La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Jorge Enrique Mújica Vocación sobrenatural de la mujer
La llamada a la vocación-profesión religiosa es una invitación sobrenatural que está más allá de lo sólo terreno y natural
La tarea de la mujer no se agota en la
vida familiar y pública. Es bien sabido que desde los
inicios del cristianismo un elevado número de mujeres han consagrado
enteramente su vida a Dios. ¿Se puede considerar la profesión
religiosa como profesión femenina? ¿Tiene el mismo sentido hablar de
profesión religiosa y femenina? Sí, veamos por qué.
1. La profesión
religiosa como profesión femenina
La llamada a la vocación-profesión religiosa es
una invitación sobrenatural que está más allá de lo
sólo terreno y natural. Aquí ya no caben las distinciones
de sexo y siempre es válido aquella máxima teológica: «Gratia
perficit, non destruit naturam». Este principio explica cómo la vocación
religiosa puede adaptarse a la naturaleza femenina o masculina en
analogía a las otras profesiones terrenas. Mas aquí, otra vez,
acude una cuestión más: ¿qué características naturales del hombre y
de la mujer se exigen y cómo se expresan?
2.
Exigencias y expresiones
La profesión religiosa, según la mente de la
doctora Stein, exige:
1. El empeño de usar medios que hacen
aptos el cumplimiento de los deberes vocacionales: renuncia a toda
posesión, a todo tipo de ligamen y unión humana y
vital y a la renuncia de la propia voluntad. Esto se
manifestará en expresiones bien distintas como la profundización silenciosa
de la verdad, la solemne alabanza de Dios, la difusión
de la fe, las obras de misericordia o la reparación
e intercesión vicaria. Es evidente que el cuerpo monástico se diferencia
en varios miembros. Las diversas actividades de los religiosos son
distribuidos entre los dos sexos. Algunos son comunes a las
sociedades masculinas y otros a las femeninas pero siempre en
relación con las características de los sexos. La meditación y
la oración, por ejemplo, son un servicio «angélico» considerado superior
a toda distinción de sexos. Las obras de caridad y el
ofrecimiento de sí mismo están en consonancia con la naturaleza
femenina . En las órdenes más antiguas el trabajo se
dividía: los varones se dedicaban a la actividad exterior, a
la predicación y a las misiones; las mujeres se empeñaban
en el apostolado silencioso del sacrificio, de la oración y,
poco a poco, en el trabajo con la juventud. Hoy
en día, las comunidades femeninas se dedican a la actividad
exterior también; en la acción de las religiosas apenas si
se distingue alguna diferencia material respecto al trabajo de las
mujeres «del mundo».
El contraste que la futura carmelita ve
entre las actividades de las mujeres del mundo y las
religiosas es el amor y la obediencia que estas
últimas ponen en cada uno de sus cumplimientos. El donarse
a Dios es, así, el principio y fin de la
vida religiosa: cuánto más se actúa más rica es la
vida divina que llena el alma.
Donarse con amor, hacerse
toda de otro para poseer a ese otro es el
deseo más profundo del corazón femenino porque está naturalmente orientado
hacia el otro. Sólo Dios es capaz de aceptar ese
don ilimitado y aceptarlo en manera que no se
pierda el alma sino que la gane. Es el pleno
don de sí el principio de la vida religiosa y
la única vía posible donde tienen cumplimiento los deseos femeninos.
¿Qué
nos quiere decir la discípula de Husserl? ¿Que todas las
mujeres deben hacerse religiosas para corresponder a la propia vocación?
Obviamente no. Ella entiende que la naturaleza de la mujer
puede ser elevada a la pureza y altura de su
ethos vocacional, de su constante disposición habitual, si se dona
en totalidad a Dios, viva en su casa como madre,
metida en la vida pública o detrás de los muros
silenciosos de un claustro: en cualquier lugar debe ser la
sierva del Señor.
3. Ethos y vocación sobrenatural
La constatación de muchas
«caídas» ante el doble peso del trabajo familiar y profesional;
la superficialidad de algunas mujeres que van a la caza
de placer para romper el vacío interior y cumplen
el trabajo profesional sólo por el dinero o para procurarse
mayores comodidades en la vida (en cuyo caso no se
puede hablar ni de vocación ni de ethos); la experiencia
de aquellas que han abrazado una profesión y, tras la
gloria de los primeros días, descubren lo distantes que están
de ser realizadas sus expectativas y comienzan a desear alguna
otra actividad (incluso entre los muros de los conventos en
donde las religiosas cargan el peso de un doble
trabajo), les plantea la necesidad de medios para alcanzar una
correcta relación ethos-vocación sobrenatural.
«En contraste con este cuadro presentado por
la media de las mujeres de hoy, se encuentran en
todo estado, sea en la vida familiar, sea en la
profesional, sea en lo oculto del claustro, verdaderas heroínas que
saben desarrollar un trabajo prodigioso» .
¿Cómo puede ser liberada la
naturaleza de sus heridas y asunta a una pureza y
pronta acogida de la vida divina? Con la fuerza de
la gracia. Fuerza con la que se puede adquirir esa
vida divina que no es sino un impulso motriz íntimo
del cual surgen las obras de caridad; causa de donde
emanan las fuerzas liberadoras que cortan a las circunstancias terrenas
su peso y conceden un fragmento de serenidad, un camino
de luz. Los sacramentos serán el manantial del cual brota
esta vida. Por eso, la vida de la mujer debe
ser Eucarística.
Conclusión
1. Profesión femenina y exigencias
Llegados a este punto
podemos preguntarnos ¿cuál es la verdadera profesión femenina? Respondamos como
pensó la doctora Stein: “Es toda aquella profesión que exige
las características del alma de la mujer y que sólo
por ella puede venir actuada”.
El profundo principio formal del alma
de la mujer es el amor y ésta, para hacer
propio ese principio profundo, debe estar unida al corazón
divino mediante una vida eucarística y litúrgica.
2. Problematización abierta: la
oposición a las profesiones masculinas Es muy actual la contraposición existente
entre ponderaciones aparentemente justas que colocan, a ambos lados de
un cuadrilátero prefabricado, las profesiones de la mujer al lado
de otras profesiones claramente determinadas como la de sacerdote. Ya
Edith Stein, a modo de denuncia, pregonaba que se hablaba
de profesiones de la mujer pero nunca, o casi nunca,
de las del hombre . ¿No cabe aquí, en analogía,
una justa correspondencia u oposición entre dotes individuales y dotes
masculinas? También para el varón sus particularidades deben o
deberían estar en consonancia con la profesión que se elige
y para la cual se forma .
La hoy santa co-patrona
de Europa deja claro que únicamente cuando las respectivas características
masculinas y femeninas son plenamente desarrolladas se llega a la
máxima semejanza con lo divino.
A MATRE
DEI THERESIA, Edith Stein “En busca de Dios”, Ed. Verbo
divino, Navarra 1988, 6ª ed.
BELLO, ANGELA ALES, Il contributo specifico
della donna nella formazione culturale, in Donne e cultura dalla
prospettiva di un nuovo femminismo, a cura di P. Scarafoni,
Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, Roma 2002.
Congregación para la doctrina de
la fe, Carta a los Obispos de la Iglesia católica
sobre la colaboración del hombre y la mujer en la
Iglesia y en el mundo, en http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20040731_collaboration_sp.html [31 de mayo
de 2004].
JUAN PABLO II, Carta apostólica del Sumo Pontífice Mulieris
Dignitatem sobre la vocación y dignidad de la mujer en
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_15081988_mulieris-dignitatem_sp.html [15 de agosto de 1988].
JUAN PABLO II, Homilía en
la misa de canonización de la beata Teresa Benedicta de
la Cruz, no. 5 en http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/homilies/1998/documents/hf_jp-ii_hom_11101998_stein_sp.html [11 de octubre de
1998].
LÓPEZ QUINTÁS ALFONSO, Cuatro filósofos en busca de Dios, Ed.
Rialp, Madrid 1999, 1ª ed.
PEZZELLA, ANNA MARIA, L´antropologia filosófica di
Edith Stein, indagine fenomenologica della persona umana, Città Nuova Editrice,
Roma 2003, 1ª ed.
STEIN, EDITH, Estrellas amarillas. Autobiografía: infancia y
juventud. Editorial de Espiritualidad, Madrid, 1973. STEIN, EDITH, La donna
il suo compito secondo la natura e la grazia, Città
Nuova editrice, Roma 1987, 2ª ed «Edith Stein Werke», vol.
V, edite a cura di L. Gelber e P. Romaeus
Leuven titulo originale «Die Frau, ihre aufgabe nach Natur und
Gnade».
STEIN, EDITH, La estructura de la persona humana, Biblioteca de
autores cristianos, Madrid 2002, 1ª ed.
“Una visión femenina del documento
vaticano sobre la colaboración hombre-mujer”. Entrevista con Mary Shivanandan, de
la Universidad Católica de América (EE. UU.) en http://www.zenit.org/spanish/ [19
de septiembre de 2004].
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR