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Autor: Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net Esperanza y vida
Una generación no puede progresar sin aferrarse a lo mejor que otros nos han legado.
Esperanza y vida
Todo anciano es abuelo, padre, o solitario buscador de nuevos
cielos. Todo anciano se pone en el camino de la
vida como quien ya lleva por detrás más de lo
que queda por delante. Y, sin embargo, todavía hay un
"delante" que lo guía. Camina, espera, vive.
El anciano es compañero
de jornada. Todo hombre y toda mujer que quieran aprender
los secretos de la vida no pueden dejar de remover,
entre los pliegues de su memoria, un consejo o una
experiencia que pueda dar luz a los problemas de siempre,
pero ahora afrontados como nuevos por quien todavía no sabe
qué son las arrugas en la frente...
El joven, quizá, es
el que más necesita acompasar sus pasos con el de
un anciano teñido con el blanco de la vida. El
joven tiende a creer que todo es nuevo, que se
puede triunfar con poco, que lo difícil se puede superar
rápidamente, que el dinero abre las puertas y cierra los
agujeros.
El anciano sonríe y recuerda, y reconoce lo que
vale eternamente: el amor, la amistad, la entrega, el sacrificio
por una causa noble. El dinero no lo es todo,
como tampoco se triunfa con la fuerza, la belleza o
con un gran número de amigos influyentes. La pasión del
joven puede desbocarse hasta romper los diques de las normas
sociales y de la prudencia. La sensatez del anciano puede
ofrecer una palabra de aliento precisamente cuando los primeros golpes
de la vida llevan al desengaño y a la desesperación.
El
adulto también necesita mirar a quien ocupaba el anterior puesto
de trabajo. En el sucederse de las primaveras, los que
se encuentran entre los 40 y los 60 años perciben
más los dolores de la vida y el peso de
las derrotas, y pueden perder la frescura y el arrojo
de la juventud. Es entonces cuando la voz pausada de
los mayores puede abrir horizontes y mostrar caminos que quedan
por recorrer, fronteras que hay que conquistar, luchas que hay
que afrontar, fracasos que hay que superar...
Y el anciano también
necesita del anciano... Si los griegos definían a los amigos
como "dos marchando juntos", esta definición vale también para quien
ya ha recorrido un largo trecho, pero quiere seguir el
camino con el bálsamo de la compañía de quienes nos
aman. Un anciano tiene mucho tiempo libre, y necesita de
alguien que también goce de esa gran disponibilidad de acción
para hablar y, ¿por qué no?, también para actuar y
realizar nuevos proyectos.
El mundo no puede dejar de avanzar sin
poner bien las bases sobre las que cada generación conquista
nuevas metas.
Una generación no puede progresar sin aferrarse a
lo mejor que otros nos han legado. La globalización (palabra
mágica que muchos usan y que no todos comprenden) no
puede ser perfecta si no es una "globalización de las
edades", que permita a jóvenes, adultos y ancianos compartir amores,
planes y trabajos.
Dicen que mientras hay vida hay esperanza. También
se dice que mientras hay esperanza hay vida.
Podemos dar
esperanza a nuestros abuelos y padres ya ancianos con nuestra
vida llena de amor y de alegría. Y ellos nos
darán, discretamente, vida con su esperanza y su alegría realizada
en nuestros actos.
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