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Autor: Jorge Enrique Mújica Alma-cuerpo y vida profesional: vocación natural de la mujer y ethos correspondiente
La mujer tiene la vocación natural de madre pero esto no significa incapacidad para desarrollar otras profesiones propias de su feminidad
1. ¿Particular vocación de la mujer?
Durante la segunda y tercera
década del siglo XX se radicalizó la postura de los
movimientos feministas. Estos movimientos negaban la posibilidad de una sola
y particular vocación profesional de la mujer. En aras de
una mayor apertura que reivindicara el valor de ésta en
la sociedad, se abogó por un principio de facto de
modo que se obtuviese el acceso a una multiplicidad de
profesiones femeninas. A este requerimiento se opusieron posturas tradicionales que
mantenían el celo por la idea de que la mujer
es para el hogar, la educación de los hijos y
poco más.
En este contexto Edith Stein desarrolla su fenomenología:
¿tiene la mujer una vocación profesional particular o hay una
multiplicidad de profesiones femeninas? Para dar una respuesta se dispone
a analizar el argumento desde dos perspectivas: ¿existe una vocación
natural de la mujer? y ¿qué profunda disposición del alma
exige ésta? Irá más allá de las pretensiones de los
grupos feministas y tradicionalistas: respecto a los primeros, al confirmar
la imposibilidad de que la intromisión en profesiones masculinas sea
propio de la mujer; con los segundos, al dejar claro
y sin reducciones el concepto de profesión y la capacidad
de la mujer. Es verdad que sólo ella tiene la
vocación natural de madre pero esto no significa incapacidad para
desarrollar otras profesiones propias de su feminidad.
1.1 Vocación natural de
la mujer
A partir de la verdad formulada por el angélico
–“Anima forma corporis”–, Stein llega a la conclusión de que
tanto al cuerpo masculino como al femenino corresponde un alma
en consonancia con su ser. Como consecuencia, es el alma
quien determinará la estructura del cuerpo femenino para un particular
fin y desarrollo, para ejecutar aquello para lo cual su
cuerpo está dotado (compañera del hombre y madre de los
hombres). Es por eso que a este fin se orientan
las características de su alma. Su vocación natural es la
de madre pero no queda sólo ahí.
1.2 Disposiciones corporales y anímicas
La fenomenología aplicada le deja claro los planos típicos del
alma femenina: en lo práctico, el pensamiento de la mujer
tiende hacia lo vivo y personal, al objeto considerado como
un todo. La abstracción es lejana de su naturaleza; teóricamente,
no conoce conceptual ni analíticamente sino de modo contemplativo y
experimental, está orientada a participar en la vida del otro,
a donarse en la compañía.
Con la misma seguridad, advierte
de las hipertrofias en las que puede caer el alma
femenina cuando su naturaleza no se desarrolla genuinamente: inclinación a
ocupar y preocupar, vanidad, deseo de honores, reconocimiento, curiosidad… Estableciendo
estas disposiciones se trata de afirmar cómo el cuerpo y
el alma empujan a la mujer a realizar cierto tipo
de actividades profesionales. A partir de aquí, y por analogía
a las disposiciones masculinas, se asienta una diferencia que no
dice superioridad cuanto mutua necesidad.
2. Un presupuesto: el ethos (existencia
y posibilidad)
Dado que la mujer tiene unas disposiciones, en el
ethos o hábito, entendido como una forma interior, como una
estable orientación que regula los actos del ser humano, residirá
el valor positivo que dará satisfacción a las particulares exigencias
objetivas o leyes de las mismas. Ethos es algo
duradero que regula los actos del hombre; una forma interior,
una estable orientación del alma: un hábito, en lenguaje escolástico. Es
la misma inclinación natural la que permite configurar en ethos
las disposiciones existentes con un esfuerzo de la voluntad pequeño
si bien inclinaciones y dotes no van siempre de la
mano:
“Estar dotado para algo quiere decir que nuestra naturaleza nos
lleva hacer algo a gusto. Por regla general tendemos
a aquello a lo que por naturaleza estamos dotados,
y la actividad correspondiente nos produce satisfacción. Pero la inclinación
implica una especial estimación de lo que se hace. Puede
suceder que no se estime especialmente aquello para lo que
se está dotado, y que en cambio estimemos mucho
algo para lo que no estamos dotados en esa misma
medida. La estimación produce alegría en la actividad, y la
alegría es un incremento de la fuerza. De esta manera,
en un terreno determinado es posible llegar por inclinación al
grado máximo de la cualidad que las dotes dadas nos
permiten alcanzar; es posible incluso conseguir ese máximo con un
esfuerzo de la voluntad proporcionalmente pequeño, porque «se va
en alas de la alegría»”.
Con este planteamiento, entonces, ¿se puede
hablar de un ethos vocacional y profesional? Edith Stein responde
que sí. Sin embargo “Quien considera el propio trabajo sólo como
fuente de ganancia o como modo de ocupar el tiempo,
lo desarrollará de manera diversa a quien lo considera una
verdadera vocación a la que se siente llamado. En sentido
estricto, sólo en este último caso se puede hablar de
ethos profesional”.
A toda profesión corresponderá un ethos profesional exigido por
el significado mismo de la profesión. Este se encontrará de
dos maneras: por un don de naturaleza o a través
de un desarrollo por medio de la continua repetición de
las actividades y de las operaciones requeridas por la profesión
misma. Tanto la profesión del varón como la de la
mujer tienen un ethos.
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